martes, 27 de diciembre de 2011


Las almas murieron

La corteza de minerales y cultivos había sido prontamente depredada por la historia. Esa llamada civilización había convertido el mundo autentico y divino en un cielo e infierno imaginado por ellos mismos. Las moscas reposaban sobre los recipientes de azúcares muertas y algunas de ellas flotando. Algunos árboles habían invadido las estructuras, era un poderío vegetal sobre lo material. Fue entonces cuando la tarde luchaba frente a su tormento. En lo nocturno su goce de cansancio resguardaría, como las baldosas de una plaza lo hacen frente al suelo. Las nubes se esfumaban del cielo azul que cerraba su día y le brindaba el papel a la noche. Varios proletariados habían sido sumisos, un día más y los opresores llegaban conformes a sus casas. En lo más lejano de estas tierras algunos niños lloraban frente a la violencia.
Las pequeñas esponjas de nubes que se esparcían sobre el cielo repudiaban los rayos apagados y fatigados después de  su gran labor. Fue como si cerrasen la puerta que le brinda una pequeña porción de luz a una habitación. La sociedad por segundo cerró los ojos y el cielo se imprimió oscuro. La civilización no es energía pura, es humana y por lo tanto necesidad descansar su cansancio. Aquellas normas transitadas durante el día. En un costado de la comunidad, en el izquierdo. Ni gatos, ni individuos andaban. Era un escenario puro solitario y esencial para las almas. Ellas habían entrado danzando con pureza de libertad en su interior. Sus pasos eran soez frente a la tierra. La luna al observarlas quedo atónita y abrió mas sus ojos iluminando el escenario por completo. Los roces hacían ceniza a la consciencia. Una forma circular habían formado y la respetaban de forma monótona. La montaña vibraba y los minerales caían hacia la civilización que soñaba. Era la mitad del rito, en su mayoría se encontraban fatigadas. Todas necesitaban tregua. Pero algunas seguían. En cambio otras empezaban a ponerse coléricas. La danza se hizo escisión, por un lado las que seguían, por el otro las cansadas. Pero la sed penetro ahora en todas, la práctica se dejo. En su mayoría habían tomado la decisión de sentarse bajo un árbol.
Una de ellas grito, inesperadamente.
-¡Tengo sed!- Mientras su voz se expandía sobre el escenario creado.
Algunas repetían lo mismo, una y otra vez. La sed era su principal menester. Aunque ellas se habían paralizado la noche seguía su papel y la luna contemplaba taciturna. El  calor sobre el otro lado de la tierra no se sentía. Fue entonces, cuando la aurora los encontró. Todo el día sobrellevando el sufrimiento de la sed. Otra vez la etapa nocturna las encontró, ahora muertas y en posiciones desorganizadas. Ellas habían sido victimas de la sed victimaría. Pero nadie de la muchedumbre se había dado cuenta que detrás de ese árbol había una plazoleta invadida. Su superficie estaba repleta por agua. Fue así, entonces, que la solución de su muerte había estado sobre sus espaldas, detrás del arcaico árbol, pero nadie había sugerido beber de allí.
Varios años después un niño decidió ir a escribir en ese lugar. Un papel blanco y una pluma acostumbraba a llevar a lo que escribió la siguiente poesía
.
La tarde lucha
frente a su tormento.
En lo nocturno
su goce de cansancio resguardo.
Proliferadas nubes
adquirían repudio frente a los rayos.
El inmenso asfalto
había disminuido.
Las almas habían entrado danzando.
Perpleja la nube observaba.
En lo roces de las almas la consciencias se hacían ceniza.
Muchedumbre fatigada y colérica.
La danza se hacia escisión.
La sed severamente penetraba en
cada una de ellas.
El cansancio lo había obligado a sentarse delante de un árbol.
Una de ellas había añadido
¡Tengo sed!

El tiempo se hacia infinito
y la sed menester.
La aurora los encontró
Sentados.
Y nuevamente lo nocturno muertas.
Había sido imposible no calamar la sed.
Pero detrás de ese árbol
había una plazoleta de agua diáfana.
¿Y como el agua es menester para las almas?

El niño al término dejo en un costado las cosas y tomo la pregunta en su cabeza ¿Y como el agua es menester para las almas? Pero las almas no necesitan agua pensaba para si mismo. De repente vio que dios birlaba las almas de la civilización, mientras, los cuerpos caían. Todo había sido una confusión, si jamás las almas necesitaron agua. Dios se vio avergonzado. Confuso en su creación.  


Bernabé De Vinsenci

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