TODO ESTA AQUÍ
En una esquina solitaria de la ciudad reposaba la aurora, un pequeño farol
invadido por insectos en lazados por ademanes extraños. Las estructuras
geográficas estaban poseídas por la oquedad, lo que impedía a ver a los
terratenientes de la noche, los gatos.
Destellos
de pupilas narraban la presencia de ellos, para no omitir la ausencia de la
irracionalidad. Las horas habían alcanzado su apogeo y acariciaban a la
reciente espera de un nuevo sol, una fuerza natural que les impedía a través de
los rayos chocarse y ser civilización, al igual que la luna.
Las
plantas daban apertura a la fotosíntesis para, luego, mañana a la misma
hora realizar un trabajo arduo, en
consecuencia de la contaminación irracional del hombre racional. Desde un
callejón hacia la derecha de unos de los faroles, Oliverio caminaba reposándose
en su éxtasis. Zapatos mal ilustrados y un saco marrón descolorido era la
vestimenta, además, de sus lentes negros para no confundir las letras con las
hormigas.
Su
cabeza permanecía fija mirando el suelo, que se encontraba húmedo y algo sucio,
ese era la demostración de la civilización y una de sus consecuencias. De
repente, un gato se cruzo frente a su camino y súbitamente lanzo un grito de
alerta. Racionalizando la situación reciente no le había impedido su insomnio
de pensamientos y destellos de imágenes.
Días
anteriores Rozenmacher su psiquiatra le
había recomendado unas pastillas, para calmar esa ansiedad de imágenes y
desapariciones todo podría ser cusa de estrés. Pero todo seguía igual las
imágenes las imágenes aparecían confundiéndose con los objetos de análoga
forma. Él siguió su transcurso ganándole al insomnio por su acción de caminar.
Mientras, seguía con su cabeza oblicua
contemplativa hacia el suelo, vio una hormiga que se deslizaba lentamente,
dándole fin con su pie izquierdo. Oliverio, no había pensado ¿He matado la
parte mas minima de una especie inferior a mi, irracional, pero que seria si
sucede lo mismo conmigo?
Él
seguía su sendero recto sin darle importancia a las calles que lo llevarían
hacia otro lugar. Otra vez de repente
una sombra cruzo frente a él, y los latidos de su corazón se paralizaron.
Levanto su vista y vio que un insecto de gran tamaño había distorsionado la luz
de unos de los faroles. Siguió ahora adelantando
su ritmo, temiendo que alguien lo seguía. Inclino su cabeza hacia atrás y o
había nadie, solamente las estructuras solitarias.
Encendió
un cigarrillo, el único que tenia en el bolsillo de su saco y los llevo a sus
labios resecos. El humo exaltaba las moléculas de oxigeno que rondaban en él, y
se esfumaba lentamente perdiéndose en una distancia lejana.
Había
pasado un largo tiempo que había dado la última vuelta de llave sobre la puerta
de su casa y las imágenes lo seguían haciendo sumiso a una demencia infrenable.
Primero creía ver rostros y luego todo desaparecía, así sucesivamente. Caminaba mientras su cigarro se hacia cada
vez mas pequeño. Respiro inhalando hondo y luego vio a un individuo, su rostro
no se distinguía era inextricable. Refregó sus parpados y volvió a mirar. Todo
había sido una confusión con una propaganda publicitaria. Perplejo refregó su
pelo dándole una estética desorganizada.
No era
su primera noche de insomnio y apariciones
de imágenes. Pero él, creía que esta serviría para acabar con lo que
sucedía. Los objetos tangibles, lo confundía con individuos intangibles que se
esfuman inmediatamente. Tomo las pastillas que su psiquiatra le había
recomendado y las lanzo, donde reposaba la oscuridad, Luego, grito a nadie
preguntándose ¿Qué es lo que sucede? Los ecos infractaban en las paredes y
disminuían su intensidad. Al seguir su camino algo similar a un simio negro se
le cruzo en su camino, era confuso y mal oliente. Este ahora le impedía seguir.
Entonces Oliverio abalanzándose hacia el sujeto y mientras los golpeaba le
decía:
-¡No te
iras, maldito! -
El
individuo recibía los golpes quejándose, a lo que respondió.
-¡Espera,
espera!- Mientras una pequeña porción de sangre salía de su labio inferior.
La
intensidad de los golpes disminuía y lentamente Oliverio se contuvo. Ahora
reconocía que el individuo era real, entonces escucho la voz.
-¿Que es
lo que sucede?- Irguiéndose del suelo, dijo el anciano.
Oliverio
perplejo respondió.
-
Disculpe- Mientras ayudaba a levantar al anciano de suelo- es que últimamente
los objetos se convierten en individuos, todo es inextricable y en mi agonía
decidí golpearlo.
El
anciano se reía, mientras, la fisonomía de sus dientes roto aparecía y
respondió.
-
Hijo….mío. El mundo es el cielo y el infierno, la capacidad de racionalizar del
hombre creo algo imaginario en algo verdadero. Las almas ahora reposan aquí, el
mundo es el cielo y el infierno todos aquí juntos, hasta que la capacidad
limitada del espacio lo decida, luego no habrá mas fecundación.
Oliverio
creía que el anciano lo hacia para enloquecerlo aun mas. Entonces lo empujo y salio
corriendo. Aproximadamente a una cuadra de donde el anciano se encontraba todavía
en el suelo, cruzo la calle ciegamente. Un automóvil se deslizaba a gran
velocidad por lo que fue embestido. El muchacho se levanto y volvió al lugar
donde estaba el anciano, para remediar su mala acción.
- Disculpa-
dijo, Oliverio.
Mientras
trataba de ayudar al anciano, pero este no lo veía. Oliverio grito y el anciano
seguía levantándose por sus propios medios. Una vez, que se había levantado se dirigió
al lugar del accidente en donde el cuerpo de Oliverio permanecía extendido en
el suelo y barnizado de sangre.
Bernabé De Vinsenci
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