viernes, 24 de mayo de 2013

Al tanto que mecánicamente escribo los enunciados se deshilachan como fonemas y las enormes estrías de la fisionomía se contornan en su figura, porque en condolencias y desgarros siempre prevalece una oportunidad de forma;  de lo contrario cómo se podría mencionar la existencia de algo abstracto si en cada enunciado la mayoría señalaría un adjetivo diferente. La naturaleza de la forma es en la medida de que todos pueden darle un rasgo común a esa forma. Articulando cada parte, la vitalidad se evidencia y entre medio del ciclón el mismo caos podrá reconocerla.
¿Existe posibilidad de forma? El vacío es una oportunidad, la dimensión de querer ser manoseada, de articular esos huecos que lo componen. El vacío es el abismo de la forma  ¿Acaso  no se existe a base de las interpelaciones, intentando de dar forma a algo?

Bernabé De Vinsenci 

martes, 21 de mayo de 2013


Ese mal absoluto



La conciencia se confunde con la angustia,
ambas tienen algo en común: el vacío.



En tanto el individuo se encuentra aspirado por la historicidad no deja de emanar valores que se han germinado entre choques de los hechos. Un hecho no es una magnitud autónoma si no una sucesión de manifestaciones que se desempeñan atendiendo un campo social. Dentro de estos fenómenos se pretende constituir o desterrar a un supuesto adverso. Quizás la subjetividad, adherida a todo parto de manifestación, pueda contemplarse a sí misma en la medida que se diferencie de su oponente, adquiriendo de ese modo rasgos concretos  que se diferencian de un otro.
El sujeto incrustado en su historicidad no alcanza a definirse por una mera recopilación, o por particiones de su condición. La condición histórica del pasado excede al mismo sujeto, él no obstante se reconoce en el devenir por la misma esencia que reencarna ese devenir,  es decir, la transformación. Puede ser que el reciente dicho enunciado sea el pésame del optimismo.
Las situaciones específicas de los sectores sociales fluyen creando diversas condiciones. Desde esta perspectiva en un campo social de múltiples condiciones, las más inidentificadas comienzan a reagruparse tratando de asegurar una lucha propia, para atentar contra la condición enemiga que los ahoga. Descifrando al campo social con lo anteriormente expuesto, sale a luz como una intensa lucha intersubjetiva, donde una reagrupación de individuos ejerce un acto de rebelión para mantener en vida ese ritual de valores compartidos que se fundan desde su condición social ¿Podría pensarse la vida en una dimensión monótona exenta de toda lucha? Es preciso indicar que más allá de la escisión social impartida por el acto bélico, también él es cómplice de proporcionarle sentido al vacío. Entiéndase al acto bélico no en el término  más usual, sino  como un momento de intercambio entre dos condiciones desiguales. Es verdad que muchas veces surge en este espacio de intercambiabilidad la violencia, es decir, un factor de incomunicación,  un código no común.
¿Qué ha sido el  autoritarismo para la historia y los individuos? El autoritarismo ha sido, y lo sigue siendo aún, una entidad del sometimiento social, una entidad que busca aplanar todas las subjetividades hasta suprimirlas en la devastación. Bien sabe el autoritarismo que tarde o temprano su vigencia en el Estado acabará, sin embargo conoce lo que de él quedará, una ruptura generacional que se prolifera en las venideras, una ruptura que enferma un devenir y un pasado en la historia. No sería del azar que el fascismo censure lo que metafóricamente es el oxígeno de los individuos, la vitalidad o el regocijo, es decir, la alegría. Desde la opacidad el fascismo saca su provecho resurgiendo en lo social, la vitalidad fermentada, el espacio como tugurio insoportable, y funde a los constituyentes de un mismo sector en la dicotomía. En la medida que los modos de convivencia se restauran el hombre absorbe susceptiblemente las perversiones del núcleo autoritario. El proceso se encarna minuciosamente fecundándose en los individuos símilmente a una patología. Lo más atroz aún es que la peste de la subjetivación-oprimida se propaga hasta que los mismos sujetos se percatan desde la autonomía. En otras palabras hacen una higiene de la historia, desterrando los imperativos que ha promulgado el fascismo en sus vidas.  Para arribar más exactamente a lo que refiere el concepto de autonomía Cornelius Castoriadis dice: La autonomía consiste en controlar los deseos y saber que se los tiene. Cuando se habla de autonomía se habla de algo que es análogo a la capacidad de criticar el propio pensamiento, a la facultad de reflexionar, de regresar sobre lo que uno ha pensado y ser capaz de decir: “pienso esto porque me convence”. Si hablamos de las marcas del fascismo en la subjetivación del individuo podemos invocar la cura de esas marcas por medio de la autonomía.  Lo que se intenta explicar no es figuraciones abstractas, o inventivas sintácticas. Simplemente se expone que la historia moldea a quienes están inscriptos en ella, los individuos. Aquellos que logren tener  elementos de dominio instauraran en los dominados un cuerpo ajeno, un lenguaje ajeno tal así que solo puedan reconocerse, comportándose de manera ingenua, para el dominante. La autonomía implica la facultad de reflexionar, de concluir con un hombre que convive con significaciones intrusas.

Bernabé De Vinsenci 

miércoles, 15 de mayo de 2013


                


EL CROTO.


    La palabra hombre indudablemente no se refiere a un término singular donde directamente puede aparecer el sustantivo falo. Paralelamente hombre hace  alusión a una gran diversificación de “machos”, de seres que han sido y siguen siendo categorizados por sus más absurdos actos. Dentro de esta porción de especie, es decir, del conjunto de los machos, la mayoría de las veces se los suele nombrar bajo un seudónimo, por ejemplo: “Menchor”, “el Gringo” o “el Peludo”, entre otros. Tal es la significancia de los seudónimos que los auténticos nombres que figuran en los documento se evaporan. El puesto específico de los seudónimos radica en que encuadran a un individuo que cumple ciertos caracteres dentro del lazo de la vida. No importa la condición social, el seudónimo es impuesto desde el exterior, y el acosado debe encargarse de él, llevarlo como un amuleto. Hay un seudónimo “Pocho” que marcó su misticismo  en los años cuarenta, luego sería olvidado. Por supuesto, cosa usual que ocurre en los hombres. Pocho había sido hijo séptimo de un cacique Qom. En su etapa de mocedad había acometido una atrocidad que por cierto lo marcaría en el resto de su vida llevándolo a la demencia de convertirse en croto. Cuentan que por el hambre en cierta ocasión  Pocho se comió a un hermano muerto por el Mal de Chagas y seguidamente se echó a la fuga. Siendo así el primer inscripto en la lista de subversivo de la tribu. Después de andar sin lugar fijo, terminó radicándose ocasionadamente en un pueblo con no más de tres mil habitantes. Allí decidió juntar desechos y trapos que luego revendería para sustentar su vida. -El hombre para rebuscársela se ve obligado a convertirse en un inventor o científico- Le afirmaba Pocho a un púber. Y así fue que pasó de vendedor de trapos en los talleres mecánicos a bicicletero de segunda categoría. Por cuestiones ideológicas decididamente se negaba a ser un empleado. Porota, su vecina, generalmente le comentaba:

-¿Por qué no te empleas en algún lado? Vas a tener un ingreso fijo.
-¡No! De ningún modo, yo soy anarquista y me la rebusco sólo.

Seguidamente se encolerizaba y maldiciendo por lo bajo se marchaba parsimoniosamente.
A medida que los meses transcurrían el croto, cada vez ganaba más su repercusión de personaje. Y no había alguien  que no le cediera unos minutos para dialogar. En el setenta y tres fundó el primer gremio de anarquista en el poblado: “Crotos Anarquistas Por Un Provenir Sin Patrón” encabezando  marchas sindicalistas, y cortes de calles. Uno de los reclamos  del sindicato era reciclar todos aquellos elementos que las grandes corporaciones desechaban, para reutilizarlo, y revenderlo, sin necesidad de ser un peón o esclavo de algún oligarca. Los pocos crotos anárquicos que había en el pueblo tenían como lugar de encuentro  la plaza Hipólito Yrigoyen.  Los domingos aproximada la tres de la tarde los crotos hediondos empezaban a amontonarse. ­­­­ El insuperable fruto del sindicato meramente fue que un grupo de artistas recolectase los desechos para intervenirlos en sus obras. En la fecha del veintisiete de agosto del sesenta y cuatro Pocho falleció de una embolia cerebral, y pese a la falta de un líder en el montón los anarquistas se convencieron de que no debían seguir adelante con el proyecto. Actualmente Pocho es conmemorado después del gran Perón. Sólo existe una diferencia entre el general y el croto, que uno logró las ocho horas de jornadas laborales, y el otro intentó fallidamente buscar abolir el concepto peón-empleado.








Bernabé De Vinsenci
  

jueves, 9 de mayo de 2013





CATARISMO

                               Bernabé De Vinsenci

Ultrajada de pigmento blanco la prosa ofrece su palma, tupida de arrugas al lenguaje y los fonemas pioneros se animan a eyacular. La subjetivación nace de los sistemas de enunciados, es decir, de la vida que se ha logrado darle al pigmento blanco. El lenguaje expresa mortandades, auxilia todas aquellas cosas que requieren de la forma. A medida que recovecos opacos respiran se abren a la existencia, otros finalizan disipándose y no cabe en ellos más que una gota de cadáver. La vida es el resultado de la ecuación entre tragedia y comedia, entre ortodoxia y heterodoxia. ¿Y el lenguaje? ¿No esconde episodios de la sátira mundana?
Las conciencias arrojadas a la superficie terrestre dejan de percibir el fondo de la realidad. El lenguaje dice para encubrir, encubre para el vacío. El hombre en el universo es emperador de su tamaño. Cada ciclo que respira lo hace en función de expandir más el perímetro del lugar. El espacio constantemente estuvo en disputa, el conflicto era: si se agrandaba cada vez más o viceversa.  ¿Quién podrá decirlo? Nadie es astro, hijo, hermano de la vía láctea. ¿Y qué pasa en esos días en que un hombre se siente tomado por la subjetividad de otro hombre? El lenguaje salva del suicidio, familiariza los signos con el cuerpo ajeno. Alguna vez se pensó que la cabeza del hombre fue como el mundo de la Edad Media, con periferias que desembocaban al abismo, y con un centro de tugurio, si es la palabra justa. Cuando la prosa se acaba, el éxtasis se despide, el falo sale de la penetración y el cuerpo entra en su manía de estar muerto en vida.

jueves, 2 de mayo de 2013


     Título:   ¿                       ?

La subjetividad del hombre existe bajo  presión, apareada al desperdicio del clérigo contemporáneo. Si hemos visto constituirse el juicio del hombre frente al universo, hoy los ojos se pudren y el cuerpo no es más que un precipicio enajenado. Doble padecer, caída, pozo ignoto y convulsión de antinomia. La sublimación es un tendón estirado a punto de cortarse dentro de la humanidad. ¿Qué es trascender, si el lodo asfixia la condición del hombre? Somos (fuimos, seremos)  incapaces de arder en la realidad, vivimos (viviremos) de la superstición, el mito y la farsa globalizada. El tiempo tendría que desmitificar lo que el hombre ha mistificado, el espacio abrirse al lenguaje de un limbo con enunciados y la carne calcificarse. Redimir el tiempo de las sombras, el árbol pavimento y las injurias empaquetadas. Actual temporalidad, destierro, envejecimiento prematuro, conciencia violenta en su campo de concentración. La razón se despoja en el soplo, los débiles se arrebatan con ella y fortifican el suicidio a su hábitat. Gris es la faz celestial, y lava, la corteza terrestre, todos imantados en el delirio que no se percata de la náusea. Telones, y escenarios se pudren en el descontento, la trama pierde su rigurosidad, los papeles se infectan de temor, y la obra se arrodilla ante el espectador impaciente, intrigado por su percepción. Fallecer por la causa, revolver la historia, pulir el caos, corromper la sencillez. Inocuo, perturbador…las observaciones en el fin se vuelven cómplices.

Bernabé De Vinsenci