martes, 27 de agosto de 2013

Después del cuerpo inválido,
de la ciudad de los nichos:
todo es ninguna parte
que se confunde con la residencia.



Los martirios,
las catástrofes de fe,
los depó-sitios
como fuente de enseñanza,
el punto de fuga:
viento, movi-miento,
el síntoma de mi sombra
entrando.

Antes que suene el
ladrido, seré un guernica.

viernes, 23 de agosto de 2013


                                          Señalador

                                   Cuando está lleno,
          unas de las partes
                                            está               v a c í a.
                                       Puesto en su lugar
                                         el significado
                                    permanece intacto.
E
   s          e  l                  o             i               I                    t
                              m           v            m                   n                  o
      

                                            quien configura
                                             la denotación
                                     de un pasillo marcado
                                           por los f l  u  i  d  o          s.

                                      No vale la forma
                                      de los enunciados,
                                      cualquiera puede
                                      quedar atrapado
                                      en los contornos
                                      de un papel.


Otra vez la física,
una mancha en el centro.
Qué importa el segundo,
todo está a punto
de decidirse,
de ser juzgado.

                                          E l p a p e l
                                          p
                                          o
                                          n
                                          e
                                                        su límite,

                                          l o        d e m á s      s e p u d re.






La semanticidad 
despotiza el objeto,
no hace falta la física 
para poner 
en ecuación
dos enunciados.
La ley
fonética-semántica
o esqueleto ideológico 
arancelado está
por el pigmento
heredado.

Nuestra 
intervención
siempre ha sido 
destructuralizar
las formas 
del régimen 

anticuado.

martes, 20 de agosto de 2013

Sin aquí y ahora, acá
despose-(yéndome)
con la conciencia
suelta, íntima al cráneo.
Mil tres baldosas
sos-(tienen)
un bípedo arrojado,
paranoico de la vigilancia
in-(diferente).
-¿Qué hará con la libreta?
Agoniza la forma del mundo

cuando el lenguaje se lo permite. 
Si usted hubiese sabido de los hombres 
en el momento en que hubo de ser un espermatozoide 
habría intentado llegar último.

1.
El arte de los nombres
es el arte demoníaco.
Un primer nombre
para la obediencia,
un segundo nombre
para la subversión.
Qué paradoja los nombres,
con los vocablos disimulan
un extraño caso
como el del doctor
Jekyll y Mister Hyde. 

2.
El tiempo del té pequeño burgués
a la mitad del tiempo que yace en la tarde
sobre el regreso del hornero como un detective.
Hablemos -dice uno-matemos las cosas
con los proverbios del té.

3.


La escritura es el ocio más íntimo,
una forma de reliquia en los huesos
que permite a dos manos hipócritas,
la euforia huracanada en un pasillo
y una autenticidad atormentada.
Puede verse que la estrofa reunida
en la palabra común
no es más que un jeroglífico tedioso.

martes, 6 de agosto de 2013


"Hombre-sitio"

               El lenguaje sintetiza, reduce, capta las miles de intensidades de un segundo sobre un código delimitado, fracturado frente a todo lo que ha acontecido. En este rango puede ser que la existencia del lenguaje prevalece ante lo indefinido, como un proyectil amorfo. Michael Foucault dirá al respecto: “El lenguaje es, como saben, el murmullo de todo lo que se pronuncia, y es al mismo tiempo ese sistema transparente que hace que, cuando hablamos, se nos comprenda; en pocas palabras, el lenguaje es a la vez todo el hecho de las hablas acumuladas en la historia y además el sistema mismo de la lengua”. Pero a su vez, antitéticamente, el lenguaje embarca en sus episodios representatividades que trabajan la forma de un cuerpo, de ciertos puntos de fugas que subyacen en la contingencia, para constituirlos, y al mismo tiempo desfigurarlos. En tanto que el lenguaje es un fenómeno ambivalente, por momentos negativo, por momentos una contribución a la inmanencia, queda ajustado a una especie de dios, es decir, a la divinidad no vista, que se siente en donde todo lo sucedido, malo o bueno, está puesto según la voluntad de éste. Empero, es el hombre quien se ve atravesado y puesto como hombre mediante el lenguaje. De lo contrario hubiese creado un sistema de señales.
Hay un campo no delimitado, un campo heterogéneo susceptible de todo acontecimiento, regido por leyes inexistentes, leyes que se trazan solas. Este campo es individualizado como arte, atribuyéndosele vivencias universales, modos de trazar. Allí el lenguaje se vuelve el modo de nombrar lo inasignable, lo innombrable e inhaceptable, y enviste al lenguaje en posibilidad de decir, de negar el estado sugestivo, permitiendo mantenernos en una categoría posible de esquizoide, de no-individuo, de no-persona, un algo que se va formando en la medida que se va deformando a través de la desyoización. 
No existe, por su parte, una ontología del lenguaje que explique lo vivido, al hombre. Esta potencia maquinaria de tomar y arrojar, de poseer y desposeer, no requiere servirse de ninguna significación ni una patente que la identifique. En el decurso del siglo XIX el inicio de las ciencias ha estrangulado el lenguaje y se ha apropiado de él dándole al significado-significante y a la sintaxis un poder coercitivo e imperativo. En cierto sentido lo ha naturalizado en su discurso para impartirlo al resto de la sociedad, conceptualizando y atrapando las posibilidades de des-territorialización. 
Es en la poética donde el lenguaje comienza su intensidad de desahogo, en donde gran parte de la sociedad teme explorar en ella porque el lenguaje se le presenta desfigurado, anómalo, como un monstruo que busca removerle los cimientos. En el anti-edipo Gilles Deleuze y Félix Guattari dicen: “En un texto violentamente poético, Lawrence describe lo que hace la poesía: los hombres incesantemente se fabrican un paraguas que les resguarda, en cuya parte inferior trazan un firmamento y escriben sus convenciones, sus opiniones; pero el poeta, el artista, practica un corte en el paraguas, rasga el propio firmamento, para dar entrada a un poco del caos libre y ventoso y para enmarcar en una luz repentina una visión que surge a través de la rasgadura, primavera de Wordsworth o manzana de Cézanne, silueta de Macbeth o de Acab”. 

Es en el caos, en la irrupción de lo convencional, donde se da el punto de partida para desfragmentar todo cuerpo fragmentado. Ahí es en donde se busca horadar el muro, tornarse grieta en el cuerpo para salir de la piel, de los poros contaminados, asfixiados por la historia, historia-fascista, historia-régimen, historia-explotación. Cuando el lenguaje actualiza el contenido de su enunciado, es decir, que hace de su metalingüística un sui generis, desembalsama la individualización para repartirse a miles y millones de singularidades, marca el inicio de su permutación en la inmanencia de la vida, en un lienzo absorbido por líneas intensas, latitudes dispersas, continentes indistintos.
 En cierta medida el lenguaje alza su vuelo, despatologiza toda perturbación iniciada por la misma convención sintáctica de los modos que reproducen ciertos edificios jerárquicos. Si hablábamos acerca de la poética como un modo de acontecimiento inédito, una apertura y nuevas singularidades en el lenguaje. La obra-intervención “Hombre-Sitios” denota ésta posibilidad de desterritorializar, fundir sobre lo individualizado un lazo independiente, encontrar sobre estas individualidades un acceso a la singularidad. Desmenuzar órgano por órgano, sintaxis por sintaxis ésta carga que rellenan los signos vaciando a todo interlocutor, a todo espectador, a todo oído. En las páginas se ve una acumulación sintáctica acompañada por otro plano sintáctico-singular que a su vez condiciona y doblega el sentido de la acumulación-sintaxis primera. En cierta medida el acto-idea no tiene un armazón o señalización de indicaciones, la obra está abierta, es un porvenir sin destino, sin autoridad despojada de sí misma, hecha simplemente un punto de fuga lanzada a un horizonte incierto, que espera toparse con otros puntos de fuga. Es allí donde aúlla rizomáticamente, en la forma indefinida, inacabada, siempre dispuesta a toda alteración, a toda intervención, a todo nombramiento singular. Como decía Deleuze: “Los conceptos se definen por su capacidad de resonancia”. No hay nada ni nadie que anticipe el acontecimiento de la sensación; la obra salida como un punto de fuga se define y se dice por sí sola, por su resonancia. Si alguien alguna vez fue una niño sensible, y logra problematizarse con la obra, como ella misma dice, sabrá entender de qué se trata.


 



Libro de artista/
Agostina Quagliardi

Análisis de la obra/
Bernabé de Vinsenci.







La sujeción plena



Dos órganos, dos curvaturas corpóreas semejantes pero a su vez antagónicas. El cuerpo-niño, el cuerpo que deviene vida-desnuda, mistificada, extraña a su propio hábitat: lo biológico insoportable, cuantificado en sus movimientos. No es el hombre más que una constitución orgánica-ajena, cada parte es un todo impuesto desde la eugenésica, por lo tanto la imagen-semejanza, el cuerpo frente al poder queda al desnudo como residuo de un campo al cual no puede escapar.
El púber representa, simboliza el inicio de la metamorfosis, la etapa aún no-mutación y sin embargo convive con los lazos mutantes, con el devenir cuerpo-impropio. En razón el campo tensionado, mantiene a los individuos en un estado misógino, de bipolaridad-exterminio, desmantelado de la relación-corpórea, relación-vida que alguna vez fue. El hombre se vuelve productibilidad eugenésica, un cuerpo insoportable deseante de la auto-destrucción.



Bernabé De Vinsenci





Osvaldo

El vacío es una sacudida ridícula, producto de un campo en entera tensión: la colectividad y sus antípodas significaciones [Una máquina que reproduce, y sujeciona la culpa].  Un puto,-neologismo fascista- , conserva culpa, un recorte en su interior,  es decir, el  vacío. El vacío no radica en sí sobre el puto por lo contrario pertenece a la inmanente categorización: normalización u/o subjetivación social. Al hecho de que el –puto- o-gay- este mal visto,  ordinario, anómalo  para miles de ortodoxos constituidos a base de un poder eugenésico <lo bello es bueno>. Y ortodoxo es un canon de valores que aniquilan a múltiples elecciones, que caducan toda posibilidad: ciertos entrecruces de  acontecimiento singulares. El hecho de objetivar un deseo despierto es un hábito infame que sobrepasa al propio agente-objetivador. Se responde a un jurisdicción política de imperativos: 1)-El  gay-o-puto 2)-Ella lesbiana 3)-El hippie; y así sucesivamente, degastando las palabras hasta llegar a fantasear con nuevas para que las anteriores no  vuelvan a repetirse. En cierto modo se recluta un diccionario categorizador.
Con Osvaldo nos llevábamos suficientemente bien para no sentenciar que nos llevábamos perfectamente a gusto. La primera impresión que tuve frente a su aparición, hizo que lo confundiera con una especie de cerdo huraño. Procuré no acercármele jamás. Era albino y morrudo con voz de ganso y  flatulencias en los santiamenes menos oportunos. Sin embargo, a medida que el tiempo se abría como fluido de acontecimientos e inauditos sucesos, ocurrió todo lo contrario. No podíamos estar un día sin que hayamos ido a recorrer los suburbios en busca de viejas chusmas, las típicas cascarudas corduras. Con ellas entablábamos diálogos y si notábamos que eran verdaderas conservadoras o defensoras de Julio.A. Roca las insultábamos y nos echábamos a correr. “¡Guachos de mierda ya los voy  agarrar!-Gritoneaba una vieja y de súbito tropezaba con el cordón de la vereda. Varios vecinos acudían al hecho al tanto que maldecían a toda una generación. Para ese momento nos perdíamos en algún bulevar, o nos ocultábamos en la estructura de una obra en construcción. Más que pasatiempos de la mocedad eran  diabluras idealistas-utópicas. Considerábamos a estos actos de enfrentarnos como fenómenos anarquistas. Sin arribar a los quince años fumábamos “Benson & hedges” y profesábamos ser espías de un plan subversivo.
Inmediatamente cuando uno entrena la experiencia sobre realidad  [ la desinstitucionalización]  el conjunto de supersticiones-políticas son abatidas y nadie puede volver a recrearlas tal como se mostraban al principio. Cerca de 1933-1938 –en plena década de infame– había terminado trabajando como bibliotecario en una escuela de nombre: “Ezequiel Martínez Estrada” situada al fondo de un pueblito en la provincia de Santa Cruz. Realizaba horarios de corrido y una vez al año gozaba del aguinaldo que reservaba para futuras vacaciones [visitas al mueso de Ciencias Naturales en La Plata]. Eso me bastaba para vivir dignamente.
 De Osvaldo no supe más nada fueron años acumulados sin comunicación. Al finalizar el ciclo lectivo de la secundaria, me había mudado de provincia; tuve que soportar el desarraigo de un nómade. Ayer oportunamente la madre  de Osvaldo me expresó a través de un telegrama, que su hijo había ido a combatir voluntariamente en la Guerra Civil Española: “Osvaldo se nos ha ido a la Guerra (...) ­­­ No tenemos noticias exactas, el dictador Franco prohibió el contacto de los republicanos con el exterior. Quizás cuando todo concluya, dentro de poco, si Osvaldo logra escapar sabremos de él”.  Osvaldo se perdió entre los papeles del tiempo. Su madre nunca volvió a enviarme un telegrama. La Guerra terminó y los de Francos afloraron con su victoria. Obviamente Osvaldo no había podido decirme que sentía afecto por mí. Siempre lo había intuido desde la primera colisión de nuestras palabras.  Para que aquella relación de camaradas durara opté por hacerme el desentendido. Lo prefería así. Cada uno encuadrado en su identidad sexual, en su propio deseo, compartiendo un campo de confrontación de permutación entre dos singularidades. La única diferencia entre Osvaldo fue que él siendo  -marica- decidió ir a la guerra, y yo tan macho elegí por una vida serena y cálida, con domingos y feriados libres. A veces trato de cuestionar que estás peculiaridades son ininteligibles para una sociedad tan patologizada por la terquedad y robusta de coágulos-fascistas.Quizás algún día pueda ir a visitar a Osvaldo en Madrid. ¡Ojalá consiga encontrar el nicho!