Sonámbulo.
Una pieza habitada
por dos camas, el reflejo de una lámpara iluminando la ventana y unas cortinas
floreadas. El viento sufría sobre el atardecer, por eso hablaba chocando con
los objetos que se le imponían en su camino. Las escaleras producían cansancio
siendo el único sendero necesario para llegar al área del descanso. José estaba durmiendo desde hacia vario
tiempo, incluso, lo había hecho cuando el sol entregaba su turno.
En cambio Rodolfo todavía no había llegado. El disturbio
de la avenida, Mendoza, le impedía abrir
temprano la puerta de su casa.
La comida estaba
fría en un plato de porcelana esperando su uso. El televisor descansaba en penumbra, la luz del pasillo se reflejaba
y captaba la sobra de varios objetos en el vidrio oscuro. Gotas de la canilla mal cerrada empezaba a
mezclarse con el viento y los ronquidos de José. Un velador estaba prendido, el
cansancio siempre lo invadía y la tarifa aumentaba, sino fuera por Rodolfo que
siempre lo apagaba, deberían aumentar las horas de trabajo.
Se sintió un gemido y
dos pasos provenientes de un hombre serio, la goma de los zapatos chocaron con los cerámicos. Era Rodolfo,
colérico y con su maletín en la mano. Lo primero que hizo fue dejar todo lo que
llevaba arrojándolo en el sillón, donde, había mas ropa. Saco las medias de sus
pies y sentado evadiéndose, refregando su pelo. Exclamaba en terminar algún día
esta rutina y quizás, irse a vivir algún pueblo del interior. Tomo el plato que
José había dejado en la mesada y con sus manos introdujo los alimentos a su
boca. Estaba flaco por lo general comía poco, la alimentación había pasado a
ser algo segundario. Y además un mecanismo que ni siquiera valía la pena
hacerlo o si, pero de una manera mas practica. Prendió la ducha y se quedo
esperando que el agua acariciase mas su cansancio. El jabón se esparcía como
una sustancia blanca y extraña. Cerro lentamente la perilla y permaneció
esperando que la naturalidad del aire lo secara. Los pelos largos y una barba
enorme se veía reflejada en el espejo, mientras, se secaba el cuerpo. Cerro la
puerta del baño que, por supuesto, no había tomado la delicadeza de secarlo.
Subía exhausto las escaleras y algunas gotas mojaban la madera. Abrió las
sabanas y se sumergió en ellas. La tela de la almohada se había empapado. El
viento proveniente de la ventana abierta chocaba en su cara y su hermano emitía
los ruidos extraños de siempre.
Los automóviles habían dejado de pasar, lo que indicaba
que era tarde y Rodolfo, estaba todavía despierto esperando llegar el sueño.
Cerraba los párpados vanamente y luego quedaba fijo mirando la ventana.
Comprendía que era el insomnio. Debía esperar que esa enfermedad se vaya para
poder dormirse. Podrid que amanezca y estuviera todavía despierto. Bajó las
escaleras en busca de un vaso con agua.
Lo lleno casi hasta arriba y lo tomo. Desde arriba un sonido raro se escuchaba
“ hunk askp tyr” fueron solo unos segundos. Dejo el vaso y espero que los
sonidos volvieran. Termino el agua que quedaba, limpio su boca mojada y subió
las escaleras nuevamente. Su hermano seguía durmiendo, pero los sonidos no se
asemejaban con los que él había escuchado desde abajo.
Eran las tres de la madrugada y seguía despierto.
Tratando de dormirse. Sentía que el
sueño llegaba, sus ojos se cerraban, mientras, que el cuerpo se sentía mas
acogedor en la cama.
De repente, otra vez, el sonido extraño“ hunk askp tyr” y
una sombra paso ligeramente. Cerro los ojos, aunque, creía que soñaba. Delante
de su cama empezaron aparecer mas ruidos extraños y la sombra oscura salto
sobre él. Solamente suspiraba hondo cara a cara. Lo tomo del cuello. Rodolfo
trataba de sacarle las manos , pero era imposible.
La respiración se le cortaba y desesperadamente tendía
sus manos sobre el agresor tratando de salirse. Después se durmió, el insomnio
jamás volvió. Al otro día cuando José lo fue a despertar vio que su hermano
tenia sobre su cuello manos marcadas y no respiraba.
Bernabé
De Vinsenci.
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