comentan aquí
que prohíben fumar
el cigarro
es una excusa
para quedar
mudo
entre medio
de la charlatanería
pública.
Bernabé De Vinsenci
Como todo el mundo hace uso del lenguaje y no sabe lo que es el lenguaje. Aquí se pone de manifiesto todo tipo de aberración lingüística.
viernes, 28 de diciembre de 2012
tropecé
y de lleno
el cimiento se hizo
calcio en mi dentadura
bruto-dijo ella
cosas del azar- respondí
un aguardiente
era mí pierna
supurando
y
tan agrío
se armaba el camino
hasta que nos decidimos
por la abulia
un día nos dijimos:
"cuando el mundo
tropiece, ahí seguiremos
la marcha"
por lo tanto acentuaba
mi cabeza en su vientre
y me enceguecía
observando hacía arriba
las horas pasaban
con el tiempo
muerto
y
nosotros aún
seguíamos allí
con pleno remordimiento.
Bernabé De Vinsenci.
La ignorancia en su poder somete al proletariado, para que este se vuelva como ella. No existe ningún carácter ontológico, el hombre que hace sujeto a indivisos de su misma especie. Las ratas quieren estar más próximas a los vómitos cotizados, y por eso deben cuidarse, mostrar su mayor grado.
Bernabè De Vinsenci
Bernabè De Vinsenci
-rebasando
la penumbrosa pavimentación
de tumores vacíos
en la granja equivocada
soslayando ciegos
que aúllan limosna
y domestican
su vientre en el
epitafio
de céfiro
el vocablo
rasgueado sin ojos
es el curso del vistazo
el lenguaje se vuelve homicida
y la barbarie retoza
en su esquina más cercana
para escupir a su
civilización
mudos descenderemos
amaneciendo
en esta muerte que nos acompaña
recoge tu carne
que en el mundo
todo se vuelve
podredumbre
Bernabé De Vinsenci
jueves, 27 de diciembre de 2012
miércoles, 26 de diciembre de 2012
sondeando al atado
el que se inscribe
con las espinas alzadas
sobre las manos
sutileza de
condición humana
desgarrada
maciza a la liberación en cópulas
de mezquindad
¿quién se atreve a semejante
lujuria? del mismo montón
brota el agujero irascible
uno
somete al prójimo
y en tumor éste muere
≤ casi como la mano que a puro favor
auxilia vanidosamente a otro ≥
asiduamente
el hombre se atarea
y en los ocasos
de voluntad atontada
cae en su propio barranco
Bernabé De Vinsenci
martes, 25 de diciembre de 2012
los vellos en los ojos
destierran
y por la fosa nasal
sólo se puede oler
la luz de neón,
el hombre sujeto
al perchero
y el tumor
saliendo como espuma
de la boca
la transmisión
de la memoria
marca el retroceso
y por pereza incolora
arguye en gangrena
encimada sobre la lengua
un silbido no es
más que una melodía
confusa
tan símil a los vellos
nacientes en el cerco
de los ojos.
Bernabé De Vinsenci
lunes, 24 de diciembre de 2012
Festín oriundo
de la mezquindad, empalagas multitudes, y contra ellas resucitas la sangre para
bañar los esqueletos deformes. Aquellos que estrangulan y arrastran las carnes.
Entre medio de la perversidad los seres se gesticulan con la mano que han
ejercido la masturbación y con tal rito se establecen generosos. En los órganos
de cada uno desfila un estío inyectado de mortandad y afuera entre la intersubjetividad,
la mayoría debe créese infinito para no
ser tan mísero consigo mismo. Lo que alcanza la razón es tan corto que todos proyectan en su ilusión, y
en ese mundo vanidoso se ven coronados. ¡Qué naturaleza tan inocua la del
hombre! Habita un aposento leproso y se cree
erudito universal al punto de quedar súbdito frente a su propia creación,
a un omnipotente que ejecuta y nunca salva. La piel ya no se parece más que a
un trapo para cubrir la putrefacción de la carne. Por eso los hombres cepillan sus dientes diariamente, para no emanar su hediondez interna. Luego del
hartazgo de la farsa indaga la
meditación, para nunca más encontrarse y se echa al abandono como vagabundo,
revolviendo las miserias que ocultaba. Lo más desolador es que el circo no concluye
jamás, las generaciones condicionan su
desgracia unas con las otras.
La puerta
se abrió sola, la muerte ha venido por mí.
Bernabé De Vinsenci
domingo, 23 de diciembre de 2012
rompí el ciclo y los ojos
descarnaron
sin riendas
ojeras germinaron
en primicia
la muerte humeó
y sin ser paisaje se echó
a trajinar
los olfatos no reconocían
la sanguijuela del abismo
unos circulábamos
en el abuso del
vértigo
y
otros residían
ya arrojados
en la madrugada nos
topamos consumados
por el ignoto hoyo
de cadáveres vivaces
las sinfonías
de los
huesos
ofuscaban.
licuaban nuestro
calcio.
Bernabé De Vinsenci
la
persecución no puede acosar constatándose, las carnes ahorcadas dejan de lado
su piel e inician el proceso de putrefacción. Algunos pechos sin números de limitación repletan su
fisionomía en un tono morado, colmados en crías de venitas a punto de explosionar. No consta un
estado de inmanencia, cualesquier
ha transcendido al oxido desesperante y
se ha comportado a partir de esa inocuidad. Ninguno no siendo más que aspecto y deseo de la posesión subjetiva del
otro se ha anulado al cierre de su puerta. Y en ella encontró su cadáver, el
infarto domesticado. En el aposento la censura yació en privilegio singular, al saberse el lenguaje
como falaz y una mísera capacidad innata. Es aquí el mundo girando en
representación de la incertidumbre, y el movimiento de lo absurdo inhalado La
pus pulsa, la estirpe se derrama en su interior mientras las respiración
fracasa. La conducta viceversa jamás fue
ejercida cuerpo-cadáver. Todos de prontos nos vimos bajo la luz de neón
acarreando nuestra osamenta, abriendo la cerradura y encarcelándonos. ¿Para qué
valen los naturalezas de huesos, sí las canes fracasan?
Bernabé De Vinsenci
El muro adquiría la
suficiente firmeza como para ser demolido con un cuerpo humano, al menos a
través de una idea práctica dentro de
la mente se podría ejercer tal deseo, quedando todo en un plano irreal y al mismo tiempo apacible. El descubierto de
los ladrillos iniciaba la sospecha en
Uriette de que arrebatando cierto trayecto y volviéndose hacia ellos, acabaría por
derribarlos y quedaría así apartado de ese tugurio en que lo habían
puesto. Uriette no tenía más que
cuarenta años, un rostro curioso y una vista despectiva, a nadie podía mirar firmemente
a los ojos, según él: “la dualidad de
miradas echaba a la perdición el alma”.
“Nunca mis piernas habían tiritado de este modo”-dijo y prosiguió concluyendo-“¿Será mi edad? ¿O la
aproximación a la muerte?” Transpiraba y no hacía más que mojar el asfalto
extrañamente situado por debajo de sus piernas. Por momentos la especie de
vomito le reaparecía y quedaba tirado en el piso, pálido y temblequeando. En la
aguja del reloj se oía, del otro lado, el
“tic” y luego un desierto para esperar
el “tac”. El muro ahogaba, en la medida de su función, éste fraccionaba y al
quedar en partición dos espacios, el sujeto habitando uno de estos,
parsimoniosamente se absorbía. En terminologías más precisas el muro hace a la
nada de una existencia, por lo tanto todos los existentes le temen.
Uriette se contuvo por un minuto,
trató de ver su fisionomía con la insuficiente luz que proporcionaba la
cerradura de la puerta. Notó que su forma corporal era semejante a la de una
botella vacía. Sollozó y al sentir sus propios gemidos, un fuerte ardor se
disipó sobre su pecho. Intentaba masajearlo con sus manos para serenarlo, pero
era imposible. La dolencia interna estaba latente, netamente causada por lo
exterior. “Usted está sentenciado a muerte” le resonaba una y otra vez en su perturbación. Lo más aterrador no era la
situación del aquí, todo lo contrario, le desesperaba su destino. Saber lo que
sucedería con él.
Ocurría a la inversa,
estar sólo en vida y morir en conjunto. Unos eran ubicados en hilera, y luego ejecutados.
A David hacia dos días que lo habían fusilado. En situaciones inhumanas lo
sacaron, meado y cagado. A ninguno de ellos le interesaba el estado digno de
nadie, su fin era poner la bala sobre los cuerpos, en la parte más próxima que
se acierta la muerte. Uriette sin saber cómo se durmió, cerca de la seis de la
mañana una voz altanera lo despertó.
- ¿Uriette Rodriguez?-
-Sí-
-Acompáñenos-
Y forcejeando lo sacaron. Lo
trasladaron a un patio, en donde había más desafortunados como él. Inmediatamente
los pusieron en fila, algunos ya estaban, otros eran traídos. No hubo tiempo
para que nadie hablase y justificase su situación.
-Que pasen los que siguen-Dijo
el comandante después de que los súbditos disparasen y cuerpos sin vidas eran arrastrados
a una fosa del edificio.
Bernabé De Vinsenci.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Crujidos de
madrugada en deshoras y el tiempo fingido,
vencido por la mescalina. La grasa reposa
cercada en la pompa malgastada por el lenguaje somnoliento, mudo, ronroneando y
acabado. Nuestra efervescente divinidad “Omnipotencia:
Cópula de lo perverso y venturoso” Sumerge por encima de lo onírico,
ejerciendo la casta desesperación, mientras, la mucosidad barniza la sabana pegando el alud del primer
frescor. El impulso del día es como una
tela de araña, dificultosa de zafar, meditada por lo absurdo, ahogada en la retención.
Y aunque aparente la ausencia temblando en el olimpo, los aventurados se
arrastran. Llegan a su cementerio, dan un soplido y estrechando las manos
descansan bajo la sobra de la cruz inquisidora, ellos viven en la nada de la
eternidad, acobardados de existir, gozosos de la tierra húmeda, ésta pisada por
todos y no reconocida por ninguno. La tosca
permite la indiferencia, y a la vez, acrecienta su venganza, chupando
mañana a todos sus difuntos. Todo lo devastado por el hombre entra en
actividad, para equilibrar los propósitos. Existir es adulterar ante cosmos,
pisar hormigas, quemar robles, y vencer lo no vencido. La existencia del existente
se deplora en la vejez de la carne, y el temperamento cae, y los remordimientos
se suman a ser los primeros pensamientos diarios y nauseabundos. Esto explica
el nefasto, y tardío proceso. Los individuos no pueden hacer su naturaleza
similar a la de una cucaracha
….No importa el objeto
de la elección, sino el mismo acto de elegir…
Bernabé De Vinsenci
lunes, 17 de diciembre de 2012
“yo no sé, inexcusablemente subyace cierta sospecha en mí
sobre los organismos, una especulación nada favorable, por cierto ridículamente curiosa. Callados son
una masa interiormente tibia y a la vez un torrente de meneos. Los glóbulos
yendo y viniendo, con empleo mecánico, sin apelación
de alguna legibilidad. Tan asombroso es el cuerpo verificado en especificidad
que hasta se podría afirmar que se descubre constituido en pequeños núcleos inhumanos”. Manuel situado a no más de tres metros de distancia
vendrá, lo sé y lo inicial que hará es formular con su hosco tono una mañera interrogación.
Con anticipo no sabré qué confesar. Lo
modesto no es su aspecto, sino mí fase de meditación que tiene déficit ante la
magnitud energética de su vivencia en concreta relación conmigo. Si tuviera la
ayahuasca en mis poderosas manos le diría que se marche, o que se tire de un
precipicio. ¿qué haces aquí? Fue lo primero que expresó-
“lo idéntico que usted hace, existir “Pensé—“a diferencia de usted que se da el
contento de silbar a un símil, con la amplia diferencia que yo no escupo el pie
ajeno por antojo”. Debo Marcharme-respondí en tono seco y a la ligera-¿y a
dónde?- no lo sé, hasta luego-mi partida no hizo más que definir ausencia, el
paso evacuaba un fonema de esta misma palabra. Las ancianas del bar Harry Pason, en la vereda de enfrente, no
dejaban de introducir en sus pláticas de té, los hechos sucedidos y que
sucedían de la paja ajena. -Son doñas omnipotentes - decía José, un viejo
cocinero –todo lo obtienen en sus charlatanerías, lo piadoso y lo malo-.
“la necesaria aislación es propicia para el sujeto, si el
lenguaje es una enfermedad, tenerlo demasiado tiempo al alcance se vuelve
perjudicial. Y la timidez no es más que el nombre de esa manifestación”. De vez
en cuando, me digo: ¿será mucha la contaminación sonora en consecuencia de este
aislamiento latente? ¿o la saturación de nuestro oídos ante todos los bullicios?
Eran demasiadas cosas en la calle para detenerme a pensar, ruidos,
respiraciones, eructos al mismo tiempo. Estaba satisfecho de poder haber huido
de Manuel. ¿quién era para aparecerse y
sondearme si apenas somos puramente conocidos de la calle? Quizás le intrigaba
mi soledad, un celoso de no poder estarlo. Al cabo, todos gozamos de recelos
por la piedad del otro, no es apto ser uno, la impaciencia obstinada quiere
abarcarlo todo, y saldamos deduciendo que no hemos de ser nadie-Más que una
forma inorgánica en constante desviación, al creernos definirnos en alguna forma nuestro temperamento avasalla sin compasión. Y deambulamos
como ratas babeados en la desesperación. La ciudad así como se la ve, hoy día
sin nombre, tan apolillada en lo
desconocido, no es más que el reclutamiento de los demonios, los hombres aquí
se han visto amaneciendo en un calvario poco convincente y de este modo han osado
barnizarse en el áspero infierno. Los cadáveres llevan sus cuerpos
exterminados, masacrados por el empirismo de la existencia.
“Absorbido en el silencio no quiero entrecruzar una mísera
palabra, las cosas me llaman, forjan su presencia para que las objete, mi
victoria está dada de antemano. Las supersticiones son sacáramos del
abandono. Un delirio del deseo de compañía”
En mí frente un parque abre su boca de laguna, los caminantes del lugar no la
prueban más que con su furtiva mirada.
Si yo me lanzase a él, daría comienzo a una nueva jornada, sin embargo éste
sitio, el purgatorio persuadió hasta mis uñas y la piel que se trepan por
ellas. ¡Ah! Largo un gemido como un trueno de tormenta súbita ¿quién me escucha
si nadie me ve? ¿sólo el eco de mí, alarmado? tardíamente comprendí: si el eco pulsa y perpetua en la angustia,
el síndrome de incomunicación esta en nosotros.
El cielo se descarna, siendo las nueve de la noche y las
nubes aúllan, la aniquilación de la lluvia pronto comenzará. Lo notable del
clima esta en las huidas de las personas, ninguno ha quedado. Finalmente estoy
en compañía. Caen las primeras gotas, y mojan a todo por igual, no existe la
salvación. Doy dos arcadas, prendo un cigarro aunque sea imposible. Las gotas
se organizan para el suicidio en una
mutación de viscosidad. Con beatitud las custodio.
Bernabé De Vinsenci
viernes, 14 de diciembre de 2012
abomino
los conejos
hurtados
en inseguridad
vienen y van
en el simple
encuentro
en el diálogo de un bar
una hosca
comunicación
cargada de: "me da lo mismo"
tan desnuda
como hamaca
de idas y vueltas en
inequívocas magnitud
"si estás en compasión
con el simio y no lo amas
¿para qué exigirse?
de gusto babear
saliva y
sudor sobre consejos:
"si todas mis palabras en
usted le hacen un efecto a la inversa"
Bernabé De
Vinsenci
“Todo lo que sucede en la realidad, en algún tiempo fue ficción” intuí el pensamiento de aquel mañoso hombre cara de momo y dientes descarados.- como en remotos discursos novelescos se lo venia aconteciendo la planta yage se abrió paradójicamente a las telepatías y por doquier antes de dar una oración, el interlocutor de antemano sabia lo que dirían. Certeramente el detestable anciano Van Middelkoop daba notable evidencia sobre lo que expresaba. Cada objeto no es más que una idea concretada “La esencia de la idea, el mundo se rige de ese modo” Más de seiscientas veces por segundos, creemos estar poseídos en cierto fenómeno de ensoñación del cual nunca despertamos-. El tiempo se convierte en liquido y la sal en arena y todo lo que tenia un autentico concepto se torna ambivalente- “Lo peor de todo sabes lo que es, hijo”-dijo-Van Middelkoop- “No desigualar el sueño con la realidad, todo puede ser realidad, o sueño” En este mundo nada puede concretarse, los deseos son imposibilidades que se canalizan en el dolor y así el hombre de la “Razón” se vuelve gusano. Van Middelkoop me miró penetrantemente moviendo sus labios y farfullando dijo ¿Sabes lo que llevo aquí, hijo?-No-Respondí-Un revólver, el expediente de creer si todo esto es realidad o ficción.
Van Middelkoop se dirigió hacia al baño cuando de repente los que estábamos la barra escuchamos una fuerte explosión: El longevo se había volado los sesos. Lo infame vino después, no sabíamos si existíamos sobre una ficción o realidad.
Bernabé De Vinsenci:Texto
Dibujo: Agostina Quagliardi
jueves, 13 de diciembre de 2012
"hizo dos veces
el mismo inventario"
se quejó el cencerro
fatigado
por los golpes y
el mismo inventario"
se quejó el cencerro
fatigado
por los golpes y
relinches
"como una especie
de lenguaje falaz-prosiguió-
¡Pum! ¡Pum! y la dolencia
no se ve"
los
elementos
inertes mantenían
distancia
rogaban no ser manchados
por la taza de té
y a pesar
morían
dos mil en segundos
al ser mencionados
ellos son quienes
nos tienen que decir
"yo soy esto: un tenedor
por ejemplo"
Bernabé De Vinsenci
"como una especie
de lenguaje falaz-prosiguió-
¡Pum! ¡Pum! y la dolencia
no se ve"
los
elementos
inertes mantenían
distancia
rogaban no ser manchados
por la taza de té
y a pesar
morían
dos mil en segundos
al ser mencionados
ellos son quienes
nos tienen que decir
"yo soy esto: un tenedor
por ejemplo"
Bernabé De Vinsenci
lunes, 10 de diciembre de 2012
una ignota
mesura
respira
el lecho
con la pesadilla echada
y entre tanto
en la parte del incasable pronunciamiento
estrepitosas lenguas
echan su escupitajo
al vacío del eco
penumbrosas
en un pasillo
perennemente sucedió
que en un mismo
tiempo
han coexistido
dos mundos
el descuido
nunca admitió
tal
desagrado.
Bernabé De Vinsenci
domingo, 9 de diciembre de 2012
Superstición ¿Si el océano es el sitio
inequívoco para el huérfano suicida? I n o c u a no brota la piedra, se
descubre en la medida de su arrojamiento.
Los párrafos
del muerto
endurecido
han sido ausencias
que depositan
las
indiferencias mismas. Un lenguaje es profano de tumor, y el recoveco más huido, un aprieto en
sangre <dióxido de
carbono infectado con glóbulos asmáticos
en voluntad>El síntoma más
cercano es el pasillo que no se recorre, y el catre que se reina.
de gangrena visten las ojeras
zumbadas por el moscardóN
nuestro
s
u
i
c
i
d
a
m
u
e
r
e
el pecado es almacenado
por los otroS.
-----------------------------------------------------
Bernabé
De Vinsenci
El hombre en ningún tiempo persiste
limpio, o íntegro, de aquí nace la rebeldía, nuestras palabras interponiéndose a
la divinidad ornamentada. El ser se inventa y desbarata, tan simple es su
naturaleza como la forma de la nube: Hoy amorfa, ayer un Cupido y mañana
tragada por el sol. El garabato, tan borroneado y las otras líneas de allí
persistentes a su desaparición. El pigmento indescifrable con su atropello a la norma y así, sucesivamente proclamado
el individuo su desorganización. De lo contrario: ¿De qué valdría tocar
a una obra acabada? Y vale añadir la severa certeza de que nunca finalizan,
aún, cuando se cree darle el último retoque. El parentesco dificulta, hace que
nuestras líneas se parezcan a las de ellos y de este modo se torna un globo
símil, de bostezos y saturado a las nimiedades. Punza la rebeldía en su estado
pragmático, pero más daña idealizada en un supuesto lenguaje.
Siempre hemos presumido, añorado más
los pensamientos que los hechos en sí mismos. Y sin ir más lejos el rebelde ha
sido el vago sumiso, quien se destino ante los refugios de la liberación: De
nada sirven los actores, sin actuar, en
una escena por actuar.
Bernabé De Vinsenci.
Cualesquiera sabían, incluso quienes
ya habían muerto dentro del barrio. Las cosas habituales de los brujos siempre
fue determinar con algún nombre a los muertos por paros cardíacos: los
veteranos del rito, sabiondos en olores y
visitas lagrimosas- Decían unos años posteriormente de las
partidas.
“La tiniebla se vuelve desesperante al pisar la senda de
la mortalidad y uno, y todos se niegan, tratan de negarla” -Comentaba el abuelo
Wenceslao. “Paródicamente caemos ante
las carcajadas de los Dioses” –Proseguía
y terminaba con una inequívoca pitada su Benson- <el ataúd no se queja, la
voz encerrada en él, si> Nada era ajeno, la sujeción, el aullido consumado
en la esquina, un cadáver orador indiferente en medio de la aglomeración, y un
miserable poniéndose fin en un puntapié. La
usual artimaña del ser y por supuesto, el trágico condicionamiento
insoluble a la especie. Santiago profesaba de algún modo y maliciaba sin empirismo que “todos se
habían tornado cadáveres”, o fuera de su
acertijo anterior se disponía a especular que “era él una osamenta viva”. <Los
cementerios en sus asambleas semanales presentaban actas ante esto al enterarse y el más arcaico de los sepultados
determinaba las indiscutibles ordenes
(Ellos nos permitían que nadie se negase ir al cementerio después de muerto,
según la Ley N °
34.986) > pero, sin embargo, nada convalidaba las actuaciones que se
llegaban a determinar en conjunto. El cementerio cerraba a las diecinueve horas
y todos debían estar atentos a las visitas de los parientes al otro día. “¿Cómo
a un bípedo que su corazón, aún, late, puede cavilar semejante cosa?” Dijo
Carlos Conti- fallecido en 1601 por un
corte arterial, mientras se afeitaba con un machete la pierna izquierda- al
escuchar las advertencias del sereno. Naturalmente unos que otros diálogos
había, siempre en la inspección de quien era el ser vivo ¿Sino como tales
informaciones les iban a llegar a sus manos? Y el más torpe de todos
creyeron que era el sereno del
lugar, un hombre con nariz de
águila, y un cáncer terminal. Las
medidas de imposibilitadas praxis hicieron que los muertos, estuviesen más
acabados que nunca y como toda organización sin recursos se disolvieron tempranamente. Luego hubo dos o tres intentos de una nueva
manifestación, pero estas devenían de los
recién llegados a los nichos, lo más utópicos.
Santiago detestaba el tarareo de los
que marchaban dichosos al cementerio los domingos por la
mañana con un racimo de flor artificial. La muerte de su padrastro le había
ocasionado un trauma que lo llevó a pueriles charlas con psicólogos. A su matrona - ama de casa y no desesperada-
le advirtió ayer “que posteriormente de
muerto quería ser calcinado” “¡Pero déjate
de joder, ya estás pensando en esas cosas!”
Respondió ella y a él le
sobrevino una agria figura maternal propagada desde su infancia. No hubo
más nada que hacer y decir, sólo persistir a estas ideas que de a poco se iban
a ir desvaneciendo.
Ligeramente de largas y meditadas decisiones-
que lo llevaron a ser un noctámbulo- obtuvo la certeza de
entregaste y afiliarse al batallón de los muertos. Vegetar eternamente en un
cajón trabajado asiduamente por un
carpintero y ser definitivamente halagado
con llantos una vez por mes.
Varias denuncias gozó el cementerio por ruidos latosos, el sábado
nueve de junio- Ebrios, los fallecidos, celebraron la decisión de Santiago, el
sereno por una ginebra les había
alcanzado únicos detalles, tan símiles
que éstos enloquecían al escucharlos- A
Carlos Conti lo hallaron emanando alcohol
tirado en medio de una zanja. En los títulos de los periódicos
acusaban a los jóvenes de Avellaneda: “Una vez más el vandalismo de los
jóvenes”.
Bernabé De Vinsenci
viernes, 7 de diciembre de 2012
alcantarilla con senos
en derrames cerebral
porfiada en aguas estancadas
ni pasos empañados
y amorfas doñas
pueden deleitar
la desesperación
insinuada
con el ingrato
gesto
al subsuelo servimos
y al don
para
conservarnos
sumisos
de acorde
a la suela
el pie resiste
y
otros en cambio
caen
desjoyados
a mitad del suspiro
varios flemáticos
abatieron las hormigas
y al tiempo
estas se lo comían.
Bernabé De Vinsenci
en derrames cerebral
porfiada en aguas estancadas
ni pasos empañados
y amorfas doñas
pueden deleitar
la desesperación
insinuada
con el ingrato
gesto
al subsuelo servimos
y al don
para
conservarnos
sumisos
de acorde
a la suela
el pie resiste
y
otros en cambio
caen
desjoyados
a mitad del suspiro
varios flemáticos
abatieron las hormigas
y al tiempo
estas se lo comían.
Bernabé De Vinsenci
miércoles, 5 de diciembre de 2012
"y si el pago
lo permite
vociferaremos
aunque duelan
las escarchas"
lo permite
vociferaremos
aunque duelan
las escarchas"
dijo y enmudeció
y sin saber
por qué
en la calle
de la curiosidad
se perdió
unos años
después
la metrópolis
lo halló
entre cardos
y una bicicleta
oxidada
con la cual
había decidió
morir
con una percha
de pino
fue colgado
en el ropero
de los cadáveres
y luego
sepultado
por el olvido
desde adentro
gritaba
"malditos
cuerpos en vida"
y los otros
cadáveres
dormían
y
los más
pequeños
llamaban
a sus madres.
Bernabé De Vinsenci
y sin saber
por qué
en la calle
de la curiosidad
se perdió
unos años
después
la metrópolis
lo halló
entre cardos
y una bicicleta
oxidada
con la cual
había decidió
morir
con una percha
de pino
fue colgado
en el ropero
de los cadáveres
y luego
sepultado
por el olvido
desde adentro
gritaba
"malditos
cuerpos en vida"
y los otros
cadáveres
dormían
y
los más
pequeños
llamaban
a sus madres.
Bernabé De Vinsenci
es que ayer
más de uno
eminentemente
aborrecían
a los dueños
del riel sin
rumbo
caminar la plaza
en monotonía
más de uno
eminentemente
aborrecían
a los dueños
del riel sin
rumbo
caminar la plaza
en monotonía
de cadáveres
cruzar la avenida
con el indiferente
al volante
o ver
la misma gota
de siempre
haciendo ¡plaf!
las muchachas
risueñas
con su jeans ajustado
y un sofismo
político común bajo
el brazo que
se ve en cada inauguración
recuerdo
en un pueblo de
Salta la voz
de un moreno que me dijo:
"pueblos chicos
infiernos grandes"
después a esa frase la oí
mil veces
hasta dejarla de lado
ayer recorriendo
fui a la casa
del talabartero
y entre mates
y nostalgias
ahogamos el tiempo
¡che. pibe!-dijo
¿qué?-
yo también siempre odie los pueblos-
Bernabé De Vinsenci
cruzar la avenida
con el indiferente
al volante
o ver
la misma gota
de siempre
haciendo ¡plaf!
las muchachas
risueñas
con su jeans ajustado
y un sofismo
político común bajo
el brazo que
se ve en cada inauguración
recuerdo
en un pueblo de
Salta la voz
de un moreno que me dijo:
"pueblos chicos
infiernos grandes"
después a esa frase la oí
mil veces
hasta dejarla de lado
ayer recorriendo
fui a la casa
del talabartero
y entre mates
y nostalgias
ahogamos el tiempo
¡che. pibe!-dijo
¿qué?-
yo también siempre odie los pueblos-
Bernabé De Vinsenci
martes, 4 de diciembre de 2012
El hombre murió-Bernabé De Vinsenci
Luego de abastecer y desdeñar el rito de mortandad, asumimos por nuestra parte la esencia de la naturaleza raciocina. Naturaleza: advierte el significado de variabilidad, un espacio de comportamiento determinado y supervivencia. Y es probable que aquí en el desamparo-como un "yo" individual- nos encontremos con otros inocuos, en comunión- conjunto de varios "yo", en permanente contienda- El hombre se vuelve perverso para afirmar que existe, y es menester un campo de relación para la manifestación de esta. Mi "yo" deja de ser, a partir de la falta de perversidad. Perversidad que transgrede y hace sufrible a la moral- conjuntos de normas restringida de un espacio socio-cultural-Cuando la maldad no se manifiesta, el sujeto se sitúa absurdamente alienado y se comporta dentro de ese engranaje . La "Nada" acrecienta uñas ante la misma desesperación. Sin más tardar, la ruptura con lo divino, acecha que hemos sentenciados la muerte como una legalización natural condicionada por la misma especie.
Parece perceptible la muerte del hombre, y no de su carne. Constatar la muerte del hombre puede ser incalumniable. Parto de que hemos muerto en el modo de que cada hombre ha sacado al exterior el "Paraíso de su yo" y por lo tanto lo ha invalidado.
Bernabé De Vinsenci
Parece perceptible la muerte del hombre, y no de su carne. Constatar la muerte del hombre puede ser incalumniable. Parto de que hemos muerto en el modo de que cada hombre ha sacado al exterior el "Paraíso de su yo" y por lo tanto lo ha invalidado.
Bernabé De Vinsenci
cicatriza
sin
regresiones
la
manía
absurda
el
insomnio
se
vuelve compota
un
huésped
cotidiano
abrimos
celdas por doquier
en
cada tertulia
y en barrotes
de adjetivos
seducimos
la
gangrena
muertos
decidimos
llamarnos
uno
no existen
diferentes por encontrarse
el
río de sangre
ahoga
todos
nadamos
allí
Bernabé De Vinsenci
y tantas telas de arañas
sofocan
confunden
al diente de calcio
con el silencio
y una piedra
crece
como el estómago
que se reproduce
en su más
pequeña porción
lo más
importante viene después:
¿cómo ha de salir
esa bola desproporcionada
con el tamaño de la boca?
-los síntomas
hablan-
el individuo
captado
por la penumbra
de un cuarto
y todos tan indiferentes
tejiendo el cadáver
mientras la piedra
desde adentro
llama a la muerte.
Poesía: Bernabé De Vinsenci
y una piedra
crece
como el estómago
que se reproduce
en su más
pequeña porción
lo más
importante viene después:
¿cómo ha de salir
esa bola desproporcionada
con el tamaño de la boca?
-los síntomas
hablan-
el individuo
captado
por la penumbra
de un cuarto
y todos tan indiferentes
tejiendo el cadáver
mientras la piedra
desde adentro
llama a la muerte.
Poesía: Bernabé De Vinsenci
Foto: Agostina Quagliardi
lunes, 3 de diciembre de 2012
Es-tupido (Del griego Estupido)
en el banco
de la ausencia
hay cadáveres
los veo
moverse
remitir
a una lejana impronta
detrás
de mí
se esconde
en la puerta
nuestro sigilo
de medianoche
tu padre
en el enojo
de subirnos
juntos a esta
escalinata
y la tenue
insinuación
de frotarnos
las palmas
sin remordimientos
de está ciudad
en su descuido
he de marcharme
con un trapo
que apenas
me cubre el genital
ese que tanto cuidas
de a poco
me entretengo
en el riel
sin horizonte
muerdo la moneda
y escupo nicotinas
que pronto me llamarán
y no las oiré
mientras todos
citaban
mi nombre
en treguas
otro ser creaba
Bernabé De Vinsenci
En
la rutina inexorablemente no creía, su hipótesis se acuñaba “que lo único que
produce malestar, es la metafísica” No
cada elemento aislado de su entorno y luego una vez la costumbre de verlo todo,
desemboca en la tenebrosidad cotidiana ¡Para nada¡ Gritaba incómodamente el
señor. Queda absolutamente marginado el delirio de culpabilidad hacía los
objetos. De ningún modo son ellos hacedores, forjando la pulsión de muerte.
Mamamos de sus formas una y otra vez. Afinando la conceptualización, nos asimilamos
a una producción en serie de captación.
Dante
aún, daba un puntapié ojeando estrictamente su desdichado entorno, un quehacer
de siempre. Se resistía a la instancia de comprender la causa y efecto que
esgrime la pereza cuando el alba se desvirga ante el poniente. Cada anormalidad
de su cuerpo cubierta por los primeros frescores del día parecían estar
inducidos, según él, en telas de arañas ¡Ah¡
¡Ah¡ Vociferaba al despertarse. Las telas
desaparecían dejando a la vista su epidermis albina o en alguna otra connotación,
pálida. Sin dejar indicios de que fumaba exorbitantemente, Dante, en tiempos de
cóleras masticaba las colillas, soportaba en su paladar la sustancias y mugredad,
cegado por muros supuestos, aquellos de no soportarse así mismo “¿Cómo que no
se soporta así mismo? “ Le dijo su psicóloga en una de las visitas “Sí, señora
me pasa eso” Se levantó y se fue. En vano no le era atribuirse del pequeño
ejército mortal- los cigarrillos-, en las formas lanzadas por su indeseada boca,
a través del humo y las inacabadas formas amorfas alcanzaba el éxtasis de sus reflexiones.”¿Y
por qué será?” “¿Pero cómo puede ser?” “¿Todo es así?”
Con
claror le puedo afirmar –No sólo los filósofos desean bañarse y enjuagarse los
genitales con la savia del conocimiento. Una consciencia vulgar también se
encuentra en la mesa de los eruditos. El mismo hecho fútil de poseer la galera cognoscitiva,
instalada innatamente en la cordura de todo ser humano al nacer. Posibilita el
acercamiento a la sabiduría- Argumentaba, Dante, una mañana al jovenzuelo que
arrastraba las zapatillas en una estrecha calle repleta en adoquines “Pero
señor debo irme” Le decía este. A ese horario del día era poco habitual toparse con un adolescente,
sin embargo él, con una suma más de costumbres, sentía plenitud al amonestarlo.
Más de una vez chiflaba en la ciudad a desconocidos con sus oraciones, en
ocasiones tenía audiencia y en otras indiferencias y además sospechas de que
tenía una especie de esquizofrenia “Pobre loco, este tipo” Balbuceaba las
personas
Cierta
parsimonia se distinguía en sus muecas, por una razón tan lógica que sus
propias arrugas lo hubiesen delatado, antes que dijese su edad. La diez décadas de aquel mil nueve cuarenta y
cinco traían peleas y encuentros, cicatrices y quebraduras. Es trivial, lo
sabemos todos, sobre cada organismo el deterioro físico en progreso indeterminado.
Y los rasgos latentes no se desaprueban ante un interlocutor anónimo, ellos
están por encima de cualquiera y conferencian.
Hombre de narciso bajo se suponía Dante cuando el
insomnio lo constreñía a chocarse frente al espejo. Los primeros diez segundos sucedían
con fatalismo, de la llanura del pie hasta el último pelo de su melena recorría
un tipo de escalofrío poco experimentado en los humanos. “¡Qué feo me hizo el
tiempo!”
Había
noches en las cuales apetecía sacarse los ojos con una navaja y cuidadosamente
tomarlos para luego darle un riguroso impulso en sus engrosadas manos. Dos
nervios de cada perforación quedarían
colgados extendiéndose hasta el término de su mejilla y desnudo sin
pudor, lo más importante. En este estado inhumano saldría por la avenida-
Dante
era el sujeto no sujetado, el señor mudo por semanas. Su acto comunicativo
estaba dado por un modo de encierro. Muchos creerán que no, pero si hubo alguien en este astro, poseído por el reino
animal racional que no le fue menester relacionarse fue Dante. “Todos vivimos
con la podredumbre” se decía a solas “Soy podredumbre andante y de esta manera
conforto la ansiedad, porque si hay agua nociva para el hombre, es el querer
adelantarse a los hechos” seguidamente frotaba su frente y con un pañuelo
limpiaba las gotas en bandada.
Bernabé
De Vinsenci
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