"LA TRAMA ESQUIZOIDE"
Bernabé Alberto De Vinsenci
I.
No soy quien explica
las doscientas cuarenta y seis
respiraciones del año.
Escribo con el fin de decirme
y decirle algo a un nadie
ese nadie que soy
intentando asirme de un osario
para no caer al abismo.
II.
A Dulcinea del Toboso
Traspié, y de golpe el cimiento formó
tres colmillos
en mi dentadura.
¡Bruto!-Dijo ella.
Cosas del azar-Argüí.
Un aguardiente fue mí pierna supurando
y tan agrio se nos figuraba el camino
hasta decidirnos por la abulia.
Un sábado inglés pactamos:
“Cuando el mundo tropiece,
ahí seguiremos vuestra marcha.”
Por lo tanto asentaba mi testa en su vientre
y enceguecía la vista examinando
telas de araña.
Las horas con el tiempo difunto
franqueaban
y nosotros seguíamos allí,
con pleno remordimiento.
III.
Toda pareja encauza en la cama un acto bélico
con armas fogosas, y fusiles de lenguas
evacuando sangre de morapio y baños de saliva.
Lo más prodigioso y absurdo de esta trifulca
es que nadie sale ileso:
Los agravios más catastróficos
han sido guiños
y nuevas diplomacias con fines de reencuentros.
IV.
La negación somete al cuerpo
y el oficio vierte solidez en lo rígido,
el cerebro pule su anatomía en circunvoluciones de muerte,
el sexo habla impropio al género
y el deseo hace un duelo contra lo trágico.
¿El lenguaje contiene agujeros
y grietas que relampaguean contra la artesanía de inventarse,
un sonido de exaltación o ignorancia,
representa la rima, un flujo arterial?
La fe es un estado donde la perversión se evapora:
el hombre ansia la superstición contra el dominio de las cosas.
Trazos a trazos, con líneas depuradas
y doscientos garabatos la locura sin saberse de ella se esboza.
V.
El día inauguró su pérdida un domingo
junto a la escena de un papel arrugado
en el
anfiteatrodebolsillo.
En hueso de fósil la audiencia asistió
y la tinta afrodisiaca en los papeles
a los histriones entreveró.
Cada función de la obra
requería remembranza
y nostalgia.
VI.
El océano cae pulsando olas.
Trillones de santos nadan
y en cráneos se deshacen.
El océano presa su forma.
El cadáver sale caminando.
VII.
Tenía el estómago colmado de hormigas
con tejidos de mil senderos
y la sed de un vino pasado.
Era el desubicado que desayuna bifes cuajados,
sin sabor y de un lunes primero.
¡Usted!- Vociferó, la esposa inquieta, hirviendo de cólera
-
¡Salga de ese catre! Hace días que se encuentra ahí,
haciendo no sé qué.
-
Es tan fácil decirlo-Pensó el felpudo
y dio media vuelta y nueva-mente se durmió.
Soñaba estar en otro tiempo, descalzo
y con senos de leche en entre sus palmas.
Al despertar de la hibernación se lo contó a ella,
no supo decirle de qué lugar se trataba.
-
¡Éste no giraba!-Decía-
¡Nadie estaba tan demente del mareo terrenal, tal como aquí sucede!-
No estando más de diez minutos despierto,
balbuceó descomponiéndose:
-
Creo que tengo náuseas...voy a…
- Y vomitó el mundo soñado.
VIII.
Hay una dicha que concede
la unión, la estrecha y
eterna liberación.
Hay un victimario que concede
el individualismo, la depredación
de una misma hermandad.
Hay una equivocación que concede
la desnudez, el pudor.
Hay un esfuerzo que concede
la utopía, el caminar.
Hay un enigma que concede
la muerte, el más allá.
Hay una unión que concede
la naturaleza, la reciprocidad.
Hay una balanza que concede
la memoria, el no olvidar.
Hay una virtud que concede
la diversidad de pieles, la admiración.
Hay una longevidad que
posee la fe, la eternidad.
Hay caminos que concede
la decisión, poder elegir.
Solamente existe un epitafio,
el de conceder.
IX.
La cruel humanidad,
en conciencia de facturar su origen,
se formó a imagen y semejanza.
Una labor haragana y supersticiosa
de gozar rasgos plagiados
y condiciones
a base de un creador incógnito.
En razón, el tutor
despertó al tiempo
que una corporación de creyentes
le esculpiera suplicas,
pese a que ellos
les resultaban demasiado
voluminosas
las dificultades terrenales.
X.
Entré
y nos suicidamos
por la córnea.
Hurté su pecho y lo bebí comprimiéndolo
con los dedos.
Me afirmé en su falda y suspiró.
-Devuélveme mi pecho- Balbuceó.
No hablé,
sólo le devolví un crío.
XI.
Vida
a un centímetro de ser carnívora
a dos pasos del hombre que fortifica su órgano
con el pigmento de la demolición.
XII.
¿De qué dudo?
De lo que soy.
¿Qué soy?
Lo que dudo.
¿Y qué es dudar?
Lo que vamos siendo
y lo que seremos después de haber sido.
XIII.
Mi palabra,
un silbido ausente.
Mi tiempo,
un vacío eterno.
Mi sueño,
un ronquido tajado.
Mi sangre,
un vaso de vino agrio.
Mi cuerpo,
un órgano podrido.
Mis ojos,
un cuervo se los llevó.
XIV.
La p o e s í a postrero aguardiente
del hombre azotado.
Uno se dirige a ella
por faltas y dentro ella
se ve consumado
replicando otras
faltas.
XV.
-
Yo fui un cuerpo sin senos, que
blasfemaba contra las tetillas-
(Metáfora hedionda hacia los miembros)
l
a
e
r
e
c
c
i
ó
n
se desmonta por medio de la:
Eyaculación.
Con la sombra me topé y como recién
nacientes, DESNUDOS colapsamos.
Los surcos pusimos
en el caparazón de un riel
desvariado
y
al rato colisionamos con un tren
formado por PIEZAS HUMANAS.
Dos fueron suficientes para el inventor.
Desde las estaciones pueblerinas
conspirábamos canticos que acoplaban:
Somos un mutuo plagio perseverante y
de esta manera entendemos nuestra
relación.
Extraviados recorrimos
General Ballivián y sin pudor
amanecimos en Comodoro Rivadavia.
Yo como de costumbre
usaba de almohada
su pezón.
XVI.
Con gripe y espasmos
coriza y jarabes
encendí un veguero
y la humareda devino en catarro.
Postrado ante la cama
el alba llegó
y muda tocó la puerta.
-
Está Agramón en el cuarto- Le advertí.
Nada pudo hacer.
Le di papas en aceite
remunerando su inspección
y las impugnó.
Mientras tanto
Afuera, la bruma turbia
y el apetito de los victimarios.
Adentro, yo escribiendo
rasgueando la arquitectura de un ataúd
para al fin irme a pernoctar.
XVII.
Gritar
es pensar que somos desaparecidos buscándonos.
XVIII.
El cencerro gruñó,
roído por la asfixia del mal fatigado
por las expensas de los palos y los relinches de tropillas.
-
Como una especie de sonoridad engañosa – Dijo.
Y continuó: ¡Clin! ¡Clin!¡Clin! y a mi dolencia no la menciona
- Los objetos inactivos
conservan distancia frente
a las palabras,
ruegan no ser salpicados
de cualquier significado y a pesar del pedido dos mil mueren,
cada tres segundos al ser nombrados.
Las cosas son quienes tienen que hablar
por sí mismas
"Yo soy esto: un tenedor por ejemplo"
XIX.
A la deriva del lenguaje brincamos a comunicarnos,
exentos de fonemas que integren la voz, aseados de verbos y adjetivos.
Nuestro léxico es el silencio.