jueves, 29 de diciembre de 2011


LEYENDA

Estaban al fondo de la avenida cercada con enormes árboles, esa misma conectaba con un pequeño paraje de campesinos que vivan rodeados de molinos. 
La sociedad fue avisada de lo que ocurría, ellos se encontraban lejos, aislados de la alerta. Caminando por un pequeño caminito al costado del asfalto. El viento empezaba a empeorar, varias ramas caían sobre lo llano produciendo un pequeño ruido y el gris empapaba el cielo que segundos atrás se encontraba en beatitud. Venían taciturnos, después, de un largo tiempo de plática y risas. Cada uno había notado la ausencia de los individuos. Los automóviles y las bicicletas no transitaban. En un tiempo corto, nadie andaba.
-¿Has notado una diferencia?-Interrumpió el silencio, Mhyron.
- No… ¿Qué  queres decir?- Respondió, Kirgst, mientras, miraba fijo al suelo.
- No, nada-
Siguieron, en silencio, solamente las plantas hablaban y algunos de los animales sobre los costados de la gran avenida, atrapados por el alambrado arcaico. Kirgst, tomo un pequeño palo seco y empezó a golpearlo, mientras, este cada vez se hacia mas pequeño. El eco de los estallidos se alejaba turbiamente. Mhyron, por lo tanto, había encendido un cigarro, el último que le quedaba, le dolía su cabeza y comenzaba a sentirse algo colérico.
Era una gran exageración. Ningún individuo andaba. Entonces, Mhyron, pregunto a su compañero largando humo por su nariz.

-¿Te diste cuenta que no anda nadie?-
-¡No!-
- Ni siquiera una bicicleta cruzamos en todo el camino-

Por las pequeñas casas que habían pasado todo estaba cerrado, incluso, hasta las mascotas se encontraban dentro de ellas. Caminaron unos minutos y visualizaron  un perro inerte en el suelo hacia lo lejos. Cuando llegaron notaban que se encontraba sin ojos. Lo exploraron y tampoco su lengua.
- ¡Que olor!- Exclamo, Kirgst, tocándolo con un pequeño palo.
- ¡Déjalo, no lo toques -Respondió, Mhyron.
La fisonomía del animal, abierta en algunas partes, parecía fresca. Sus órganos estaban calientes y la sangre reciente corría sobre el suelo.
- ¡Vamos Kirgst!- Repuso, Mhyron.
Siguieron caminando. En unos de los lugares que pasaron un auto estaba estacionado con  la puerta abierta y dentro no se encontraba nadie. La casa mas próxima estaba asegurada con varias maderas y grandes clavos sobre sus extremos. Mhyron  observaba todos los detalles.
En cambio, Kirgst, se entretenía con elementos que encontraba en el camino. Algunos de lo arrojaba  sobre la cuneta para ver la reacción del agua y a los otros lo hacia perder sobre malezas.
-¡Regresaremos Kirgst- Añadió, Mhyron.
- ¿Como que regresaremos?- Respondió, atónito.
- ¡Si, vamos a  regresar!-
 Kirgst, permaneció en silencio,  notando la gran cólera de su compañero, no se predisponía hablar de nuevo. Caminaban de regreso. A lo lejos había montes, vacas y pequeñas ovejas. Era un placentero paisaje.
 Un camión paso de repente,  a gran marcha y doblo en un callejón, justo, en el cruce donde varias personas mueren en accidentes de transito. El gran ruido de la maquina se oía hacia los lejos, pero la estructura se había perdido.
 Las energías habían bajado, estaban algo fatigados y con sed. Innumerables palomas en el cielo empezaban a moverse en un gran caos, todas iban y venían, incluso, algunas no sabían su marcha, la desesperación las obligaba a moverse.
- ¿Qué es lo que ocurre Mhyron?- Pregunto, Kirgst pálido. 
- No se-
Miro a su alrededor y con una de sus manos saco los pelos que estorbaban su vista
- Parece que algo raro sucede ¡Camina mas rápido!-
Ambos  lo hacían de la misma manera, sus piernas iban a grandes pasos. Un individuo  corría desesperadamente y venia hacia ellos.
-¡La bestia, La bestia! ¡Ha regresado, es la bestia!-
 Sus manos se movían para todos lados y los ojos se les sobresalían, parecía un demente.  
- ¡Corre Kirgst! ¡Corre Kirgst!-
Empezaron a correr, comprendiendo lo que sucedía. Porque nadie andaba, porque las casas aseguradas. La leyenda contada por los ancianos. Debían llegar a su casa y refugiarse lo antes posible, cerrar las puertas, ventanas y esperar hasta que se haga de día. ‹Cuentan los ancianos de la ciudad que cada miles de año un cuerpo del cementerio sale a comer personas, por la realización de la magia negra durante varios años sobre las tumbas›.
Corrían a gran velocidad, con la sensación de cuando se sueña. Mhyron piso una raíz que sobresalía y se tropezó formando una herida sobre su pierna izquierda.
-¿Estas bien?- Le pregunto desesperadamente, Kirgst, mientras, trataba de ayudarlo.
- ¡Si, corre….corre!-
 Su pierna estaba repleta de sangre y manchaba sus zapatos. Debían correr y llegar cuanto antes. Entraron en la ciudad no había nadie, todas las casas estaban aseguradas. Los comercios tenían las persianas bajas y algunos estaban abiertos. Papeles vagaban por el suelo. Al encontrarse con la Avenida 9 de julio, doblaron por Sarmiento. Estaban cerca, pero todavía en peligro.
- ¡Me duele la pierna!- Exclamo, Mhyron, exaltado.
- ¡Solo un poco más y llegamos!-
Antes de cruzar unas de las cuadras angostas un, automóvil, pasó a gran velocidad y se estallo contra un árbol. No se detuvieron, tenían que seguir, probablemente el conductor estaba muerto.
-¿tenes la llave Mhyron?-Dijo, Kirgst, sobre la enorme puerta de la casa.
- Si- Respondió dándosela y sus manos temblaban.
 Entraron los objetos estaban desorganizados como ellos mismos los habían dejado. Una bolsa se deslizaba por el suelo y el televisor estaba prendido en el canal de siempre.
De inmediato, tomaron sillas, roperos y la mesa de la cocina para cubrir las puertas y demás salidas que tenía la casa. Arriba una de las ventanas estaba cubierta.
-Debemos permanecer en silencio- Le dijo, Mhyron, al oído.
- Creo que me iré a dormir, estoy muy cansado-
- Bueno, yo voy a quedarme acá abajo -
Se hizo de noche. La ciudad estaba poseída por un gran silencio, todos dentro de sus casas y con gran temor. Mhyron, miro su reloj, señalaba las dos de la mañana. Debían esperar hasta que el sol saliera y la bestia desapareciera. Contemplaba la aguja como un entretenimiento. En su frente tenia varias gotas diáfanas de sudor. El cuerpo estaba húmedo debido a la transpiración y sus manos temblaban.
Todavía tenía en la nariz aquella emanación del perro muerto, lo que le producía una especie de nausea. Se levanto a curarse la pierna antes de que se infectara, la sangre se había secado. El papel y el alcohol estaban en el baño. Se dirigía lentamente en punta de pies. Cuando de repente,  escucho varios golpes en el techo. No parecían de gatos. Estos eran más soez y pesados. Se escondió debajo del sillón, no podía contener su respiración tan violenta, unas pequeñas lagrimas caían de sus ojos y la espalada estaba mojada pegándose contra el suelo frió. Otra vez los pasos volvió a escuchar y la bestia largaba un ruido extraño de su boca. Pensó: ¨ Kirgst esta en la habitación¨, las chapas seguían sonando, ella trataba de buscar algún lugar para poder entrar. Habían Olvidado unas de las ventanas en la habitación que estaba tapada por una cortina blanca y se confundía con la pared. Era tarde, demasiado tarde. Súbitamente se escucho desde arriba.
-¡Mhyron, ayuda! ¡Auxilio! ¡Auxilio!-Y luego los gritos se apagaron.
Solamente podía escuchar desde abajo como comía las partes, los ruidos de los tendones y estallidos de los órganos al caer sobre el suelo. La sangre empezaba a deslizarse en la escalera de madera.
Escucho la puerta abrirse de un golpe. La bestia bajo con la cabeza de Kirgst llena de sangre en sus manos y recorrió la sala. Parecía una especie de humano deforme, no tenía piel y la carne estaba quemada. Pasó por delante de sus ojos y luego se fue. Mhyron  se durmió y amaneció con el sol chocando sobre su frente.


“Mostrar las expresiones no es aumentar el ego, es calmar la confusión internas a través de ellas.  Para servir al bienestar”


Bernabé De Vinsenci









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