martes, 6 de diciembre de 2011


Nuestro ser oculta

Despertó. En la medianoche fue sorprendido por un insomnio. Una catarsis de pesadillas habían interrumpido el reposo profundo. Llevo sus manos a los parpados que permanecían coagulados al descanso. Por sus orificios nasales salieron descargas de dióxido de carbono contaminando el aire. Se destapo. Sus pies tocaron el suelo húmedo por el frío, que permanecía en vigencia. Camino derramando pequeñas gotas de sudor que salían de sus poros. Se sentó en el sillón. Bebió dos copas de ginebra y, ante el ardor  su rostro se comprimió, llenándose de arrugas. Se levanto parsimoniosamente y se dirigió hacia el baño donde le esperaba un feroz espejismo. Al entrar, la enorme y monstruosa figura se expandía a lo largo del espejo, dando a conocer  la más detalladas características de aquel demonio inédito. Suspiro. Se volvió por segundo algo tétrico. Salio del baño estremecido. Doblo el primer pasillo ancho y largo que lo llevaría a su habitación. Llego, la cama permanecía intacta. Se acostó y tapo sus ojos negando lo  que sucedía. Súbitamente, se quedo dormido. Al despertar, se palpo y estaba como siempre había sido, flaco con una enorme barba y sus pelos largos algo sólidos. Cuando se alejo unos metros de su cama, vio al monstruo del sueño y comprendió que era su otra parte, la parte más recóndita en él, pero la menos demostrativa.



                                                               Bernabé De Vinsenci 

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