martes, 6 de diciembre de 2011


Libertad


La presencia ilustre de imagen erudita se implemento en él, mientras, contemplaba los vastos intangibles pensamientos que se proliferaban, para luego marcharse en el intervalo de su respiración.   La ceniza acromática del cigarrillo se consumía como el tiempo de su vida reposado en la existencia. Refregó su mentón exhaustivo y los poros de su piel derramaban exiguas sales que el cuerpo detestaba. En la catarsis de los huracanes de poderío y la sumisión, saco su alama blanca de su anatomía doncel. El peso, las fatigas ya no reposaban el, ese condicionamiento que lo sometía en la perturbación estaba desechado en el mundo, por supuesto,  a su lugar de origen donde la subjetividad es el punto de partida.
Su alma era invisible al igual que su acción para liberarse de ella. Mientras llevaba el cigarrillo, otra vez a su boca, ahora con predominancia de color de la aurora. Su boca barnizada de dientes amarillos, donde seria juzgado por un receptor siempre juez. Entonces se pregunto ¿Y si lo sucio seria lo limpio? Cuando de repente en la vereda de enfrente vio pasar a un general. El espacio por donde transitaba estaba en orden, aunque, también había presencia de lo vulnerable, otra vez el filosofar se le imponía a que pensara ¿Mi alama esta desechada, el orden  de las cosas en el mundo es totalmente arbitrario? Esa pregunta lo había exaltado en un escalofrío súbito, que hacia de su piel una metamorfosis extraña.  Refregó  su pelo y tomo el pensamiento “El alma nace a partir de la pregunta y la molestia de hacerlo es el miedo en el hombre ante el mundo”
Después de permanecer varios minutos en neutralidad, se levanto parsimoniosamente. Se saco por completo la vestimenta que tenia puesta, que transmitía su pensar a lo exterior y camino por el sendero de la luz, por el sendero de lo arbitrario, por el sendero de la libertad desnudo. Mientras la sociedad quedaba en la ciudad atada por sus autocondicionamientos.


                       
Bernabé De Vinsenci

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