Las almas murieron
La corteza de minerales y cultivos había sido
prontamente depredada por la historia. Esa llamada civilización había
convertido el mundo autentico y divino en un cielo e infierno imaginado por
ellos mismos. Las moscas reposaban sobre los recipientes de azúcares muertas y
algunas de ellas flotando. Algunos árboles habían invadido las estructuras, era
un poderío vegetal sobre lo material. Fue entonces cuando la tarde luchaba
frente a su tormento. En lo nocturno su goce de cansancio resguardaría, como
las baldosas de una plaza lo hacen frente al suelo. Las nubes se esfumaban del
cielo azul que cerraba su día y le brindaba el papel a la noche. Varios
proletariados habían sido sumisos, un día más y los opresores llegaban
conformes a sus casas. En lo más lejano de estas tierras algunos niños lloraban
frente a la violencia.
Las pequeñas esponjas de nubes que se esparcían sobre
el cielo repudiaban los rayos apagados y fatigados después de su gran labor. Fue como si cerrasen la puerta
que le brinda una pequeña porción de luz a una habitación. La sociedad por
segundo cerró los ojos y el cielo se imprimió oscuro. La civilización no es
energía pura, es humana y por lo tanto necesidad descansar su cansancio.
Aquellas normas transitadas durante el día. En un costado de la comunidad, en
el izquierdo. Ni gatos, ni individuos andaban. Era un escenario puro solitario
y esencial para las almas. Ellas habían entrado danzando con pureza de libertad
en su interior. Sus pasos eran soez frente a la tierra. La luna al observarlas
quedo atónita y abrió mas sus ojos iluminando el escenario por completo. Los
roces hacían ceniza a la consciencia. Una forma circular habían formado y la
respetaban de forma monótona. La montaña vibraba y los minerales caían hacia la
civilización que soñaba. Era la mitad del rito, en su mayoría se encontraban
fatigadas. Todas necesitaban tregua. Pero algunas seguían. En cambio otras
empezaban a ponerse coléricas. La danza se hizo escisión, por un lado las que
seguían, por el otro las cansadas. Pero la sed penetro ahora en todas, la
práctica se dejo. En su mayoría habían tomado la decisión de sentarse bajo un
árbol.
Una de ellas grito, inesperadamente.
-¡Tengo sed!- Mientras su voz se expandía sobre el
escenario creado.
Algunas repetían lo mismo, una y otra vez. La sed era
su principal menester. Aunque ellas se habían paralizado la noche seguía su
papel y la luna contemplaba taciturna. El
calor sobre el otro lado de la tierra no se sentía. Fue entonces, cuando
la aurora los encontró. Todo el día sobrellevando el sufrimiento de la sed.
Otra vez la etapa nocturna las encontró, ahora muertas y en posiciones
desorganizadas. Ellas habían sido victimas de la sed victimaría. Pero nadie de la
muchedumbre se había dado cuenta que detrás de ese árbol había una plazoleta
invadida. Su superficie estaba repleta por agua. Fue así, entonces, que la
solución de su muerte había estado sobre sus espaldas, detrás del arcaico árbol,
pero nadie había sugerido beber de allí.
Varios años después un niño decidió ir a escribir en
ese lugar. Un papel blanco y una pluma acostumbraba a llevar a lo que escribió
la siguiente poesía
.
La tarde lucha
frente a su tormento.
En lo nocturno
su goce de cansancio resguardo.
Proliferadas nubes
adquirían repudio frente a los rayos.
El inmenso asfalto
había disminuido.
Las almas habían entrado danzando.
Perpleja la nube observaba.
En lo roces de las almas la consciencias se hacían
ceniza.
Muchedumbre fatigada y colérica.
La danza se hacia escisión.
La sed severamente penetraba en
cada una de ellas.
El cansancio lo había obligado a sentarse delante de
un árbol.
Una de ellas había añadido
¡Tengo sed!
El tiempo se hacia infinito
y la sed menester.
La aurora los encontró
Sentados.
Y nuevamente lo nocturno muertas.
Había sido imposible no calamar la sed.
Pero detrás de ese árbol
había una plazoleta de agua diáfana.
¿Y como el agua es menester para las almas?
El niño al término dejo en un costado las cosas y tomo
la pregunta en su cabeza ¿Y como el agua es menester para las almas? Pero las
almas no necesitan agua pensaba para si mismo. De repente vio que dios birlaba
las almas de la civilización, mientras, los cuerpos caían. Todo había sido una
confusión, si jamás las almas necesitaron agua. Dios se vio avergonzado.
Confuso en su creación.
Bernabé De Vinsenci
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