sábado, 31 de diciembre de 2011


La cosmosvisón no deja vivir

Eminente alfarero
en permanente tempestad, abatido
por la soledad.

Prisionero en el génesis
de pieles burdas y áridas.
Encadenado por el frío
ausente de la compañía y
melodías de olvidos que
el río aspira...

Maleza iracunda que muerde
sus manos.

Quiere hablar pero y súbito
silencio de sus labios se lo impide.
Mira el caballo de color
lodo que apaga al otoño.

El alfarero entrega su hierro
y es desterrado al infierno.

Bernabé De Vinsenci.

jueves, 29 de diciembre de 2011


LEYENDA

Estaban al fondo de la avenida cercada con enormes árboles, esa misma conectaba con un pequeño paraje de campesinos que vivan rodeados de molinos. 
La sociedad fue avisada de lo que ocurría, ellos se encontraban lejos, aislados de la alerta. Caminando por un pequeño caminito al costado del asfalto. El viento empezaba a empeorar, varias ramas caían sobre lo llano produciendo un pequeño ruido y el gris empapaba el cielo que segundos atrás se encontraba en beatitud. Venían taciturnos, después, de un largo tiempo de plática y risas. Cada uno había notado la ausencia de los individuos. Los automóviles y las bicicletas no transitaban. En un tiempo corto, nadie andaba.
-¿Has notado una diferencia?-Interrumpió el silencio, Mhyron.
- No… ¿Qué  queres decir?- Respondió, Kirgst, mientras, miraba fijo al suelo.
- No, nada-
Siguieron, en silencio, solamente las plantas hablaban y algunos de los animales sobre los costados de la gran avenida, atrapados por el alambrado arcaico. Kirgst, tomo un pequeño palo seco y empezó a golpearlo, mientras, este cada vez se hacia mas pequeño. El eco de los estallidos se alejaba turbiamente. Mhyron, por lo tanto, había encendido un cigarro, el último que le quedaba, le dolía su cabeza y comenzaba a sentirse algo colérico.
Era una gran exageración. Ningún individuo andaba. Entonces, Mhyron, pregunto a su compañero largando humo por su nariz.

-¿Te diste cuenta que no anda nadie?-
-¡No!-
- Ni siquiera una bicicleta cruzamos en todo el camino-

Por las pequeñas casas que habían pasado todo estaba cerrado, incluso, hasta las mascotas se encontraban dentro de ellas. Caminaron unos minutos y visualizaron  un perro inerte en el suelo hacia lo lejos. Cuando llegaron notaban que se encontraba sin ojos. Lo exploraron y tampoco su lengua.
- ¡Que olor!- Exclamo, Kirgst, tocándolo con un pequeño palo.
- ¡Déjalo, no lo toques -Respondió, Mhyron.
La fisonomía del animal, abierta en algunas partes, parecía fresca. Sus órganos estaban calientes y la sangre reciente corría sobre el suelo.
- ¡Vamos Kirgst!- Repuso, Mhyron.
Siguieron caminando. En unos de los lugares que pasaron un auto estaba estacionado con  la puerta abierta y dentro no se encontraba nadie. La casa mas próxima estaba asegurada con varias maderas y grandes clavos sobre sus extremos. Mhyron  observaba todos los detalles.
En cambio, Kirgst, se entretenía con elementos que encontraba en el camino. Algunos de lo arrojaba  sobre la cuneta para ver la reacción del agua y a los otros lo hacia perder sobre malezas.
-¡Regresaremos Kirgst- Añadió, Mhyron.
- ¿Como que regresaremos?- Respondió, atónito.
- ¡Si, vamos a  regresar!-
 Kirgst, permaneció en silencio,  notando la gran cólera de su compañero, no se predisponía hablar de nuevo. Caminaban de regreso. A lo lejos había montes, vacas y pequeñas ovejas. Era un placentero paisaje.
 Un camión paso de repente,  a gran marcha y doblo en un callejón, justo, en el cruce donde varias personas mueren en accidentes de transito. El gran ruido de la maquina se oía hacia los lejos, pero la estructura se había perdido.
 Las energías habían bajado, estaban algo fatigados y con sed. Innumerables palomas en el cielo empezaban a moverse en un gran caos, todas iban y venían, incluso, algunas no sabían su marcha, la desesperación las obligaba a moverse.
- ¿Qué es lo que ocurre Mhyron?- Pregunto, Kirgst pálido. 
- No se-
Miro a su alrededor y con una de sus manos saco los pelos que estorbaban su vista
- Parece que algo raro sucede ¡Camina mas rápido!-
Ambos  lo hacían de la misma manera, sus piernas iban a grandes pasos. Un individuo  corría desesperadamente y venia hacia ellos.
-¡La bestia, La bestia! ¡Ha regresado, es la bestia!-
 Sus manos se movían para todos lados y los ojos se les sobresalían, parecía un demente.  
- ¡Corre Kirgst! ¡Corre Kirgst!-
Empezaron a correr, comprendiendo lo que sucedía. Porque nadie andaba, porque las casas aseguradas. La leyenda contada por los ancianos. Debían llegar a su casa y refugiarse lo antes posible, cerrar las puertas, ventanas y esperar hasta que se haga de día. ‹Cuentan los ancianos de la ciudad que cada miles de año un cuerpo del cementerio sale a comer personas, por la realización de la magia negra durante varios años sobre las tumbas›.
Corrían a gran velocidad, con la sensación de cuando se sueña. Mhyron piso una raíz que sobresalía y se tropezó formando una herida sobre su pierna izquierda.
-¿Estas bien?- Le pregunto desesperadamente, Kirgst, mientras, trataba de ayudarlo.
- ¡Si, corre….corre!-
 Su pierna estaba repleta de sangre y manchaba sus zapatos. Debían correr y llegar cuanto antes. Entraron en la ciudad no había nadie, todas las casas estaban aseguradas. Los comercios tenían las persianas bajas y algunos estaban abiertos. Papeles vagaban por el suelo. Al encontrarse con la Avenida 9 de julio, doblaron por Sarmiento. Estaban cerca, pero todavía en peligro.
- ¡Me duele la pierna!- Exclamo, Mhyron, exaltado.
- ¡Solo un poco más y llegamos!-
Antes de cruzar unas de las cuadras angostas un, automóvil, pasó a gran velocidad y se estallo contra un árbol. No se detuvieron, tenían que seguir, probablemente el conductor estaba muerto.
-¿tenes la llave Mhyron?-Dijo, Kirgst, sobre la enorme puerta de la casa.
- Si- Respondió dándosela y sus manos temblaban.
 Entraron los objetos estaban desorganizados como ellos mismos los habían dejado. Una bolsa se deslizaba por el suelo y el televisor estaba prendido en el canal de siempre.
De inmediato, tomaron sillas, roperos y la mesa de la cocina para cubrir las puertas y demás salidas que tenía la casa. Arriba una de las ventanas estaba cubierta.
-Debemos permanecer en silencio- Le dijo, Mhyron, al oído.
- Creo que me iré a dormir, estoy muy cansado-
- Bueno, yo voy a quedarme acá abajo -
Se hizo de noche. La ciudad estaba poseída por un gran silencio, todos dentro de sus casas y con gran temor. Mhyron, miro su reloj, señalaba las dos de la mañana. Debían esperar hasta que el sol saliera y la bestia desapareciera. Contemplaba la aguja como un entretenimiento. En su frente tenia varias gotas diáfanas de sudor. El cuerpo estaba húmedo debido a la transpiración y sus manos temblaban.
Todavía tenía en la nariz aquella emanación del perro muerto, lo que le producía una especie de nausea. Se levanto a curarse la pierna antes de que se infectara, la sangre se había secado. El papel y el alcohol estaban en el baño. Se dirigía lentamente en punta de pies. Cuando de repente,  escucho varios golpes en el techo. No parecían de gatos. Estos eran más soez y pesados. Se escondió debajo del sillón, no podía contener su respiración tan violenta, unas pequeñas lagrimas caían de sus ojos y la espalada estaba mojada pegándose contra el suelo frió. Otra vez los pasos volvió a escuchar y la bestia largaba un ruido extraño de su boca. Pensó: ¨ Kirgst esta en la habitación¨, las chapas seguían sonando, ella trataba de buscar algún lugar para poder entrar. Habían Olvidado unas de las ventanas en la habitación que estaba tapada por una cortina blanca y se confundía con la pared. Era tarde, demasiado tarde. Súbitamente se escucho desde arriba.
-¡Mhyron, ayuda! ¡Auxilio! ¡Auxilio!-Y luego los gritos se apagaron.
Solamente podía escuchar desde abajo como comía las partes, los ruidos de los tendones y estallidos de los órganos al caer sobre el suelo. La sangre empezaba a deslizarse en la escalera de madera.
Escucho la puerta abrirse de un golpe. La bestia bajo con la cabeza de Kirgst llena de sangre en sus manos y recorrió la sala. Parecía una especie de humano deforme, no tenía piel y la carne estaba quemada. Pasó por delante de sus ojos y luego se fue. Mhyron  se durmió y amaneció con el sol chocando sobre su frente.


“Mostrar las expresiones no es aumentar el ego, es calmar la confusión internas a través de ellas.  Para servir al bienestar”


Bernabé De Vinsenci









martes, 27 de diciembre de 2011


Las almas murieron

La corteza de minerales y cultivos había sido prontamente depredada por la historia. Esa llamada civilización había convertido el mundo autentico y divino en un cielo e infierno imaginado por ellos mismos. Las moscas reposaban sobre los recipientes de azúcares muertas y algunas de ellas flotando. Algunos árboles habían invadido las estructuras, era un poderío vegetal sobre lo material. Fue entonces cuando la tarde luchaba frente a su tormento. En lo nocturno su goce de cansancio resguardaría, como las baldosas de una plaza lo hacen frente al suelo. Las nubes se esfumaban del cielo azul que cerraba su día y le brindaba el papel a la noche. Varios proletariados habían sido sumisos, un día más y los opresores llegaban conformes a sus casas. En lo más lejano de estas tierras algunos niños lloraban frente a la violencia.
Las pequeñas esponjas de nubes que se esparcían sobre el cielo repudiaban los rayos apagados y fatigados después de  su gran labor. Fue como si cerrasen la puerta que le brinda una pequeña porción de luz a una habitación. La sociedad por segundo cerró los ojos y el cielo se imprimió oscuro. La civilización no es energía pura, es humana y por lo tanto necesidad descansar su cansancio. Aquellas normas transitadas durante el día. En un costado de la comunidad, en el izquierdo. Ni gatos, ni individuos andaban. Era un escenario puro solitario y esencial para las almas. Ellas habían entrado danzando con pureza de libertad en su interior. Sus pasos eran soez frente a la tierra. La luna al observarlas quedo atónita y abrió mas sus ojos iluminando el escenario por completo. Los roces hacían ceniza a la consciencia. Una forma circular habían formado y la respetaban de forma monótona. La montaña vibraba y los minerales caían hacia la civilización que soñaba. Era la mitad del rito, en su mayoría se encontraban fatigadas. Todas necesitaban tregua. Pero algunas seguían. En cambio otras empezaban a ponerse coléricas. La danza se hizo escisión, por un lado las que seguían, por el otro las cansadas. Pero la sed penetro ahora en todas, la práctica se dejo. En su mayoría habían tomado la decisión de sentarse bajo un árbol.
Una de ellas grito, inesperadamente.
-¡Tengo sed!- Mientras su voz se expandía sobre el escenario creado.
Algunas repetían lo mismo, una y otra vez. La sed era su principal menester. Aunque ellas se habían paralizado la noche seguía su papel y la luna contemplaba taciturna. El  calor sobre el otro lado de la tierra no se sentía. Fue entonces, cuando la aurora los encontró. Todo el día sobrellevando el sufrimiento de la sed. Otra vez la etapa nocturna las encontró, ahora muertas y en posiciones desorganizadas. Ellas habían sido victimas de la sed victimaría. Pero nadie de la muchedumbre se había dado cuenta que detrás de ese árbol había una plazoleta invadida. Su superficie estaba repleta por agua. Fue así, entonces, que la solución de su muerte había estado sobre sus espaldas, detrás del arcaico árbol, pero nadie había sugerido beber de allí.
Varios años después un niño decidió ir a escribir en ese lugar. Un papel blanco y una pluma acostumbraba a llevar a lo que escribió la siguiente poesía
.
La tarde lucha
frente a su tormento.
En lo nocturno
su goce de cansancio resguardo.
Proliferadas nubes
adquirían repudio frente a los rayos.
El inmenso asfalto
había disminuido.
Las almas habían entrado danzando.
Perpleja la nube observaba.
En lo roces de las almas la consciencias se hacían ceniza.
Muchedumbre fatigada y colérica.
La danza se hacia escisión.
La sed severamente penetraba en
cada una de ellas.
El cansancio lo había obligado a sentarse delante de un árbol.
Una de ellas había añadido
¡Tengo sed!

El tiempo se hacia infinito
y la sed menester.
La aurora los encontró
Sentados.
Y nuevamente lo nocturno muertas.
Había sido imposible no calamar la sed.
Pero detrás de ese árbol
había una plazoleta de agua diáfana.
¿Y como el agua es menester para las almas?

El niño al término dejo en un costado las cosas y tomo la pregunta en su cabeza ¿Y como el agua es menester para las almas? Pero las almas no necesitan agua pensaba para si mismo. De repente vio que dios birlaba las almas de la civilización, mientras, los cuerpos caían. Todo había sido una confusión, si jamás las almas necesitaron agua. Dios se vio avergonzado. Confuso en su creación.  


Bernabé De Vinsenci

lunes, 26 de diciembre de 2011


El arte de la soledad

La ventana de su habitación se encontraba entreabierta y el frescor del viento entraba soezmente. Desde el sur las vías eran transitadas por la locomotora. Individuos en la estación esperaban su llegada para la escapatoria hacia otra ciudad. Las plantas remolineaban y se entrelazaban entre si como enredaderas.
Un día más sobre su cama, un día más solitario sobre las paredes barnizadas de blanco. Solamente ellas  encontraban a un solo sujeto, a una consciencia con rutina monótona.
Era una nausea, un hablar así mismo. Perplejo, pensativo y azorado se encontraba en su cama, destapado, desnudo y friolento. Claudicaba en dejar la ventana abierta. La enorme puerta de la habitación arcaica asombraba a las infraestructuras modernas e idealizadas. Los ladrillos asentados en barro sobre la pared se encontraban sólidos y en algunas partes descubiertos, en consecuencia del tiempo. Respiro hondamente, deslizo sus manos para retirar el diáfano líquido que salía de sus ojos y pestaño. Tenía una idea, una imaginación en su cabeza a realizar. La soledad la concedía no apta para el hombre. Era media mañana, los autos y la civilización se encontraban en marcha. Alarmas y olores decía que todo estaba en funcionamiento.
Nervioso se levanto, se vistió, calzo sus lentes y contemplo por su ventana. Era un día más y un día menos a la vez para su situación limite, la menos deseada pero la más sujeta del hombre. Salio de su habitación y rozo con su mano derecha una de las plantas que decoraba el ambiente. Comprendía la escisión  de su mundo interno y el exterior. La luz de la ventana entraba y chocaba frente a su rostro pálido. Varios de sus pelos se encontraban desorganizados y su barba se encontraba con el autentico corte de siempre. Dio varios suspiros de agonía y al doblar su mirada sobre unos de  los rincones visualizo una marcha de hormigas. Corrió a la azucarera  y se encontraba destapada e invadida. La comida del día anterior se encontraba en análoga situación. Las observo y se admiro de ella, todas estaban comprometidas en un mismo caos, en una misma situación. Era imposible distinguir una de la otra, todas eran iguales y grandes potenciadoras.
Se sentía invadido, aturdido y complacido a la vez. Por lo menos ellas eran su única compañía. El frescor de la mañana seguía entrando y varios pájaros estaban en concierto lírico. Pero él estaba a disgusto, se encontraba incomodo, en definitiva solitario, único en el mundo. Se sentó. Pensó. Con las manos sobre su cabeza acompañado de respiraciones hondas analizaba una idea inhóspita. Permaneció allí durante varios minutos, sus respiraciones a compás de los segundos y sus pensamientos infinitos. Nadie tocaría su puerta como de costumbre. Solamente su soledad estaba colgada de su espalda y le producía fatiga. Se levanto. Observo las pequeñas arquitecturas de su ciudad y se detuvo nuevamente a pensar, acercándose cada vez más a su idea. Al punto de obtenerla.  Grito, el sonido se esparció sobre toda la casa, turbio y lento. Al observar los otros espacios de la casa descubrió que había más hormigas, eran infinitas y monótonas. Ahora debía comenzar a realizar la idea. Necesitaba algunos elementos cotidianos y cola vinílica. Tomo cartones, cinta, algunos tubos y finalmente hormigas. Primero realizo un maniquí, le dio su forma original y al término noto que media varios centímetros más que él. Luego vendría lo que más paciencia llevaría, tomar a las pequeñas hormigas y pegarlas sobre la arquitectura. Habían pasado veinte horas, sin descanso, exhaustivo y ansioso pegando cada unas de las hormigas, algunas de ellas morían de inmediato. No hubo descanso. Todo había llegado a  su fin, la compañía estaba lista y la soledad se iría por la puerta que nunca dejo entrar a nadie. Eran las dos de la mañana se encontraba risueño al lado del cuerpo, era oscuro y de vasto tamaño.
Decidió entrar a ducharse. Mientras, se bañaba noto que desde afuera varios sonidos extraños habían empezado. Tomo la toalla se la encogió sobre su cuerpo y salio a observar lo que sucedía. Tomo el pasillo que lo conducía a la cocina y al doblar lo vio. El enorme monstruo estaba parado, las hormigas recorrían su cuerpo. Azorado trato de correr. Fue imposible. Al encontrarse arrinconado, su corazón exploto y el monstruo nunca entendió porque. Porque el hombre le teme a la soledad que es compañía, de lo contrario como se sabe que es soledad, lo sabe porque existe. Porque es una compañía.  

 
Bernabé De Vinsenci.

viernes, 23 de diciembre de 2011


TRAPECIO EN LA CAMA

Colérica embriaguez
monótono respirar.
Ágil viento.
Menester cofia
para atrapar los pensamientos.
Imaginación constatadora.
Hoscos los ojos,
sabanas frágiles.
Azoradas manos,
sueños inmóviles.
Dulce pico
desagradable ardor.
Diamantes sin brillo,
reflejo opaco.
¿Hasta cuando este estado de jumera?
Cristales en fracaso.
Ruedas que no giran.
Suspiros olvidados
En el centro del prado.
¿Hasta cuando el cansancio forjado?
Cabeza fundida
en el puerto olvidado.
Desnudo y de rodillas
sobre la cama.
¿Hasta cuando?
Solamente hasta que el liquido se liquido se termine
y los truenos se apaguen.


Bernanbe De Vinsenci


MUNDO DE EXTRAÑACION Y HORMIGAS

Ojo de pez
que todo ve
pero nadie te vio.

Ojo de pez
que no ve la piel.

Ruidos extraños,
oscuridad infinita.
Puerta cerrada,
vidrio borroso.

Compañía ausente
presentes hormigas.

Dulzura absorbida,
cosquilleos en la piel.

Infinidades de ellas
desaparición de ti.

Ojo de pez
que siempre te vez
en la puerta
al revés.

Bernabé De Vinsenci

jueves, 22 de diciembre de 2011



DESPUÉS DEL ALAMBRADO EL ALMA

Los años reposaban sobre el resultado de su apariencia, como las estructuras arcaicas de un pueblo que reconoce su historia. Grietas sobre su cara y una mirada tétrica penetraban en las demás personas. Su espalada poseía una especie de encorvadura, los años de labor y esfuerzo habían hecho una fisonomía desgastada que accionaba parsimoniosamente. Unas grandes ojeras se le sumaban a su cara y el olor a nicotina sobre su piel que siempre emanaba a su entorno. Ese desperfecto se había impregnado desde el día que en su juventud tomo el primer cigarro con sus pares.
Ahora vivía, después de tantas décadas, en un pueblito de casas bajas y campesinos como él,  los solía llamar junto con su esposa. Se podría denominar como una pequeña comunidad de personas, el lugar, los niños desnudos jugando en las calles de tierras, los potreros inundados en sueños y gritos de alegría.
Un pequeño alambrado distanciaba la casa del anciano con un vasto terreno de plantas y plagas. A veces sus ojos se acercaban a observar y calmar la nostalgia que tenia desde que su hijo partió esa mañana de frió.
Se levanto una vez mas, eran  las tres de la mañana. No era la primera y única. El cielo jugaba a ser nocturno y las estrellas a formar figuras etéreas. Antes de levantar su cuerpo a cuarenta y cinco  grados observo a su mujer como siempre lo hacia. Ella dormía. Se calzo. Coloco sus lentes y tomo su bastón. Se dirigió rumbo a la cocina, donde los objetos permanecían apagados.
Sus pasos emitían un leve sonido y cada dos de ellos la punta del bastón chocaba contra el suelo de cemento. De su garganta salía un ruido extraño y un vaso de agua calmaba esa incomodidad. Los seibos se movían en dirección del viento y los sauces enormes les daban refugio a las palomas, que después de haber representado la libertad se encontraban exhaustas.
El aire era puro como siempre, se ofrecía a la noche nunca se guardaba nada. Era brindado para lo que transitan en la oscuridad.
Cada noche era un rito, una realización autómata. La ausencia lo obligaba.
Salio. Abrió la puerta de madera pintada de verde y se sentó en un tronco cerca de la bomba de agua. En su mano izquierda tomaba una fotografía de su hijo. Era del año 1967, cuando Alejandro cumplió tres años.
Sobre un costado de sus piernas tres gotas se expandían en la tierra húmeda. Las observo, sabiendo que no venían del cielo, sino  de sus ojos. Miro la luna y vio miles de estrellas que la acompañaban. Los seibos seguían en su ritmo natural y el viento se acercaba a acariciar al anciano, tratando de llevarse el insomnio, pero era imposible.
Camino hasta el alambrado entrando en una secuencia de recuerdos, que si salía de ahí, le produciría más nostalgia y soledad. Esos instantes eran de evasión. La beatitud volvía sobre su cabeza con capítulos del pasado. Una pelota corría sin un niño y zumbidos simulaban a gritos de alegrías. No había horizonte, tampoco aurora, todo era un escenario de imaginaciones. Sus anteojos sobre los vidrios era diferente a su interior, en ellos solamente había oscuridad reflejada. El cosmos se transformaba en una negación de lo real y era feliz, en el mundo de los gatos, en las noches de los recuerdos.
Había sido un episodio nocturno más, una manera de encontrarse hundido en la felicidad. Siempre claudicaba en esos episodios, para seguir durante el día. La guerra era quien se había llevado a su hijo, a su doncel.
El calendario no importaba, el papel permanecía en el día de la partida. Un recuerdo más, una reivindicación afectiva.  La fecha estaba en 23 de abril de 1982.   Varios trenes pasaban. Así quedaba la imagen de su hijo cuando se subía a uno de ellos.  Todavía ninguna carta había llegado.
Los niños en las escuelas eran alarmados y todos se refugiaban debajo de sus bancos, el futuro se estremecía durante unos instantes. El niño corría se escondía detrás del muro y desde ahí sonreía mostrando sus pequeños dientes.
La radio era el medio por el cual siempre estaban atentos. Cuando se iban a dormir la siesta la encendían. Las cosas no iban en orden. Tampoco iban mal, una opinión era solamente por la información del los medios, por eso se negaban a concluir, además, para no alimentar su pesimismo.
Los ancianos estaban convencidos y esperanzados que llegaría una carta de su hijo. Creían que la sensación de conquista nunca se vive una vez, sino que se repite simbólicamente en el transcurso de la historia. Tenían una pequeña biblioteca en una de las habitaciones con libros heredados y de vez en cuando les servia para instruirse.
Había pasado un mes y medio, los comentarios vulgares daban la guerra por finalizada.
Los ancianos no se interesaban por el vencedor, nunca habían estado de acuerdo con los enfrentamientos bélicos, solamente deseaban a su hijo de regreso. No más noches de insomnio e imaginación para realizar la felicidad.
Esa mañana fue diferente a las demás. Llovía y en el pueblo no andaba nadie, las plantas se balanceaban ferozmente derramando gotas de aguas por sus hojas. El anciano había vivido la noche de insomnio como era de costumbre, pero esta vez dentro de su casa. Cerca de la diez de la mañana, mientras, la comida se cocinaba a fuego lento un campesino llego con la lluvia junto a con un  perro que lo acompañaba alegremente. Cuando lo vieron llegar salieron, sabían que la guerra había terminado, los medios y la gente hablaba del fin. La lluvia caía torrencialmente cayendo sobre sus cabezas.
-¿como le va Don?-Dijo el hombre arriba de su caballo.
-Acá andamos…a la espera de que todo termine y que el hijo vuelva -
-Les traigo noticias y de las malas…lamento abuelo.-El hombre se había sacado su sobrero y miraba al anciano con tristeza.
 Los ojos se le habían llenado de lágrimas y volvió a la cocina, mientras, sujetaba una foto de su  hijo aferrada a su pecho.
Las noches de insomnio habían seguido. Solamente que ahora nada era imaginado, solamente ahora era el alma de su hijo quien se presentaba del otro lado del alambrado, solamente era un soldado.

Bernabé De Vinsenci

miércoles, 21 de diciembre de 2011


REFUGIO EN ALEMANIA

Se miro al espejo, algo totalmente diferente que el reflejo del agua. Su rostro y cada parte de su fisonomía se distinguían claramente como el como los modales de un hombre y una mujer. La lámpara de la habitación estaba encendida desde hacia un largo tiempo, algunos insectos la rodeaban por el calor que emitía.  Hacia tres días que nadie lo visitaba, era un sujeto, un extraño que se sentía  olvidado por un entorno que aunque estuviese ausente aun se acordaban de el. La puerta de entrada estaba intacta como la había dejado el domingo por la noche después de recorrer la plaza. El domingo había sido un día de viento y la ciudad se encontraba solitaria, esa había sido la causa de su salida.
El viernes se cumpliría el mes de su separación con Anny. El día anterior  habían discutido y a la tarde siguiente ella le pidió un tiempo. La ventaja era que no habían tenido hijos.   Eso asía  que la casa se sintiera solitaria. El desorden, mal olor y los cigarrillos eran parte de su cotidianidad. En la segunda habitación sobre unas de las mesas de luz quedaba un portarretrato de ellos juntos.
Hacia tres día que no levantaba el periódico. Las informaciones eran devastadoras.
Al salir del espejo se encontró con la cocina de inmediato. Los platos sucios de varios días, eran molestados por las moscas. Entre el desorden busco un encendedor para prender su último cigarro. El humo rodeaba todo el espacio y decoraba el ambiente.
Encendió la ducha. El agua tibia recorría su cuerpo ansioso de ella. Las capas de suciedad sobre los poros se limpiaban lentamente.
Eran las diez de la mañana, el sol entraba lentamente en la habitación, donde se encontraba vistiéndose. Era un ser diferente, la enorme barba lo hacia otro.
Después de realizar los pequeños hábitos cotidianos, se sentó a leer el periódico.
La noticia general del lunes decía: “Alemania intenta entrar en el lugar menos deseado para Rusia”, después de leer el titulo del diario cruzo sus piernas y acariciaba la parte inferior de su mentón, mientras, observaba cada una de las paginas atentamente. Al termino de leer el diario del lunes se levanto para preparase un café. Tomo unas de las tazas sucias la enjuago y se sirvió. Lentamente volvió a la silla con su café en la mano. Busco el periódico del martes y otra vez leyó el titulo que decía: “Rusia ataca, Alemania se ve comprometida”. Al  término de leer la noticia, dejo el periódico estremecido y observo por la ventana como los soldados marchaban a ritmo. El mundo estaba conmovido a causa de la segunda guerra mundial. Varios judíos habían sido aniquilados y el país donde se encontraba esperaba apoderarse del mundo entero.
Su cuerpo empezaba a transpirar, se inquietaba, en cualquier momento podrían  abrir la puerta y la situación limite de su vida seria su nueva alma. Entendía a Hitler como un demente, alguien que no encontraba su propia libertad entonces debía dirigir esa inquietud ante alguien. Ahora no importaba el desorden, Anny era un mujer extraña y Alemania un error. El pueblo necesitaba sumisión  ante alguien no era responsable de su propia libertad  y el nazismo ante esto  aprovecho la oportunidad, empezando por el obrero.
El tiempo no pasaba mas, el reloj era innecesario un objeto de administración para la estructura. Estaba sentado sobre la mesa mirando el techo que no le transmitía ninguna respuesta. Se preguntaba ¿De que me sirve la existencia? aunque ella no es nada es simplemente existencia ¿Es la consciencia quien nos condena? o ¿La libertad es quien nos condena? pero si estoy reposado en la libertad ¿Por qué ellos pueden decidir por mi? ¿Acaso no soy yo quien toma las decisiones? Después de permanecer varios minutos sentado mirando fijamente el techo tomo un plato y lo arrojo contra la pared.
− ¿Es el hombre quien esta sujeto a la neurosis?− Gritaba.
No estaba dispuesto a ninguna llamada a ninguna carta, solamente esperaba que el enfrentamiento bélico terminase. Fue a la habitación en donde se encontraba la foto de Anny, la tomo la llevo a su pecho y recordaba que después del día de su separación se habían visto en su departamento, ella de momentos era la libertad absoluta para el.
Se desvistió por completo, se encontraba frente al espejo contemplándose nuevamente. Camino. Abrió la cortina, una niña de ojos celeste paseaba de la mano con su madre, y se preguntaba ¿Acaso los niños judíos no tienen el mismo derecho? La niña lo miro y rápidamente se oculto detrás de la cortina.
Cuando su neurosis aparecía rompía cualquier objeto que encontrase y gritaba, mientras, las bombas dejaban su eco.
Amaneció  despierto. Desde que había leído la información  pasaron tres días. Los periódicos llegaron nuevamente pero no los había leído. Las ojeras eran de gran tamaño en su rostro, la barba había crecido y nuevamente poseía  la apariencia de abandono.
Se miro a al espejo, recordó a su madre y pensaba que era un judío a quien vidrian a buscar para pelear en la guerra. Pero no, no pelearía lo matarían sabiendo que es judío.
En una emboscada lo tomarían de sus manos y lo llevarían a los campos de concentración en donde miles de sujetos como el esperarían la muerte.
Esporádicamente miraba debajo de la puerta. El sobre con un símbolo nazi entraría citándolo a convertirse en un soldado y en la menor duda estarían equivocados, porque el era judío. Anny no volvió desde el jueves, ella dijo que vendría pero no lo hizo, pensaba. Era Alemana, pero lo aceptaba y desde la separación que dio con la apertura  de la guerra, ella  lo refugio en uno de sus departamento gracias a la herencia de sus padres.
Los cigarros se habían acabado, tenia tabaco del año 1934  en una cajonera, lo que le permitía calmar sus ansias con uno  artesanal. Fumo el humo, era mas suave que los cigarros comprados, no comprendía porque nunca el los había hecho.
A las tres de la tarde se durmió. Varios soldados habían pasado sobre la cuadra y los gritos de los generales lo incomodaban. Tres y media tocaron la puerta, se exalto y noto que era un perro, varios andaban sueltos. Se volvió a dormir.
El tiempo se detuvo, su corazón se paralizo y su cara se  puso pálida. Era el sobre. Había llegado eran las cuatro y diez. Era un sobre blanco y en unos de sus extremos poseía el gran símbolo. Ese que representaba una ideología de exterminio. Lo tomo, las lágrimas de sus ojos goteaban sobre el papel. Solamente vio su nombre y el horario que lo vendrían a  buscar. Entonces, golpeo la puerta con gran fuerza ante la impotencia, mientras, se comía el papel.
-         ¡Vendrán….vendrán….ellos vendrán!− En su alrededor todo se encontraba taciturno.
Tomo una silla y la arrojo en la puerta, pero  fue en vano. Todo seguía igual.
El tiempo pasó. Eran las siete y  cincuenta y ocho, cuando de repente se escucho.
-         ¡Abran la puerta!−
Pero nadie respondía. Jamás repondría, sabiendo que era judío.
− ¡Atrás…atrás!−
De repente la puerta cayó. El se encontraba en un costado de la habitación.
− ¡Ahí… esta! ¡Ahí…esta!− Dijo unos de los soldados.
Era un llanto incontrolable como la lluvia que recién comienza.
− ¡Es un judío!− Añadió otro de ellos.
Lo tomaron de a tres y lo llevaron, mientras, lo golpeaban con sus armas. Su rostro empezó a sangrar y se confundía con sus lágrimas.
Luego de una semana, Anny volvió a su departamento para darle la noticia  que seria padre, pero el ya no estaba.

Bernabé De Vinsenci

LEYES DE RESPETO

El esqueleto reposaba sobre la cama
atrapado por la piel, al igual que los órganos.
Era un individuo, un ser desnudo
a causa de las sabanas extendida en el suelo.

Aire frío entraba por la ventana y lo estremecía.
El cielo de todos los días estaba gris,
sobre el había decoraciones de rayos y enojos.

Los vientos habían formado un individuo en la habitación,
un individuo transparente.
Algunas nubes parecían coléricas y las plantas festejaban el oxigeno.

Silbidos en el sur del cielo formaban melodías espontáneas.
Pequeñas hojas flotaban, chocaban y luego morían.
En la calle los faroles se habían apagado y la lluvia entraba por su ventana.

El ser estaba extendido respirando hondo, temiendo en su propia habitación.
Su puerta jugaba a golpearse cada tanto.
¡Hay alguien debajo de mi cama! − Pensó, con exaltación.
Pero no, nadie respondió.
A la mañana siguiente entendió que
era la naturaleza quien trataba de explicarle,
que somos nimios ante ella, con un simple acto.


Bernabé De Vinsenci




martes, 20 de diciembre de 2011


  1.  La noche y ausencia
  2.  
  3. Ella había fecundado y ahora padecía,
  4. en el alba observaba la sombra
  5. engendrada por la luna sobre el mar…
  6.  
  7. se encontraba desnuda y blanca como los nardos
  8. danzando en la superficie del agua transparente…
  9.  
  10. Gritaba peticiones…
  11. Las lagrimas de sus ojos se unían al mar
  12. y todo se convertía un festín hegemónico…
  13.  
  14. El muro de papel entre la demencia y la necesidad
  15. estaba  roto y las emociones se paralizaban…
  16.  
  17. Ella se disponía hacerle contienda a las deidades
  18. si no respondían…
  19.  
  20. Sus fuerzas no capitulaban…
  21. El candil no se enceguecía…
  22.  
  23.  
  24. Ningún dios deparaba nada de lo pedido…
  25.  
  26. Las oscilaciones del mar se hacían más vastas y desmesuradas…
  27. Sus carnes eran desvastadas…
  28.  
  29.  
  30. El reflejo de su osamenta en el mar se preguntaba
  31. ¿Por qué se han llevado a mi niño?
  32.  
  33. Y el sol encontraba el espacio como todas las mañanas….
  34. El ama de la madre  desaparecía nuevamente…
  35.  
  36.  
  37. Bernabé De Vinsenci
  38.  
  39.  

lunes, 19 de diciembre de 2011


La palabra que no debería ser nombre

Intolerable el ser humano
se encuentra en una superficie sin sombras,
aturdido por los rayos del sol…
Sobre la superficie engendra una grieta,
busca refugiarse, pero vanamente encuentra oquedad…
La única nube pintada en el cielo ahuyenta los rayos, momentáneamente, la temperatura de su cabeza desciende…
Es intolerable…
El ser se arrodilla en el desierto y de sus poros sale
la falta de necesidad…
Es intolerable…
 La carne saborizada con vino después de un día de embriaguez
El ser saca su alma para una compañía, pero ella esta muerta,
  entonces queda extendida en la superficie evaporándose…
¡Es intolerable la luna y el sol siempre taciturnos!
¡Es intolerable el tiempo!- dice la existencia-Y trata de birladoras a las agujas del reloj…
Es intolerable…
 El principio del fin….
Son intolerables…
 Las hormigas sobre el azúcar…
Es intolerable…
 El espejo sin reflejo…
La grieta se cierra y la soledad sigue…


…Dios no es palabra tampoco tangible, es inexistente, es energía humana depositada en dios…


Bernabé De Vinsenci

viernes, 16 de diciembre de 2011





El mundo cede paso

Las emanaciones de los cuerpos extraños se divertían sobre el muro de papel arcaico…
La consciencia de uno de ellos había chocado frente al espejismo,
desenfrenadamente su epitelio que contenía la sangre se evaporo y su anatomía se transformo en un perímetro de glóbulos, derramándose en la superficie…
Las frecuencias de sonidos quedaban taciturnas y el zumbido invada el mundo, los tímpanos se secaban…
Los nimios senderos de las comunidades eran inhóspitos, los subalternos desobedecían…
Las normas se retorcían,
mientras las entrañas del creador se desvanecían…
Nardos intentaban decorar risueñamente el paisaje que era invadido por el acromatismo, generado por la oquedad de las consciencias…
Excelsas nubes se convertían en Ángeles auxiliadores para birlar el pesimismo onírico…
Los individuos que siempre buscaban una replica era participes de la metamorfosis hacía una neurosis infinita…
Ojos en masas buscaban viabilidad y el bosque se los impedía…
Energías dilatadas creaban un dios, el dios de la penumbra…
Los cuerpos envasados se chocaban en el laberinto, algunos se abrían ante el impacto
y derramaban los organismos disentidos ante el creador…
Insectos perplejos hacían orgía en las esquinas
y creaban su nuevo estado…
La naturaleza derramaba alegría pero la existencia la condeno por haberle
dado racionalidad a la humanidad…
la humanidad que olvido su alma,
el alma de reciprocidad…


Bernabé De Vinsenci








jueves, 15 de diciembre de 2011


Fragmento del prado

Irremediablemente el cielo plasmaba la imagen del mundo, los individuos molestos se esparcían por la ciudad repudiándolo. Las nubes formaban plantas carnívoras y se devoraban a las aves más representativas de la libertad. Ellas caían desde la cima y llegando a la corteza terrestre se convertían en buitres, comiéndose a los cuerpo suicidas, por el temor de lo que comenzaba en el nuevo escenario. La era de las normas había acabado todo era arbitrario. Los hombres con cuernos se paseaban tratando de matar sus propias almas y la moral quien se había escondido en las montañas era paseada desnuda en los continentes por los llamados bárbaros. La civilización fue enterrada en el cementerio de sus creadores y la bóveda bañada en hierro para impedir su escapatoria. Los papeles del Satanás y dios se habían cambiado. El bailes de las mascaras hacia de los invitados descubrir sus caras y el sueño era insomnio por lo que vario individuo murieron atormentados. Dante salía de su tumba a escribir la divina comedia nuevamente y un fragmento de ella decía así:

“…Ahora no hay sendero, no hay recinto  el cual explorar, el cielo, el infierno y el purgatorio es la tierra. Los poetas están aquí yo solamente soy alma en pena que se encarna con la carne para un doble sufriminto…”

De repente apareció Minos por detrás de Dante, lo tomo de su cabeza y arrancándosela dijo.

…Si no hay poeta, para que intentas escribir la divina comedia nuevamente. Las palabras de los poetas traducen a lo real lo imaginario y podrías inventar miles de monstruos…

Bernabé De Vinsenci
   

miércoles, 14 de diciembre de 2011


La vieja silla quedo impregnada con el calor corporal

En el recinto de un sendero ilógico las deidades que poblaban en la masa de la tierra a principio de la existencia, habían formado un individuo que repudiara lo normal, siendo estos videntes y grandes sabios.
La mujer quien lo había fecundado tiempo después pertenecía a la especie humana en una época reciente al fin. Desde la clase social ella pertenecía a la alta, estructura imaginaria por cantidad de poder.
El niño creció en ese seno, como cualquiera. Las cualidades mas destacadas en el, fueron ser invisible e incomprensible al igual que las de los demás.
En lo nocturno dormía sentado al lado del mar contemplando el reflejo de la luna como jugaba en el mar a disolverse. Recogía pequeñas piedras y luego las lanzaba al agua.
Nimias  nubes se paseaban en el cielo, mientras, Dalí desde arriba ofrecía objetos surrealistas.
Muchedumbre estaban en ese desierto, no era el único, ser parte de la realidad sin ser vistos, invisible. Años más tarde les esperaría a ellos el mundo de las ansias, donde, todos los simios se depredan unos a los otros. El mar se encontraba repleto de piedras, los niños las arrojaban una y otra vez, el cansancio de ser nadie les invadía su naturaleza. La única madre para ellos era la planta que los acariciaba con las hojas verdes estropeada.
A la mañana, los niños esporádicamente salían a recorrer la ciudad, a veces repudiaban ese deseo por el estorbo de los simios, tener percepción y negarse ante ella, decían algunos. Ellos eran sus padres, pero la fisonomía invisible impedía cualquier contacto. Esta fenomenológica era generada por la ceguedad ante la ansiedad, sus manos derramaban cualquier cosa ante lo extraño e incomprensible.
Habían pasado los años, caos en las décadas y crisis. Los  niños que el único calor corporal que conocían era el del sol. Había crecido. Los rasgos de un adulto estaban impregnados en ellos, solo faltaban pequeños detalles para convertirse en  simios, de primer valor el ansío de poder.
Los días estaban contados, el niño se haría visible ante la sociedad y los diferentes olores de poder les esperarían para la lucha.
La noche del día anterior se dirigió a las montañas, mientras, los únicos habitantes en la ciudad eran las hojas secas caídas de las plantas. Sumamente nunca nadie estaba allí. Ese contacto que mediaba entre la naturaleza y los simios nunca fue logrado, ellos lo creían en vano y además de que no les ayudaría a contribuir en nada. Subió a la cima. Danzo a las deidades, realizo diferentes ritos, grito en su nombres y pidió sus necesidades. Cuando de repente el cielo se torno de rojo y un rayo cayo sobre el súbitamente. Quedo dormido.
A la mañana siguiente se despertó expandido en la montaña, al observarse su anatomía era mucho más significativa que la que poseía antes. Era una especie de Goliat. Entonces, una vez levantado del suelo decidió recorrer la ciudad que estaba en funcionamiento. Al llegar, los simios se arrodillaban ante el, cuando lo vieron y de repente les dijo, mientras, los contemplaba a sus ojos.
− Este juego donde las mascara es el ansío y las generaciones que vienen el olvido, termina acá. Podrán dejar  esos trajes de simios para ser hombres libres −
Y los niños invisibles que rondaban en la ciudad abrazaron a sus padres que dejaban esa vestimenta extraña  y pesada.  

Bernabé De Vinsenci