miércoles, 7 de diciembre de 2011


TODO ESTA AQUÍ

En una  esquina solitaria de la ciudad reposaba la aurora, un pequeño farol invadido por insectos en lazados por ademanes extraños. Las estructuras geográficas estaban poseídas por la oquedad, lo que impedía a ver a los terratenientes de la noche, los gatos.
Destellos de pupilas narraban la presencia de ellos, para no omitir la ausencia de la irracionalidad. Las horas habían alcanzado su apogeo y acariciaban a la reciente espera de un nuevo sol, una fuerza natural que les impedía a través de los rayos chocarse y ser civilización, al igual que la luna.
Las plantas daban apertura a la fotosíntesis para, luego, mañana a la misma hora  realizar un trabajo arduo, en consecuencia de la contaminación irracional del hombre racional. Desde un callejón hacia la derecha de unos de los faroles, Oliverio caminaba reposándose en su éxtasis. Zapatos mal ilustrados y un saco marrón descolorido era la vestimenta, además, de sus lentes negros para no confundir las letras con las hormigas.
Su cabeza permanecía fija mirando el suelo, que se encontraba húmedo y algo sucio, ese era la demostración de la civilización y una de sus consecuencias. De repente, un gato se cruzo frente a su camino y súbitamente lanzo un grito de alerta. Racionalizando la situación reciente no le había impedido su insomnio de pensamientos y destellos de imágenes.
Días anteriores  Rozenmacher su psiquiatra le había recomendado unas pastillas, para calmar esa ansiedad de imágenes y desapariciones todo podría ser cusa de estrés. Pero todo seguía igual las imágenes las imágenes aparecían confundiéndose con los objetos de análoga forma. Él siguió su transcurso ganándole al insomnio por su acción de caminar. Mientras, seguía con su cabeza  oblicua contemplativa hacia el suelo, vio una hormiga que se deslizaba lentamente, dándole fin con su pie izquierdo. Oliverio, no había pensado ¿He matado la parte mas minima de una especie inferior a mi, irracional, pero que seria si sucede lo mismo conmigo?
Él seguía su sendero recto sin darle importancia a las calles que lo llevarían hacia otro lugar.  Otra vez de repente una sombra cruzo frente a él, y los latidos de su corazón se paralizaron. Levanto su vista y vio que un insecto de gran tamaño había distorsionado la luz de unos de los faroles.  Siguió ahora adelantando su ritmo, temiendo que alguien lo seguía. Inclino su cabeza hacia atrás y o había nadie, solamente las estructuras solitarias.
Encendió un cigarrillo, el único que tenia en el bolsillo de su saco y los llevo a sus labios resecos. El humo exaltaba las moléculas de oxigeno que rondaban en él, y se esfumaba lentamente perdiéndose en una distancia lejana. 
Había pasado un largo tiempo que había dado la última vuelta de llave sobre la puerta de su casa y las imágenes lo seguían haciendo sumiso a una demencia infrenable. Primero creía ver rostros y luego todo desaparecía, así sucesivamente.  Caminaba mientras su cigarro se hacia cada vez mas pequeño. Respiro inhalando hondo y luego vio a un individuo, su rostro no se distinguía era inextricable. Refregó sus parpados y volvió a mirar. Todo había sido una confusión con una propaganda publicitaria. Perplejo refregó su pelo dándole una estética desorganizada.
No era su primera noche de insomnio y apariciones  de imágenes. Pero él, creía que esta serviría para acabar con lo que sucedía. Los objetos tangibles, lo confundía con individuos intangibles que se esfuman inmediatamente. Tomo las pastillas que su psiquiatra le había recomendado y las lanzo, donde reposaba la oscuridad, Luego, grito a nadie preguntándose ¿Qué es lo que sucede? Los ecos infractaban en las paredes y disminuían su intensidad. Al seguir su camino algo similar a un simio negro se le cruzo en su camino, era confuso y mal oliente. Este ahora le impedía seguir. Entonces Oliverio abalanzándose hacia el sujeto y mientras los golpeaba le decía:
-¡No te iras, maldito! -
El individuo recibía los golpes quejándose, a lo que respondió.
-¡Espera, espera!- Mientras una pequeña porción de sangre salía de su labio inferior.
La intensidad de los golpes disminuía y lentamente Oliverio se contuvo. Ahora reconocía que el individuo era real, entonces escucho la voz.
-¿Que es lo que sucede?- Irguiéndose del suelo, dijo el anciano.
Oliverio perplejo respondió.
- Disculpe- Mientras ayudaba a levantar al anciano de suelo- es que últimamente los objetos se convierten en individuos, todo es inextricable y en mi agonía decidí golpearlo.
El anciano se reía, mientras, la fisonomía de sus dientes roto aparecía y respondió.
- Hijo….mío. El mundo es el cielo y el infierno, la capacidad de racionalizar del hombre creo algo imaginario en algo verdadero. Las almas ahora reposan aquí, el mundo es el cielo y el infierno todos aquí juntos, hasta que la capacidad limitada del espacio lo decida, luego no habrá mas fecundación. 
Oliverio creía que el anciano lo hacia para enloquecerlo aun mas. Entonces lo empujo y salio corriendo. Aproximadamente a una cuadra de donde el anciano se encontraba todavía en el suelo, cruzo la calle ciegamente. Un automóvil se deslizaba a gran velocidad por lo que fue embestido. El muchacho se levanto y volvió al lugar donde estaba el anciano, para remediar su mala acción.  
- Disculpa- dijo, Oliverio.
Mientras trataba de ayudar al anciano, pero este no lo veía. Oliverio grito y el anciano seguía levantándose por sus propios medios. Una vez, que se había levantado se dirigió al lugar del accidente en donde el cuerpo de Oliverio permanecía extendido en el suelo y barnizado de sangre.

Bernabé De Vinsenci 

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