viernes, 13 de enero de 2012

Obstinaciones

Iba apresurada, demasiado, que no distinguía su propia sobra. Los severos choques de sus zapatos se hicieron uniforme. Era uno de esos días donde el sol se presenta, pero no es de mayor importancia su papel pese a que el viento le gana inquietando mas a las personas y sus peinados. En la ciudad se distinguía mas la ausencia general, que el ruido de las plantas. Algún automóvil sin apuro y además los infaltables perros eran los únicos presentes, rompiendo alguna bolsa. También había algo de suciedad sobre todo por  la toma de los animales. Sin embargo, ella venia apresurada, la cartera como de costumbre en su hombro y la mirada fija al suelo. Una posición común, es decir, de todas para anticipar cualquier adulación ordinaria. Los cables a un poco mas sobre altura la casas raramente se cruzaban unos con los otros formando un arte abstracto.
Otra vez, el ruido monótono y la mirada fija hacia abajo. Recordaba que el lunes a la noche salió a caminar y un individuo la había seguido, sino hubiese sido por el bulevar de la calle, Corrientes, podría haber pasado lo mas drástico.  Raramente el martes, también, al salir de su oficina, llego a su departamento y cuando fue a cerrar la ventana, el mismo individuo estaba sentado en la plaza, San Martín, que queda enfrente de su casa, observándola.
En cada vidriera de tienda que pasaba se detenía. Los objetos estaban de la mejor manera para persuadir. Al ver en el reflejo del vidrio que el individuo estaba detrás de ella, seguía caminando con disimulo. Siempre podía distinguirlo en la cuadra de enfrente. Tenia una sensación tétrica en su rostro, connotaba ganas de llorar o de pedir ayuda a alguien. Una lagrima cayo de su ojo inesperadamente y con  la misma piel de su dedo la seco dejando invadida las huellas digitales. La tela del vestido rojo absorbía el agua sentimental quedando impregnada en cada hilo. Observo hacia atrás y el individuo venia a una cuadra parsimonioso. Desde lejos era toda una cosa oscura e inextricable, jamás había visto su rostro y no deseaba hacerlo, la mala impresión podía quedar marcada en su memoria y habría noches en la que no podría dormir, en las que  las llamaría algo así como noches de insomnio. Intentaba imaginárselo por el solo hecho de curiosidad de saber quien es el aficionado a seguirla. Previamente al llegar a los semáforos empezó a correr. Era demasiado incomodo con el vestido. Pero era la única herramienta de salvación. Tenia la llaves de su casa en la mano que emitían ruidos por los bruscos movimientos. Debía encontrarse con la puerta, la abriría y luego cerraría todas las ventanas lo mas rápido posible. Era una mujer sola y nadie la ayudaría. Los semáforos hicieron su función sin ningún conductor. Miro hacia atrás nuevamente y el individuo no estaba había desaparecido. Todo había desaparecido solo había arquitecturas y un sol que por momentos se apagaba.
Llego a su casa e intento abrir la puerta tres veces debido a los grandes nervios que tenia en su interior. Las acciones de este estado siempre son verdaderamente erróneas. Después de probar una y otra vez las llaves logro entrar. Cerro todas las ventanas, incluso, las cortinas.  Iba a llamar a la policía, pero no lo hizo, estaba perpleja y no quería demasiadas interrogaciones. Finalmente se sentó en el sillón desnuda tratando de tranquilizarse, tenia un vaso de agua en su mano y la mirada fija hacia el techo. Sentía que un individuo entraba en ella, que la penetraba, sentía por momentos que enloquecía.
El psiquiatra Kramer se lo había mencionado en su ultima visita de el viernes por la noche. Pero ella jamás hizo caso a lo que él le dijo. Hizo lo que quiso siguió en la rutinas y el estrés.

Bernabé De Vinsenci. 

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