Obstinaciones
Iba
apresurada, demasiado, que no distinguía su propia sobra. Los severos choques
de sus zapatos se hicieron uniforme. Era uno de esos días donde el sol se
presenta, pero no es de mayor importancia su papel pese a que el viento le gana
inquietando mas a las personas y sus peinados. En la ciudad se distinguía mas
la ausencia general, que el ruido de las plantas. Algún automóvil sin apuro y
además los infaltables perros eran los únicos presentes, rompiendo alguna
bolsa. También había algo de suciedad sobre todo por la toma de los animales. Sin embargo, ella
venia apresurada, la cartera como de costumbre en su hombro y la mirada fija al
suelo. Una posición común, es decir, de todas para anticipar cualquier
adulación ordinaria. Los cables a un poco mas sobre altura la casas raramente
se cruzaban unos con los otros formando un arte abstracto.
Otra
vez, el ruido monótono y la mirada fija hacia abajo. Recordaba que el lunes a
la noche salió a caminar y un individuo la había seguido, sino hubiese sido por
el bulevar de la calle, Corrientes, podría haber pasado lo mas drástico. Raramente el martes, también, al salir de su
oficina, llego a su departamento y cuando fue a cerrar la ventana, el mismo
individuo estaba sentado en la plaza, San Martín, que queda enfrente de su
casa, observándola.
En
cada vidriera de tienda que pasaba se detenía. Los objetos estaban de la mejor
manera para persuadir. Al ver en el reflejo del vidrio que el individuo estaba
detrás de ella, seguía caminando con disimulo. Siempre podía distinguirlo en la
cuadra de enfrente. Tenia una sensación tétrica en su rostro, connotaba ganas
de llorar o de pedir ayuda a alguien. Una lagrima cayo de su ojo
inesperadamente y con la misma piel de
su dedo la seco dejando invadida las huellas digitales. La tela del vestido
rojo absorbía el agua sentimental quedando impregnada en cada hilo. Observo
hacia atrás y el individuo venia a una cuadra parsimonioso. Desde lejos era
toda una cosa oscura e inextricable, jamás había visto su rostro y no deseaba
hacerlo, la mala impresión podía quedar marcada en su memoria y habría noches
en la que no podría dormir, en las que
las llamaría algo así como noches de insomnio. Intentaba imaginárselo
por el solo hecho de curiosidad de saber quien es el aficionado a seguirla.
Previamente al llegar a los semáforos empezó a correr. Era demasiado incomodo
con el vestido. Pero era la única herramienta de salvación. Tenia la llaves de
su casa en la mano que emitían ruidos por los bruscos movimientos. Debía
encontrarse con la puerta, la abriría y luego cerraría todas las ventanas lo
mas rápido posible. Era una mujer sola y nadie la ayudaría. Los semáforos
hicieron su función sin ningún conductor. Miro hacia atrás nuevamente y el
individuo no estaba había desaparecido. Todo había desaparecido solo había
arquitecturas y un sol que por momentos se apagaba.
Llego
a su casa e intento abrir la puerta tres veces debido a los grandes nervios que
tenia en su interior. Las acciones de este estado siempre son verdaderamente
erróneas. Después de probar una y otra vez las llaves logro entrar. Cerro todas
las ventanas, incluso, las cortinas. Iba
a llamar a la policía, pero no lo hizo, estaba perpleja y no quería demasiadas
interrogaciones. Finalmente se sentó en el sillón desnuda tratando de
tranquilizarse, tenia un vaso de agua en su mano y la mirada fija hacia el
techo. Sentía que un individuo entraba en ella, que la penetraba, sentía por
momentos que enloquecía.
El
psiquiatra Kramer se lo había mencionado en su ultima visita de el viernes por
la noche. Pero ella jamás hizo caso a lo que él le dijo. Hizo lo que quiso
siguió en la rutinas y el estrés.
Bernabé De Vinsenci.
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