viernes, 27 de enero de 2012


DEMASIADO

A veces la piel autómata pulsaba a extenderse.
El extraño huía de la extrañaza.
Era un hombre imaginado que imaginaba.
Era su propio aire respirado.

En un espacio imaginado se extraño y respiro.
La imaginación se extraño y huyó.
El imaginado espacio respiraba,
efímeras apariciones surgían de
inmediatas desapariciones.

Desapariciones inmediatas surgían
en la imaginación del extraño respirando.

El mundo extraño pasado,
su piel extraña presente sucumbidas explosiones.
El mundo extraño e irreal, profundo, represa de la imaginación.
Encuentro imaginado, extraño espejismo
senderos, recintos, sombrío y desnudo en su respirar.

¡ Imaginación infinita en una racionalidad finita!

Peregrinos extraños, mundos, irrealidades,
formadas e interrumpidas en la seriedad.

Vaso imaginario repleto de conocimientos,
la tierra imaginada resguarda la verdad,
verdad de tierra imaginadas.

¡Tierra resguarda!

¿Como?

¡Resguarda!


Madre idolatra,
reina de la fecundación.
Apertura imaginada de la realidad.

¡Danza razón, danza!
En el limbo de la vanidad, el escenario te espera.
El mundo extraño e irreal, profundo, represa de la imaginación sin frutos.
¡Danza, danza!
La causalidad te espera firme, enigmática.  
El extraño camino en la razón y fecundo imaginación atemporal,
lleno de irracionalidad.
De pronto vio a un extraño e imagino un dios,
el comienzo de un apertura.


Bernabé De vinsenci.




jueves, 26 de enero de 2012


Narración del otro lado

Iluminan almas lanzadas,
efímeras agonías sucumbidas
el cristal, envolviendo el cosmos,
sobre la corpulenta existencia conmutándonos
a nimios.

Núcleo denso, explorado
el insecto absorbedor, digno a la vanidad.

Senderos ilusorios
de imaginadas espinas,
irritando la epidermis conquistando
los instantes.

¡Alud de poros desgastados, morbosos de pus!

La faz resplandece,
la tierra rompe las entrañas.
Éxtasis inexistentes, fluyen, pegan
los insectos sobre ti,
hasta no haber quedado nada,
hasta renacer yacente sujeto a la nada.


Bernabé De Vinsenci

lunes, 23 de enero de 2012


TAN LEJOS Y TAN CERCA


Insuficiente recreación
sonriente del alma inocente
inadaptado sonriente, que carece de toda inocencia.

Sonriente de la bondad, de la inmensa alma pura,
la que no necesita ser reflejada
en la insensatez de insensato.

Inocente danzador de la pureza,
renacido en aguas de afabilidad..

Recreación insuficiente,
alma inocente del alma sonriente.

Autómata orgasmo
del ademán, en el cuerpo inadecuado.


No has de comprender
la sabiduría del insensato
es la que el Diablo no ha tocado,
la que Dios no ha creado,
es la de un tercer, el que anda vagabundeando.



Bernabe De Vinsenci.

domingo, 22 de enero de 2012


ESCALERAS INSOLITAS.

Se lanzan, caen acariciadas
igualándose frente a las otras excelsas.

¡ Aullidos  perforando lo indistinguido!

Plazoleta invadida, suprimiéndose
frente a los cuerpos infantiles semidesnudos,
descalzos frente a la fuerza de una tierra humedecida.
Fulgor del alma inhóspita,
Sumergidas risas de agonías en la felicidad.
Truenos en gritos invariados,
primitivo frescor de la percepción.

Todo lo demás ha dejado de existir,
ellos se pertenecen, se sufren asimismo.
Las vibraciones audaces, sucumbieron.
El canil se abre y la emboscada oscuridad vendrá.
Lentamente el espacio se ensueña.
Ellos aspiran el sudor onírico y
los presiona al descanso, cerrando el día,
abriendo las fantasías.


Bernabe De Vinsenci.




Charcos y lagos

Pequeño mar en
vítrea infinidad.
Espejismo de faz espontánea.
Saciado aspirante de infinidad.
Acercado a las formas
nunca detalladas.
Finito deslizado evaporado,
entorpeciendo su estado de esencia.


Se ha formado en  la interrupción
de la venida conmutándose.
Su raza sucumbidle,
convirtiéndose en lo conmutado.  


Hojas flotando en el suspiro inmediato,
tejidos extraños invadidos,
ahogados en la profundidad,
secas vislumbradas y muertas.




Bernabe De Vinsenci. 

viernes, 20 de enero de 2012


PERPETUO MANDADO

Esa mañana salí como todas las demás. Analizándola, no encuentro ningún  detalle fuera de lo normal. El día estaba un poco caluroso, quizás, y las personas circulaban con cierto apresuro que todavía no comprendo. Las observaciones cotidianas seguían adeptas a mí, el frescor del aire, las manos en los bolsillos y el cigarro. Mis labios se resecaban un poco, pero desde el cuerpo podía emitir un líquido al que todos llaman saliva y solucionarlo. El cabello molestaba  y al correrlo de mi vista, sentía cierto nerviosismo en las manos. Sabiendo que todos tenemos el poder de retener nuestras acciones, intente frenarlo. Inútilmente el temblor seguía.
Desde la avenida de la ciudad un conjunto de sonidos hoscos perturbaban mi cabeza. Algunas palomas vi intentando establecerse en los cable y ligeramente la agresividad del viento las echaba. Como siempre, traje los anteojos, que observando el otro día algunas fotografías me dan cierto aspecto de intelectual. Nunca propuse solucionar  contradicciones, puedo valerme como un neurótico o asimilarme a  un morboso, pero nunca a un intelectual.
Las personas ancianas con quienes solía pasar largas horas de plática, severamente genere un vasto repudio hacia ellos. Su parsimoniosa narrativa de sabiduría no coincido un día conmigo y me vi obligado a esquivarlos, incluso, hasta cuando pedían cualquier tipo de ayuda. Hay noches en las que despierto  preguntándome en que clase de individuo me estoy transformado y vuelvo a dormirme,  pasando todo por desapercibido.
La barba rápidamente ha crecido en mi rostro y he omitido afeitarme, debido que últimamente me encuentro en pantanos de perezas. Si, seré un individuo diferente, pero uno más. Ahora no estoy en la calle porque quiero, estoy por obligación a realizar las actividades de cualquier otro ciudadano, y si no las hiciera que voy a morir como un perro, o ser como uno de ellos.
Los vidrios de los negocios son una serie de espejismos, mas allá, de la persuasión que existe detrás ellos, cuando uno ejerce su rol de consumidor, súbitamente, hay un sujeto parecido y en la curiosidad de saber quien es, te descubres.
A veces siento que la  falta de socialización juega conmigo, imagino confundir objetos con sujetos. Leí por ahí en algún periódico, que este tipo de signos son  de  personas enfermas.
Rara vez, trato de realizar las actividades pensando en otra cosa, es una especie de medicina que me ayuda a estar en el montón de gente desesperada por comprar. Ayer deje de ir a buscar el diario, las informaciones manipuladas me invadieron, pero eso no va a permitir que no salga mas y la gente no lo siga comprando, fue solamente una decisión particular. Velloso, quien siempre lo vendía, me miro de mala manera, al ver que no llegue a su puesto. Trate de mirar fijo hacia delante, simulando que no pasaba nada, pero note que le dijo a su compañero algo de mí  y lo agredí de mala manera. No pasare de nuevo por esa cuadra.
El bar en la esquina al cual nadie va, estaba cerrado, el cartel se extendía a lo largo llamando a nadie.
Estoy arto de llevar este gorrito que hace sobresalir mi pelo groseramente llamando la atención, no lo uso para que me miren, aunque, algunos injustamente lo piensen. Dentro de dos cuadras vendrá lo peor, el banco. Ese espacio inmenso invadido por sellos, ruidos de artefactos y cualidades infinitas de ancianos a quienes detesto.
Me retrase dos día con  la factura de la luz y mañana la podrían cortar temprano. No toleraría que lo hicieran. Las grandes empresas exprimen a sus clientes y previamente a los trabajadores, quienes, lo sostienen todo.
Esa puerta con etiquetas de préstamos, ya me ha generado incomodidad. Era sabido que debía darle paso a una anciana, justo cuando iba a entrar, ella salía. Bueno después de todo lo toleré y le estoy dando paso,  ¡Gracias dijo!, lo único que le respondí fue un cortante, ¡Bueno de nada!. Mis manos progresan de nerviosismo. Di  un vistazo general. No había ninguna silla desocupada todas estaban ocupadas.
Desde la punta puedo ver como me observa un anciano indefenso o simula serlo, tratare de no mirarlo. Hay una cajera muy hermosa, quizás, sea nueva, nunca antes la había visto, además, usa anteojos como yo, quedo mirándola.
Otra vez, el anciano  observándome, la fila es similar a la que me encuentro y se marchara al mismo tiempo seguramente. Me entretengo con el papel, varios números aparecen en él, la suma total no coincide. Al principio puedo ver mi nombre y apellido John Crichton y seguidamente otra serie de datos. Voy a sacar la plata justa así me despachan lo mas rápido posible.
 Es muy hermosa la cajera, puede ser que le deje el número, pero no, esas banalidades no. Si lo rechazara quedaría como un estúpido.
La fila de la otra punta parece ir al mismo ritmo que la mía. Una vez mas, el anciano  penetrándome con su mirada inofensiva. Lleva una camisa y pantalones cortos. Es un burgués, seguramente, el reloj que tiene sobre su muñeca  vale mas de lo que puedo imaginar. No voy hacerlo. Son diez o veinte minutos mas, solo eso. Si lo hago estaría en un ambiente aun, peor. Buscare la forma de distraerme, no estará muy lejos. Hay una mujer de unos cuarenta años leyendo un libro, se ve claramente en su tapa  dice: Robin Cook “Ceguera Mortal”, un bestseller, lo único que sabe es escribir  acerca de la medicina, ahora me pregunto ¿Qué debo considerarme un intelectual o no? Si estoy haciendo critica  literaria.
Que suerte pasaron cinco minutos.
Parece que una maquina se rompió, la hermosa cajera no esta, se ha ido. Hay un hombre flaco de bigotes que nos anuncia a todos, que pronto el problema se solucionara.
Sin querer vi de nuevo al anciano observándome. Pero no, no quiero cometer el error más grande. Esos ambientes son demasiado, no lo toleraría y me suicidaría. Una vez mas y estaré obligado hacerlo. La dama regreso con su traje de oficina, es muy bella. La mujer que lee su libro a pasado a la siguiente pagina, parece que los ruidos no la desconcentran. Tratare de levantar el papel que se a caído entre mis zapatos. Me siento como ellos, un anciano. Justo al levantarme quedare de frente a la fila del sujeto que me mira. Haré un movimiento lento. Retomare nuevamente mi posición. ¡Hay esta! ,  mirándome nuevamente. No puedo controlarme ¿lo hago? ¡Ya esta! .Largo mi grito con un gran impulso conmoviendo a todos: ¡Deja de mirarme  anciano de mierda!  Inmediatamente  me di cuenta que estaba del otro lado de la línea, la que no debí pasar. La mujer que leía me miro atónita dejando caer su libro, la hermosa cajera volcó todo el desprecio que sentía hacia mí desde que había llegado. Saque el arma que se encontraba sujeta al cinto, escondida  en el saco  y dispare hacia a la cabeza del anciano, solo una vez. Todos lo que estaban a mi alrededor se agacharon creyendo que se trataba de un asalto y que podría haber mas victimas.
 La sangre de su cabeza salpico los vidrios llenos de publicidades y formo una laguna en el suelo que empezaba a deslizarse. Nadie había quedado a su alrededor. Uno entre la multitud decía: ¡Llamen a la ambulancia, llamen a la ambulancia! Parecía la voz de un hombre.
Eso fue lo único que recuerdo, pero no se trato de un asalto mal logrado, como dicen algunos, solamente, hice lo que sentí en ese momento.
Ahora estoy en este lugar lleno de gente interrogándome van y vienen, no paran. Ya les mencione todo, estoy cansado de decirlo una y otra vez, pero no lo entienden. Mañana confirmaron que me trasladaran a otra comisaría. Han pasado dos horas del hecho. Son insoportable estas esposas me ponen nervioso, creo que sentirme un anciano privado de su libertad.  No voy a tolerarlo.


                                                                          A los duendes
                                                                                     que esconden todo...

Bernabé De Vinsenci.

jueves, 19 de enero de 2012


Al otro día

¡Y ahora las malditas hormigas!- Exclamo, aplastando al indefenso insecto que caminada por su cuerpo.
Inútil fue intentar descansar, mas allá, de las pocas horas dormidas durante los días anteriores. La ducha reaparecía como una herramienta, pero realmente vana. Mojado, gozoso de frescor y aun, todavía insomne. Entre la muerte y la morbosidad del insomnio, es preferible la primera. El alma descansa o por los menos el cuerpo simula hacerlo. Sentía que su cama lo había desterrado y entonces, se vio obligado a tomar un pequeño catre. Bastante incomodo. Intento nuevamente dormir, cerraba sus parpados y en el interior sus ojos se desvanecían, pero de pronto el principio del sueño se consumía. El día y la noche, vivir y dormir entre la gran muchedumbre solos algunos se encontraran en situación viceversa. Bernard  Ackermann era unos de esos.
A esa altura de la noche, nadie predispone una compañía a la victima insomne, solamente el sueño quien estaba ausente. Bernard intuía que vendría en la apertura de la aurora. Entraría cumpliendo su verdadero labor, por supuesto, que en un horario tardío.
Decidió abrir la ventana de la calle, para que los leves sonidos del exterior entrasen.
Su piel blanca y la mirada de una vasta desesperación en la penumbra, lo sumergían en un mundo extraño. Un mundo de pocos. Permaneció allí, sólido y perceptible a las vibraciones menos notorias del día.
¡Ah…ah!- respondió ante el malestar de su ojo izquierdo.
Una pequeña basura podría haber entrado sin darse cuenta. Se levanto colérico y exaltado, desparramando las sabanas por el piso.
Frente al espejo distinguió el avanzado rojizo sobre la blancura de su ojo. Se sentía cada vez mas molesto. Abrió la canilla y mientras, el liquido caía, trataba de recogerlo pasándolo suavemente  por su ojo. Todo empeoraba y no encontraba la manera de calmar su nerviosismo. Tomo un trapo y lo paso detenidamente. Volvió a observarse en el espejo y su nivel de percepción había disminuido. Retomo el pasillo y al encontrarse con el catre, veía una enorme nube. Desesperadamente y chocándose los objetos intento salir por la puerta principal de su casa. Se detuvo y lentamente desnudo camino a su cama. Cerró los ojos y se durmió, sin saberlo.
 Mañana su hermana Ebba lo llevaría al medico para saber cual había sido la causa de su ceguedad y quienes se ocuparían de él.  

                                                                       
Bernabé De Vinsenci


TIEMPO ANIMAL.


Atrevida esfera, en un monótono andar.
Abstracción lineal
de mecanismos cíclicos.
Vehemente en lo onírico, audaz
en la escalera de la fabula.
Estrepitosos en la vigilia,
aspirando perpetuas sinfonías.
Afanes cercanos,
resentimientos de crónicas
que ablandan el karma.
El hombre infectado
en la contemplación, irguiendo
sus manos en lo rotundo,
raramente el insignificante que se
resguardaba dentro de él, lo
suprimió de asfixia,
frente a el liquido soez de tiempo.
Una silla
Solo una quedo solitaria con escasos movimientos
y un tiempo vagando hacia nadie.

Bernabé De Vinsenci.

miércoles, 18 de enero de 2012


SUELAS DESGASTADAS, RESISTIR

Los padres escuchaban la suplica de sus hijos frente a las amenazas, afuera el demonio buscaba celebrar su victoria con el exterminio. Aquellos mocasines rústicos, que combinaban con sus indumentarias, produjeron nada más y nada menos que estridencias y crujidos en aquel suelo pardo. Las lágrimas aún cohesivas en aquellas pestañas, fueron ignoradas por sujetos que entrecruzaban sus brazos frente a sus póstulas. En el refugio, asomadas las miradas atónitas distinguían al dictador.
Asombrados en un costado grandes compañeros de la tribu tomados como esclavos caminaban encadenados, perdiéndose en el sur bermejo del atardecer. Donde la utopia se esconde. Mientras, se entremezclaban en las aguas claras ofrecida por la naturaleza indefensa con sus paisajes y sueños, que buscaban borrar al malhechor impregnado en el hombre. Este lobisón con piel de espinas y cada una de ellas absorbiendo la dignidad. No sueña, esta creación no existe, aun, para él. Cuando la justicia estaba sentada en su trono, le afirmaron que andaba de emboscada, decididamente ella salio, pero este se le perdió de vista. Los años de su vida le pesan en sus piernas, por eso actualmente tarda.
Las telas, pasos de pies descalzos  danzando están haciendo vibrar la tierra, voces, alegrías y hermandad se siente en el altiplano. La luna contempla y le afirma al sol, lo que sucede, él decide acordar con la tierra para que difunda suavidad  a los que están en beatitud. Ellos no saben nada del verdugo. Es por eso que su dicha se vislumbra, sin pudor, sin latigazos.
El fuego perduraba aún, las cenizas viajeras danzaban al compás de aquellos ritmos regulares, entre sílabas auténticas como sus huellas dactilares, bajo el cosmos calidoscopio en el infinito.
Aquellas espinas encarnaban como dardos, hipnóticos ápices clavaban en esa superficie morena. Sus labios bembones, repletos de secreción, desprendían el hálito, ácido, acibarado. No podía evadir el clamor de la multitud.
¡Buscamos libertad!- Gritaban algunos de ellos.
Sus flechas en sus manos, intentaban disparar sobre el lobisón, que se había marchado con varios familiares. En sus interiores se proliferaban ciertas certezas de temor y también, en aquellos que fueran desconocidos en busca de amor. Sus memorias estaban marcadas, distraídas en las danzas y telares.
Uno de ellos debió sanar sus manos de sicario, ante la tormenta de un nuevo milenio, no de un simple orvallo, sino de esa que arrasaría las gravillas hacia sus ojos, que ni sus párpados podrán cubrir. Chozas incrustadas por la galerna, colores hincados en mejillas, secreciones descendiendo de aquél mentón, aplacaron el fuego y las cenizas se esfumaron en tan sólo un suspiro.
Inconcientes, los cubrió el cielo circense, amalgamados con la brisa, distraídos en sus vocablos, encendieron sus antorchas doradas, emprendieron un viaje impredecible, sin aminorar la marcha, ni mucho menos la estridencia de esos mocasines. Una marcha eterna de pies incansables y de comprensiones de sabiduría. Aquellas atmósfera interminable, carente de intervalos, allí inamovible, se encuentra cada quien, sobre su cien, aquello jamás pronunciado, ni siquiera por eso labios bembones, quizás ahora repleto de migajas y gotas que saben a aleación, albedrío.
El verdugo quedaba con su libertinaje circulando en la historia y la justicia descansando sus pies.




Bernabé De Vinsenci  -   Carmen Triacanthos



SUELAS DESGASTADAS, RESISTIR

Los padres escuchaban la suplica de sus hijos frente a las amenazas, afuera el demonio buscaba celebrar su victoria con el exterminio. Aquellos mocasines rústicos, que combinaban con sus indumentarias, produjeron nada más y nada menos que estridencias y crujidos en aquel suelo pardo. Las lágrimas aún cohesivas en aquellas pestañas, fueron ignoradas por sujetos que entrecruzaban sus brazos frente a sus póstulas. En el refugio, asomadas las miradas atónitas distinguían al dictador.
Asombrados en un costado grandes compañeros de la tribu tomados como esclavos caminaban encadenados, perdiéndose en el sur bermejo del atardecer. Donde la utopia se esconde. Mientras, se entremezclaban en las aguas claras ofrecida por la naturaleza indefensa con sus paisajes y sueños, que buscaban borrar al malhechor impregnado en el hombre. Este lobisón con piel de espinas y cada una de ellas absorbiendo la dignidad. No sueña, esta creación no existe, aun, para él. Cuando la justicia estaba sentada en su trono, le afirmaron que andaba de emboscada, decididamente ella salio, pero este se le perdió de vista. Los años de su vida le pesan en sus piernas, por eso actualmente tarda.
Las telas, pasos de pies descalzos  danzando están haciendo vibrar la tierra, voces, alegrías y hermandad se siente en el altiplano. La luna contempla y le afirma al sol, lo que sucede, él decide acordar con la tierra para que difunda suavidad  a los que están en beatitud. Ellos no saben nada del verdugo. Es por eso que su dicha se vislumbra, sin pudor, sin latigazos.
El fuego perduraba aún, las cenizas viajeras danzaban al compás de aquellos ritmos regulares, entre sílabas auténticas como sus huellas dactilares, bajo el cosmos calidoscopio en el infinito.
Aquellas espinas encarnaban como dardos, hipnóticos ápices clavaban en esa superficie morena. Sus labios bembones, repletos de secreción, desprendían el hálito, ácido, acibarado. No podía evadir el clamor de la multitud.
¡Buscamos libertad!- Gritaban algunos de ellos.
Sus flechas en sus manos, intentaban disparar sobre el lobisón, que se había marchado con varios familiares. En sus interiores se proliferaban ciertas certezas de temor y también, en aquellos que fueran desconocidos en busca de amor. Sus memorias estaban marcadas, distraídas en las danzas y telares.
Uno de ellos debió sanar sus manos de sicario, ante la tormenta de un nuevo milenio, no de un simple orvallo, sino de esa que arrasaría las gravillas hacia sus ojos, que ni sus párpados podrán cubrir. Chozas incrustadas por la galerna, colores hincados en mejillas, secreciones descendiendo de aquél mentón, aplacaron el fuego y las cenizas se esfumaron en tan sólo un suspiro.
Inconcientes, los cubrió el cielo circense, amalgamados con la brisa, distraídos en sus vocablos, encendieron sus antorchas doradas, emprendieron un viaje impredecible, sin aminorar la marcha, ni mucho menos la estridencia de esos mocasines. Una marcha eterna de pies incansables y de comprensiones de sabiduría. Aquellas atmósfera interminable, carente de intervalos, allí inamovible, se encuentra cada quien, sobre su cien, aquello jamás pronunciado, ni siquiera por eso labios bembones, quizás ahora repleto de migajas y gotas que saben a aleación, albedrío.
El verdugo quedaba con su libertinaje circulando en la historia y la justicia descansando sus pies.




Bernabé De Vinsenci  -   Carmen Triacanthos



IMAGINACIÓN

Envoltura vaciada de ilimitación,
juramentos de cadena y atrapada eternidad.
Un espacio ofrendado,
en un punto vislumbrado que nos deja pertenecer,
en la indiscutible manta del cosmos.
Videntes, insomnes y vacilando
nos encontramos imaginando
para expandir nuestra limitación.
En la cima reposando imaginando
acatando comprender que somos imaginación.
Somos una ruina imaginada,
dentro de una grandeza y perezosa imaginación.

Bernabé De Vinsenci


SER

Detallándote, la figura
expandida frente al espejismo,
él se ha hecho tu mismo.
 Eres imaginario,
 impuro ilusorio lubricado
en la existencia.

Has dejado de ser,
para encomendar tu pureza
autentica al engaño.

Tu parte que concluye
en la existencia, el ser,
esta del otro lado,
oculto, desgarrándose.

Es una posición en donde,
todos distinguen verte,
pero tu no.

Solo cuando el espejismo,
estalle fragmentado en pedazos,
él volverá a ti.

El ser.


Bernabé De Vinsenci

EXISTEN SOLO UNOS POCOS

La voluntad se definió en él, no poseía predominancia de cuerpo inanimado a pesar de su larga estadía en la tierra. Todavía su desprotegida piel recordaba cuando se cubría en décadas pretéritas con compuestos naturales llamados telas, irritándose, envasándose del frío que escarchaba agua acumulada. A veces por impulsiones involuntarias su esfera circular, es decir, su ojo, en la parte de la superficie se formaba un liquido transparente. La epidermis benévola  tendía arrugarse como un papel extremadamente fino y denotaba dialécticamente sus años. Inminentemente una emanación espantaba su entorno.
Seguía dejando preceder ademanes inanes de agresividad para que la penuria de viento lo acariciase. En su espalda encorvada, la muerte a diferencia de todos los demás individuos no estaba presente. Ella también envejece y antes de morir debe apuñalar, es su razón para ser parte de la existencia. Es inverosímil percibir que hay detrás de la carne que cubre nuestros pulmones. Pero si, desagradablemente esta la muerte cargada como una mochila silenciosa y analizando la ocasión para dar su maniobra. Algunos la llaman garrapatas invisible. En casos únicos primero muere ella, antes que la victima, solo cuando esta permanece demasiado tiempo en la tercera edad. De a poco su deterioro se ve progresivamente cuando se va perdiendo en el espacio que se encuentra. Un humo incontrolable amenazaba viniendo de las demás mesas y se penetraba sobre la ropa. Siempre los bares tienen ese detestable olor a toxico peculiar, que persuade a hombres de pelos canosos tratando de olvidar el, acepto. La mesa de los costados son las mas autenticas y entretenidas, el vidrio permite estar presente en dos mundos. De pronto, una voz ronca con un barniz intelectual se mezclo con las carcajadas.
- El hombre es una escultura que procede en la vida buscando su escultor. Lo que se conoce de él es una notable característica, su escaso empeño en los modelos- Dijo el anciano sin animar demasiado al extraño que lo acompañaba en la mesa. Él había ocupado la silla sin ninguna invitación, la especie de seno que produce el lugar hace que los clientes generen un lazo de hermandad, por eso había tenido tal atrevimiento.
Sus nariz delato un suspiro y el silencio se apodero nuevamente, quedando los dos en un pacto.
El espacio estaba aturdido en penumbra, gracias a la pequeña ventana podía entrar una pequeña porción de luz refractándose sobre la mesa, en donde ambos relajaban su brazos.
Sus labios se secaban, el monologo era muy extenso y su compañero no intervenía encarando ninguna gama de palabra, para permitirle una pausa de descanso. Lo único que noto de él era su enorme barba y una camisa prendida con tan solo tres botones. No podía distinguir el tono de su voz y tampoco la imaginaria.
Las luces monótonas en las calles se encendían automáticamente ordenado por el mismo anochecer.
- La vejez fecunda nostalgia, algunas historias se mezclan con recientes y la memoria se pierde. Parecido como recoger una hormiga, volver a echarla al montón y saber entre todas distinguirla- El anciano llevo el vaso de vino a su boca  y prosiguió- Hay personas que uno las ve todos los días y después se pierden como las nubes en el cielo- interrumpió levantándose de su posición- ¡Disculpe... debo ir al baño!- Mientras, se tomaba la panza.
El sujeto que lo acompañaba no dio indicio de repuesta, ni movimiento. Algunos clientes leían el diario y otros jugaban al pool.
-¡ Uno a esta altura del partido, le duelen  todos los huesos!- Exclamo rumbeando por el pasillo. 
Las hojas afuera empezaban a desprenderse de las plantas, el otoño enfrentaba al estío y los días se acortaban.
Cuando regreso, la mesa estaba solitaria, el sujeto callado de rasgos introvertidos se había marchado y su copa quedaba en el extremo vacía. Miro el vino rojizo ensanchándose con la figura del vaso, comprendiendo que solo era para un anciano como él. Se quedo hasta la madrugada, esperando que el mozo del bar le diga.
- Jefe en diez minutos cerramos- Y observaba su reloj color plata que había comprado en la relojería de Marchesani, sobre la esquina de la plaza y el cine, con  la plata de las propinas.
Bajo la oscuridad espero algún otro oído, que rara vez llegaría, siendo día de semana pocos circulaban a mas tardar  diez de la noche. En su mayoría todos trabajan y se acuestan temprano. A él no le importaba la condena de esa rutina, en su casa nadie lo esperaba mas que la cama desatendida y el desorden. De a poco las personas en el lugar disminuyeron. La silla vacía sirvió de compañía esa noche. El mozo le dijo que cerrarían mas temprano que de costumbre porque no quedaba nadie . Tomo el saco del respaldar de la silla y se tuvo que marchar. Antes se detuvo en la puerta y pregunto.
-  ¡Che.. Alejandro!... ¿ Te sobro algún diario viejo?-
- Si abuelo, fíjese debajo de la mesada que hay una caja llena, trate de no desordenarlos –Respondió, el mozo ocupado con una copa.
Cerro lentamente la puerta del bar con el diario bajo su brazo y sintió el primer frió de la noche. Mañana volvería y, quizás, alguien estaría esperándolo para una extensa charla.


Bernabé De Vinsenci

martes, 17 de enero de 2012


HAY, SIEMPRE  LO HABIDO Y LO HABRÁ

Hay una dicha que concede
la unión, la estrecha
e infinita liberación.
Hay un victimario que concede
el individualismo, la depredación
de una misma especie en
una superficie que le ofrece hermandad.
Hay una equivocación que concede
la desnudez, el pudor.
Hay un esfuerzo que concede
la utopía, el caminar.
Hay un enigma que concede
la muerte, el mas allá.
Hay una unión que concede
la naturaleza, la reciprocidad
sobre la humanidad.
Hay una espada que concede
la memoria, el no olvidar
para el presente amoldar.
Hay una virtud que concede
la diferencia de piel, la admiración.
Hay una longevidad que
posee la fe, eternidad.
Hay caminos que concede
la decisión, el poder elegirlos.
Solamente existe un epitafio,
solamente el de conceder.
               
                                            
                                                    Existen tiempos de insomnios
                                                                                solo algunos guardan felicidad...
                                
Bernabé De Vincensi.

UN VERDADERO HOMBRE

De todos los almas en la historia hubo una diferente un hombre, que después de dar un recorrido por el continente había terminados sus estudios definitivamente en seis meses rindiendo doce materias. Este joven medico llamado Ernesto era evidentemente un caminante incansable. Los ataques de asmas , la risa pintada en su rostro definían a un hombre que alcanzaba una altura de casi un metro ochenta.
Siempre decía que era un aventurero con la afinidad de ver las injusticias sociales. Tenia el honor de saber que los hombres no se liberan de por si solo sino en plena comunión. Seguir dando características seria acercarse a la excelencia de un hombre.
Quizás la posibilidad estaba en Bolivia. Estaban cerca del final. Ese día nunca había pensado la guerrilla que el propio suelo en donde caminaban seria el delator. Al pasar por un sembrado de papas los pies agotados dejaron sus huellas, aproximadamente eran cerca de diecisiete. Unos de los campesinos cercanos al lugar avisaría que la guerrilla estaba en el Río Yuro cerca de su desembocada  en el San Antonio.  De inmediato los militares enviaron varias patrullas. Lo peor se desataría alrededor de las una y media de la tarde La contienda entre los guerrilleros y  militares. Ernesto fue herido en  sus piernas. Su estado no le permitía contraatacar. Una de las balas hiere sus brazos y quedo inerme. Es así como aprovechan y finalmente cae prisionero. Las heridas eran diversas, pero su vida no corría peligro. Ahora dependía de dos hombres aristócratas uno era el capitán  Gary Prado Salgado y el otro Andrés Selnich. Guevara hablaba con los dos, inmóvil y débilmente. Luego es llevado por cuatros soldados a un cuarto pelado de una escuela del pueblo. Ahí en donde la revolución hace sus raíces, por medio de la educación. Hubo numerosas consultas de las autoridades militares.
Finalmente en la mañana del 9 de octubre, Guevara es ejecutado. Muriendo con sus ojos abiertos, sosegados y una sonrisa, transmitiendo un emblema al mundo, amor el medio de toda comunicabilidad, el medio de unión.


Bernabé De Vinsenci


DE SERES Y NO TAN.

El ser debió relacionarse, aunque se niegue.
Él esta hecho para relacionarse, al igual que el sistema
digestivo para nutrirse.


El hombre no puede realizar una quimera, para
no aceptar esta condición, quizás si, pero solo
unos pocos y con el tiempo adquieren un mundo
de meras fantasías, donde pronto los objetos
se convierten en personas.


No solo en los hechos existente el hombre crea,
también en los inexistentes hechos crea.
De a poco este ser pierde el juicio y pasa
a ser una pieza de la neurosis.

Finalmente su lógica navega eternamente
absorbida por la necesidad.

                         Hay cosas que parecen una enfermedad
                                         y aunque no lo sean quedan secuelas...

Bernabé De Vinsenci.

lunes, 16 de enero de 2012



EDAD DEL SOL.

Es evidente que reposa en el mismo espacio, en el mismo recinto infinito para una capacidad limitada. Quizás nació compañero por virtud de valentía. Pero jamás ningún aire y alma se acerco a él. Poco se sabe del espacio en que habita. Algunos juicios creen verazmente en suspiros de agonía e inhospedad, jamás han lograron llegar a esa casa de utopia, que se corre cada vez que uno intenta alcanzarla y solo sirve para caminar. En épocas antiguas donde los mitos ganaban en los continentes, creían que era la faceta de la esperanza y un emblema de admiración. Por edad se piensa que es sabio y que por eso decidió repudiar compañía. Es un inmenso astro de segundos instantes en la memoria y se lo suele distinguir como mándala, quizás, el  paterno mas antiguo. El agua es su contrincante y lo más insólito es que nunca se vieron, ella en décadas  le sirvió de espejo. Dicen que nació cuando la lengua no llamaba a las deidades.
Para algunos recónditos en los valles, fue dios. Un omnipotente en donde las almas en existencia giraban a su alrededor azoradamente.
Las hormigas soñaron siempre que ningún verdugo ensuciara su labor, por eso la naturaleza se ponía colérica ante prójimos cargados de sensatez con manos devastadoras.
Hay un día en donde la memoria olvido la fecha y el cosmos aprovecho a largar una sombra caminante que marearía al individuo. No se sabe en que horas fue, sin embargo, si en que momento, cuando los sueños invadían a la mayoría de la muchedumbre. Fue un festín etéreo de decisiones y discusión. Pero al amanecer el producto de la reunión vagaría en las calles, en el mundo entero sin olvidar ningún sendero. Nadie lo veía, él sin embargo si, a todos. Era tan libre que podía comprender a cada una de las situaciones e implantarse en ellas. Ese sujeto invisible era el sol, no su parte palpable, si nostálgicamente lo que el siente. Un gran intenso frío y una lejanía inalcanzable. Nadie sabe que el sol esta entre nosotros, que su entendimiento se hace llamar soledad. 
  
Bernabé De Vinsenci.

CUERPOS APLASTADOS.

 
Tu esencia escéptica
es la verdad de las cosas.
Las palabras se desvanecen ante
tus acciones, cayendo
en el reino de la contradicciones.
Tu raíz es el fecundo árbol
que no confunde el espécimen.
Tus ojos emanan  el
agua de moléculas emocional
que desecha la desdicha.
Tu hermandad es silenciosa
ante la plenitud de un distinguido ente.
Tu comprendes que el exceso
fonético emerge al repudio.
Tu sabes que las plantas forman
parte de nuestro organismo.
Tu sabes que los desacuerdos
son la imposición del pensar.
Tu sabes que finges dormir
porque no sueñas.
Tu sabes que aunque los vientres
se nieguen el amor maternal no muere.
Solo tu sabes.
Que las epidemias son suaves,
el espíritu de reciprocidad,
pero, también, tu sabes que es
la superficie contenedora
de la carne, osamenta y lo intangible,
aquellos que nos hace diferente,
que nos hace lobos de si mismo.

                                                                              
                                                       A un fantasma de América Latina... 
                                   
Bernabé De Vinsenci. 

CUERPOS APLASTADOS.

 
Tu esencia escéptica
es la verdad de las cosas.
Las palabras se desvanecen ante
tus acciones, cayendo
en el reino de la contradicciones.
Tu raíz es el fecundo árbol
que no confunde el espécimen.
Tus ojos emanan  el
agua de moléculas emocional
que desecha la desdicha.
Tu hermandad es silenciosa
ante la plenitud de un distinguido ente.
Tu comprendes que el exceso
fonético emerge al repudio.
Tu sabes que las plantas forman
parte de nuestro organismo.
Tu sabes que los desacuerdos
son la imposición del pensar.

Tu sabes que finges dormir

porque no sueñas.
Tu sabes que aunque los vientres
se nieguen el amor maternal no muere.
Solo tu sabes.
Que las epidemias son suaves,
el espíritu de reciprocidad,
pero, también, tu sabes que es
la superficie contenedora
de la carne, osamenta y lo intangible,
aquellos que nos hace diferente,
que nos hace lobos de si mismo.

                                                                              
                                                       A un fantasma de América Latina... 
                                   
Bernabé De Vinsenci.