Nuestro ser oculta
Despertó. En la medianoche
fue sorprendido por un insomnio. Una catarsis de pesadillas habían interrumpido
el reposo profundo. Llevo sus manos a los parpados que permanecían coagulados
al descanso. Por sus orificios nasales salieron descargas de dióxido de carbono
contaminando el aire. Se destapo. Sus pies tocaron el suelo húmedo por el frío,
que permanecía en vigencia. Camino derramando pequeñas gotas de sudor que salían
de sus poros. Se sentó en el sillón. Bebió dos copas de ginebra y, ante el
ardor su rostro se comprimió, llenándose
de arrugas. Se levanto parsimoniosamente y se dirigió hacia el baño donde le
esperaba un feroz espejismo. Al entrar, la enorme y monstruosa figura se expandía
a lo largo del espejo, dando a conocer
la más detalladas características de aquel demonio inédito. Suspiro. Se volvió
por segundo algo tétrico. Salio del baño estremecido. Doblo el primer pasillo
ancho y largo que lo llevaría a su habitación. Llego, la cama permanecía
intacta. Se acostó y tapo sus ojos negando lo
que sucedía. Súbitamente, se quedo dormido. Al despertar, se palpo y
estaba como siempre había sido, flaco con una enorme barba y sus pelos largos
algo sólidos. Cuando se alejo unos metros de su cama, vio al monstruo del sueño
y comprendió que era su otra parte, la parte más recóndita en él, pero la menos
demostrativa.
Bernabé De Vinsenci
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