jueves, 12 de enero de 2012

Sonámbulo.

Una pieza  habitada por dos camas, el reflejo de una lámpara iluminando la ventana y unas cortinas floreadas. El viento sufría sobre el atardecer, por eso hablaba chocando con los objetos que se le imponían en su camino. Las escaleras producían cansancio siendo el único sendero necesario para llegar al área del descanso.  José estaba durmiendo desde hacia vario tiempo, incluso, lo había hecho cuando el sol entregaba su turno.
En cambio Rodolfo todavía no había llegado. El disturbio de la avenida, Mendoza, le impedía abrir  temprano la puerta de su casa.
 La comida estaba fría en un plato de porcelana esperando su uso. El televisor descansaba  en penumbra, la luz del pasillo se reflejaba y captaba la sobra de varios objetos en el vidrio oscuro.  Gotas de la canilla mal cerrada empezaba a mezclarse con el viento y los ronquidos de José. Un velador estaba prendido, el cansancio siempre lo invadía y la tarifa aumentaba, sino fuera por Rodolfo que siempre lo apagaba, deberían aumentar las horas de trabajo.
Se sintió un gemido y  dos pasos provenientes de un hombre serio, la goma de los zapatos  chocaron con los cerámicos. Era Rodolfo, colérico y con su maletín en la mano. Lo primero que hizo fue dejar todo lo que llevaba arrojándolo en el sillón, donde, había mas ropa. Saco las medias de sus pies y sentado evadiéndose, refregando su pelo. Exclamaba en terminar algún día esta rutina y quizás, irse a vivir algún pueblo del interior. Tomo el plato que José había dejado en la mesada y con sus manos introdujo los alimentos a su boca. Estaba flaco por lo general comía poco, la alimentación había pasado a ser algo segundario. Y además un mecanismo que ni siquiera valía la pena hacerlo o si, pero de una manera mas practica. Prendió la ducha y se quedo esperando que el agua acariciase mas su cansancio. El jabón se esparcía como una sustancia blanca y extraña. Cerro lentamente la perilla y permaneció esperando que la naturalidad del aire lo secara. Los pelos largos y una barba enorme se veía reflejada en el espejo, mientras, se secaba el cuerpo. Cerro la puerta del baño que, por supuesto, no había tomado la delicadeza de secarlo. Subía exhausto las escaleras y algunas gotas mojaban la madera. Abrió las sabanas y se sumergió en ellas. La tela de la almohada se había empapado. El viento proveniente de la ventana abierta chocaba en su cara y su hermano emitía los ruidos extraños de siempre. 
Los automóviles habían dejado de pasar, lo que indicaba que era tarde y Rodolfo, estaba todavía despierto esperando llegar el sueño. Cerraba los párpados vanamente y luego quedaba fijo mirando la ventana. Comprendía que era el insomnio. Debía esperar que esa enfermedad se vaya para poder dormirse. Podrid que amanezca y estuviera todavía despierto. Bajó las escaleras en busca de un  vaso con agua. Lo lleno casi hasta arriba y lo tomo. Desde arriba un sonido raro se escuchaba “ hunk askp tyr” fueron solo unos segundos. Dejo el vaso y espero que los sonidos volvieran. Termino el agua que quedaba, limpio su boca mojada y subió las escaleras nuevamente. Su hermano seguía durmiendo, pero los sonidos no se asemejaban con los que él había escuchado desde abajo.
Eran las tres de la madrugada y seguía despierto. Tratando de dormirse. Sentía  que el sueño llegaba, sus ojos se cerraban, mientras, que el cuerpo se sentía mas acogedor en la cama.
De repente, otra vez, el sonido extraño“ hunk askp tyr” y una sombra paso ligeramente. Cerro los ojos, aunque, creía que soñaba. Delante de su cama empezaron aparecer mas ruidos extraños y la sombra oscura salto sobre él. Solamente suspiraba hondo cara a cara. Lo tomo del cuello. Rodolfo trataba de sacarle las manos , pero era imposible.
La respiración se le cortaba y desesperadamente tendía sus manos sobre el agresor tratando de salirse. Después se durmió, el insomnio jamás volvió. Al otro día cuando José lo fue a despertar vio que su hermano tenia sobre su cuello manos marcadas y no respiraba. 

Bernabé De Vinsenci.

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