martes, 25 de septiembre de 2012


RETORNAR, ASIMILAR Y ENRENTAR.

Despedirse... Que sentencia más horrenda. Y lo más sobresaliente de lo horrendo es el último palparse, sea un beso, o una caricia y encaminarse a una predio, no importa cual, en donde ya no se vea a el sujeto que se ha despedido. Un tanto hosca se hace la estabilidad  sobre la certeza de la imagen mental clavada en  cabeza, todo queda  como una escenografía de la mirada risueña y las manos en los bolsillos, sin un quehacer. Sin ningún quehacer que genera culpabilidad.
Lentamente los cuerpos toman distancia y el bulto incasable y las paredes revestidas de una cal insignificante, aturden todo lo que luego pueda suceder.
Retiro, galpón, suciedad, idas y vueltas, gentes y colectivos. Ahí es el lugar que llegué sin exactitud cerca de las doce del mediodía. Después de colocarme en cualquier asiento sin mirar el que indicaba el boleto. ¿No me permitís el asiento? Me desperté, saque el bolso, lo calce sobre mis piernas y seguí durmiendo, más incomodo que antes. Cómo a las dos horas, en el ínterin de paradas y subidas, escuche balbuceos ¡Ese es mi asiento! ¡Sí, pero el flaco está durmiendo! ¡Bueno cuando se despierte le digo! Nunca me iba a despertar, insinué dormir, y deje que optaran por cualquier asiento. Siempre algunos se mantenían vacíos.
¡Retiro! Dijo el chofer al llegar, el mismo que me indico “Dentro de seis minutos salimos”
Venía caminado con el bolso, y un libro en la mano en el medio de la ciudad- Claro, pensara el lector “Vos escribís, tratas de hacerlo por qué de letrado no tenés ni las manos y nombras: “Venía con un libro en la mano”
Como siempre mis intrigas son los libros, y hubo cabida a un puesto de revista en que se situaban dos o tres tapas capitales de las habituales. Esos clásicos que no dan ganar de leer la contratapa.
¿Te hago precio por estos dos? me dijo el empleado. No, lo leí al otro quiero el del Peronismo. Libro que me llevaría a no pensar en la llegada.
Al salir de la posición oblicua y casi agachada en la que me encontraba observando, con mi trasero le impedí el paso a una señora-Disculpe-¡Ah!!Exclamo ella con un tono de aire extranjero.
¿Cuántos nos sentimos extranjeros en nuestro país? Seguramente más de lo que los habitamos. Pero no es una sensación nefasta u occidental, si no que los espacios desconocidos nos dejan perplejos y muchas veces nos hacen descreer que son parte de nuestro territorio Nacional.
Las ventanillas en las que venden los pasajes, el vendedor esta cubierto por un nailon de espejo y no se le puede ver y oír nada, a mí no ha hecho  más que generarme que el que atiende es una criatura. ¡Un boleto, por favor! y sale a la mano con el papel antes de haber entregado el dinero suficiente.  
Me senté, el segundo y último colectivo para llegar. Lo único que recuerdo es haber parado en el costado de la ruta por que unos de los pasajeros debía hablar con dos policías. A las dos tenía que ir al banco y paranoico me sostuve todo el camino para no concretar nada de lo que presuponía finalmente.
¿Vas para la calle San Martín? No. Emprendí mi marcha caminando perdiendo los minutos. En mi mano sostenía el libro
De “Peter Waldmann” acerca del Peronismo. Realice unas siete u ocho cuadras. Sin estupor de mis ojos salieron algunas lágrimas. No sé si fue por el viento que hacía en la ciudad o la consecuencia del despido.

El despido no es nada más ni nada menos que metafísico. Una sensación etérea de pérdida. Y si no fuera así habría que darle una revisión al encuentro, por lo que se tendrá la viceversa sensación de la que se tiene en el despido.


Bernabé De Vinsenci.



viernes, 21 de septiembre de 2012


La parla

La tiniebla en Parla ciudad del hemisferio derecho de Dios se remite a noche, ella se reinicia tipo once de la mañana, horario en el que todos se encuentran limando sus uñas, ya que está prohibido tenerlas largas, se estanca y prontamente huye. Sin embargo, los hombres en  libre albedrío aprovechan en esta ciudad a las seis de la tarde para bajar los cuervos situados en los alambres, conductos que vienen de un cíclope con constituido a base de millones  de hormigas recolectadas por jóvenes de un sólo píe y les comen los ojos, en virtud a tener más visión.
Cuentan los viejos sabios de los alrededores de Parla que los ojos de cuervos "Rompen con la percepción histórica-normal, y los sentidos pueden detectar el más allá".
La desnudez, un día más agregado que tienen ellos de la semana, dejo de ser pudor en las muchedumbres y en las reuniones de plazas. El Canciller Groppens un viejo orejón y melenudo, comenzó a reutilizar su consciencia rompiendo ciertos cánones, encomendada por un divino creador y por ende, procreo  fetos que en el tiempo saltarían de aquí para allá, sin necesidad de dos piernas. No se le había ocurrido más que reformarlos-en la plena etapa de la pubertad- a que tuvieran  sólo un píe.
Hubo una radical transmutación de desarrollos y fines, los jóvenes no debían viajar, Parla era su único lugar y las únicas costumbres obligadamente tenían, y además de eso, estaba censurado platicar de las aventuras y  los intelectuales que no fuesen de allí.
En bulevares arcaicos-desde que se fundó Parla-los arboles poseían manos, las mismas como las que solemos ver a diario. En ese lugar las mujerzuelas perdían a sus novios de Venecia, ellos desaparecían cada vez que su muchacha miraba atónita hacía otra región y luego de decirle -¿Viste ese pájaro de ahí?-desaparecían súbitamente. Claro, esos novios no existían, sólo eran imaginación pura de las muchachas que aburridas de los machos de Parla inventaban  perfectos caballeros ¡Bondadosa y majestuosa imaginación tenían!
Hubo una vez un anciano que le contó a su vecina y esa vecina a la nieta de Carla que “Zubron” un hombre de unos veintinueve años sin diente llamado "El subversivo de Parla" Se había acostado con la esposa del “Canciller”, el mediador con lo divino para que las cosas y los proverbios funcionaran de manera correcta. Y que ésta mujer hosca y llena de arrugas y granos, se había enamorado profundamente y  vanamente del jovenzuelo.
Pero ¿Cómo iba a durar ese romance que tenía a una cabeza por un lado que insinuaba y otra qué realmente amaba a ciegas? ¿Y qué sucedería en una ciudad súbdita en dónde todos temían a la autoridad y estaban tan reprimidos, sí se enteraban del severo engaño hacia el Canciller, “Severo porque a él le resultaría así y a todos también”?
Bueno, sin que todos lo sepamos o si algún vivo lo sepa. La vecina dejo de contarle la historia a la nieta de Carla, por qué se había adormecido sobre la falda de la niña y comenzaba a largar baba de la boca
En lo cierto, sin dejar inconcluso todo, la nieta de Carla, siguió con la odisea de la siguiente forma: “Parla no es más que un mundo quimérico, todos los mundos los son y sin olvidarme el tiempo lo es. La realidad está formada a partir de una idea y desde la razón, porque si hay algo que nos distingue de las bestias, es la razón y la capacidad de ésta para poder idealizar ¡Ay qué frustración se me hace con la existencia puesta en práctica! Exclamaba la niña y le tapaba a la mujer los orificios de las narices para que dejara de dar ronquidos. Por eso quizás seamos más torpes, siguió la niña, porque entorpecemos la espontaneidad del ser. Los cuervos han sido lo más sobresaliente de todo lo narrado, por esta dormilona y molesta anciana.  Me decía que “los hombres de Parla, sacaban los ojos de los cuervos para comérselos y algo así como para que pudiesen  ver más allá” Pero creo que los cuervos eran tan genuinos que la misma voracidad de malicia de los  hombre sometidos querían romper con la perfecta naturaleza, y además de eso, parece que ellos envidiaban o envidian el error de la nuestra” Porque, pensándolo bien me parezco a unas de esas mujerzuelas”
Habrían pasado dos horas, la anciana se despertó mientras la niña jugaba con su gato.
-¿Querés que te siga contado?-
-No, gracias. Deja mis ojos tranquilos-Replicó y siguió balanceando sus manos hacía el pequeño gato.

Texto:
Bernabé De Vinsenci


Pintura:Nicolás Miramont