LEYENDA
Estaban al fondo de la avenida cercada con enormes
árboles, esa misma conectaba con un pequeño paraje de campesinos que vivan
rodeados de molinos.
La sociedad fue avisada de lo que ocurría, ellos se
encontraban lejos, aislados de la alerta. Caminando por un pequeño caminito al
costado del asfalto. El viento empezaba a empeorar, varias ramas caían sobre lo
llano produciendo un pequeño ruido y el gris empapaba el cielo que segundos
atrás se encontraba en beatitud. Venían taciturnos, después, de un largo tiempo
de plática y risas. Cada uno había notado la ausencia de los individuos. Los
automóviles y las bicicletas no transitaban. En un tiempo corto, nadie andaba.
-¿Has notado una diferencia?-Interrumpió el silencio, Mhyron.
- No… ¿Qué queres
decir?- Respondió, Kirgst, mientras, miraba fijo al suelo.
- No, nada-
Siguieron, en silencio, solamente las plantas hablaban
y algunos de los animales sobre los costados de la gran avenida, atrapados por
el alambrado arcaico. Kirgst, tomo un pequeño palo seco y empezó a golpearlo,
mientras, este cada vez se hacia mas pequeño. El eco de los estallidos se
alejaba turbiamente. Mhyron, por lo tanto, había encendido un cigarro, el
último que le quedaba, le dolía su cabeza y comenzaba a sentirse algo colérico.
Era una gran exageración. Ningún individuo andaba.
Entonces, Mhyron, pregunto a su compañero largando humo por su nariz.
-¿Te diste cuenta que no anda nadie?-
-¡No!-
- Ni siquiera una bicicleta cruzamos en todo el camino-
Por las pequeñas casas que habían pasado todo estaba
cerrado, incluso, hasta las mascotas se encontraban dentro de ellas. Caminaron
unos minutos y visualizaron un perro
inerte en el suelo hacia lo lejos. Cuando llegaron notaban que se encontraba
sin ojos. Lo exploraron y tampoco su lengua.
- ¡Que olor!- Exclamo, Kirgst, tocándolo con un
pequeño palo.
- ¡Déjalo, no lo toques -Respondió, Mhyron.
La fisonomía del animal, abierta en algunas partes,
parecía fresca. Sus órganos estaban calientes y la sangre reciente corría sobre
el suelo.
- ¡Vamos Kirgst!- Repuso, Mhyron.
Siguieron caminando. En unos de los lugares que
pasaron un auto estaba estacionado con
la puerta abierta y dentro no se encontraba nadie. La casa mas próxima
estaba asegurada con varias maderas y grandes clavos sobre sus extremos. Mhyron observaba todos los detalles.
En cambio, Kirgst, se entretenía con elementos que
encontraba en el camino. Algunos de lo arrojaba sobre la cuneta para ver la reacción del agua
y a los otros lo hacia perder sobre malezas.
-¡Regresaremos Kirgst- Añadió, Mhyron.
- ¿Como que regresaremos?- Respondió, atónito.
- ¡Si, vamos a
regresar!-
Kirgst,
permaneció en silencio, notando la gran
cólera de su compañero, no se predisponía hablar de nuevo. Caminaban de regreso.
A lo lejos había montes, vacas y pequeñas ovejas. Era un placentero paisaje.
Un camión paso
de repente, a gran marcha y doblo en un
callejón, justo, en el cruce donde varias personas mueren en accidentes de
transito. El gran ruido de la maquina se oía hacia los lejos, pero la
estructura se había perdido.
Las energías
habían bajado, estaban algo fatigados y con sed. Innumerables palomas en el
cielo empezaban a moverse en un gran caos, todas iban y venían, incluso,
algunas no sabían su marcha, la desesperación las obligaba a moverse.
- ¿Qué es lo que ocurre Mhyron?- Pregunto, Kirgst
pálido.
- No se-
Miro a su alrededor y con una de sus manos saco los
pelos que estorbaban su vista
- Parece que algo raro sucede ¡Camina mas rápido!-
Ambos lo hacían
de la misma manera, sus piernas iban a grandes pasos. Un individuo corría desesperadamente y venia hacia ellos.
-¡La bestia, La bestia! ¡Ha regresado, es la bestia!-
Sus manos se
movían para todos lados y los ojos se les sobresalían, parecía un demente.
- ¡Corre Kirgst! ¡Corre Kirgst!-
Empezaron a correr, comprendiendo lo que sucedía.
Porque nadie andaba, porque las casas aseguradas. La leyenda contada por los
ancianos. Debían llegar a su casa y refugiarse lo antes posible, cerrar las
puertas, ventanas y esperar hasta que se haga de día. ‹Cuentan los ancianos de la ciudad que cada miles de año un cuerpo del
cementerio sale a comer personas, por la realización de la magia negra durante varios
años sobre las tumbas›.
Corrían a gran velocidad, con la sensación de cuando
se sueña. Mhyron piso una raíz que sobresalía y se tropezó formando una herida
sobre su pierna izquierda.
-¿Estas bien?- Le pregunto desesperadamente, Kirgst,
mientras, trataba de ayudarlo.
- ¡Si, corre….corre!-
Su pierna
estaba repleta de sangre y manchaba sus zapatos. Debían correr y llegar cuanto
antes. Entraron en la ciudad no había nadie, todas las casas estaban aseguradas.
Los comercios tenían las persianas bajas y algunos estaban abiertos. Papeles
vagaban por el suelo. Al encontrarse con la Avenida 9 de julio, doblaron por Sarmiento.
Estaban cerca, pero todavía en peligro.
- ¡Me duele la pierna!- Exclamo, Mhyron, exaltado.
- ¡Solo un poco más y llegamos!-
Antes de cruzar unas de las cuadras angostas un,
automóvil, pasó a gran velocidad y se estallo contra un árbol. No se detuvieron,
tenían que seguir, probablemente el conductor estaba muerto.
-¿tenes la llave Mhyron?-Dijo, Kirgst, sobre la enorme
puerta de la casa.
- Si- Respondió dándosela y sus manos temblaban.
Entraron los
objetos estaban desorganizados como ellos mismos los habían dejado. Una bolsa
se deslizaba por el suelo y el televisor estaba prendido en el canal de
siempre.
De inmediato, tomaron sillas, roperos y la mesa de la
cocina para cubrir las puertas y demás salidas que tenía la casa. Arriba una de
las ventanas estaba cubierta.
-Debemos permanecer en silencio- Le dijo, Mhyron, al
oído.
- Creo que me iré a dormir, estoy muy cansado-
- Bueno, yo voy a quedarme acá abajo -
Se hizo de noche. La ciudad estaba poseída por un gran
silencio, todos dentro de sus casas y con gran temor. Mhyron, miro su reloj, señalaba
las dos de la mañana. Debían esperar hasta que el sol saliera y la bestia
desapareciera. Contemplaba la aguja como un entretenimiento. En su frente tenia
varias gotas diáfanas de sudor. El cuerpo estaba húmedo debido a la
transpiración y sus manos temblaban.
Todavía tenía en la nariz aquella emanación del perro
muerto, lo que le producía una especie de nausea. Se levanto a curarse la pierna
antes de que se infectara, la sangre se había secado. El papel y el alcohol estaban
en el baño. Se dirigía lentamente en punta de pies. Cuando de repente, escucho varios golpes en el techo. No
parecían de gatos. Estos eran más soez y pesados. Se escondió debajo del
sillón, no podía contener su respiración tan violenta, unas pequeñas lagrimas
caían de sus ojos y la espalada estaba mojada pegándose contra el suelo frió.
Otra vez los pasos volvió a escuchar y la bestia largaba un ruido extraño de su
boca. Pensó: ¨ Kirgst esta en la habitación¨, las chapas seguían sonando, ella trataba
de buscar algún lugar para poder entrar. Habían Olvidado unas de las ventanas en
la habitación que estaba tapada por una cortina blanca y se confundía con la
pared. Era tarde, demasiado tarde. Súbitamente se escucho desde arriba.
-¡Mhyron, ayuda! ¡Auxilio! ¡Auxilio!-Y luego los
gritos se apagaron.
Solamente podía escuchar desde abajo como comía las
partes, los ruidos de los tendones y estallidos de los órganos al caer sobre el
suelo. La sangre empezaba a deslizarse en la escalera de madera.
Escucho la puerta abrirse de un golpe. La bestia bajo
con la cabeza de Kirgst llena de sangre en sus manos y recorrió la sala. Parecía
una especie de humano deforme, no tenía piel y la carne estaba quemada. Pasó
por delante de sus ojos y luego se fue. Mhyron
se durmió y amaneció con el sol chocando sobre su frente.
“Mostrar
las expresiones no es aumentar el ego, es calmar la confusión internas a través
de ellas. Para servir al bienestar”
Bernabé De Vinsenci
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