sábado, 10 de diciembre de 2011


Jesús tomo el poder sobre el infierno

La pieza se encontraba escasa de luz. El muchacho reposaba en su cama esperando el día que no llegaba como la venida de Jesucristo. Los parpados permanecían cerrados engañando el descanso. Todo se definía en el sosiego sobre el perímetro de su habitación. La puerta estaba cerrada, pero insegura si alguien quisiese enterar, nunca  daba esa dos vuelta de llave para concluir en la seguridad. Su cama era el núcleo de la habitación y la membrana el desorden. Una vieja biblioteca reposaba intacta con autores franceses, mientras, el barniz de las tapas se encontraba con una pequeña capa de polvillo. Varios cigarros había sobre el cenicero y una emanación de nicotina hacia intolerable la estadía en el lugar. Mark hizo un ademán oblicuo y quedo fijo mirando la ventana decorada con cortinas azules. Suspiro, mientras, los pelos se le encogían de mala apariencia en su cabeza. Tocio largando un detestable olor. Trataba de incorporarse al sueño, pero era repudiado por los pensamientos. La incomodidad, empezaba a molestarlo lentamente y en el apogeo de seudorazonamientos, terminaría en un éxtasis sin frenos. Se destapo, gran parte de la tela toco el suelo y varios microbios reposaban en ella. Su cuerpo se encontraba algo pegajoso por el calor húmedo y eso aun, lo ponía mas incomodo. Se levanto deslizándose lentamente, mientras, su piel se despegaba de las sabanas. Las acumulaciones de estas acciones, lo había desosegado y cualquiera que viniese seria mal atendido por la impregnación de su mal humor. En calzoncillos  camino hacia al escritorio «sus piernas eran blancas y algo peludas como los nardos». Al llegar al escritorio enseguida noto el libro que estaba terminando de leer, lo recogió, pero vanamente lo dejo, sus ánimos no estaban para la lectura. Con una fisonomía análoga a la de un demente se encontraba, sentado en el sillón,   exhalando humo de un viejo habano. Jugaba a dibujar varias formas en el aire, pero se esfumaban en el intento, ahora la pieza había adquirido un olor mas extraño aun, que lo que le estaba sucediendo.
se quedo dormido, amaneció y el habano estaba consumido. Su cabeza se encontraba reposada sobre el escritorio y sus manos extendidas. La hora de levantarse se había excedido, en consecuencia del insomnio. Perplejo se levanto, dejando de lado la pose que le había atraído varios dolores de músculos. La primera decisión había sido bañarse, pero no había agua, las moléculas no podrían limpiar su cuerpo. Se cambio, en su saco coloco los cigarrillos y tomo los lentes que le había recetado el oculista, hacia una semana. Camino lentamente esquivando el desorden y tratando de no tropezar, daba pequeños insultos. Al abrir la puerta, el mundo no era mundo. La civilización y el orden de las cosas, ya no existían. El cielo bermejo con sus extremidades oscuras se poblaba de Ángeles, algunos, con alas oscuras y otros con alas blancas, similar a las de un ave. Mark, ahora comprendía el extenso y paradójico paisaje. La palabra mas concreta en definirlo fue Apocalipsis. Sobre su ojos empañaba el liquido del llorar, mientras, gran parte de el entraba en su boca, dándole un pequeño gusto salado. En algunas zonas había lava a lo que recurrió para encender un cigarro. Un demonio había pasado cerca de el, forjándolo a casi caer en el liquido rojo. Y el auge de su exaltación empezaba a incomodarlo, sobre sus poros el sudor  creaba una superficie. Los Ángeles del infierno y el cielo, tomaban prejuzgando a los individuos, quienes serian llevaos Minos para ubicar su recinto. Ninguno había visto todavía a Mark, aparentemente todos estaban ocupados.
Los demonios tenían pupilas amarillas con pequeñas venas rojas, dándole un aspecto de misticismo. Las  cargas para los envíos de los individuos era extraña, ellos lo tomaban por detrás súbitamente y luego ascendían a las alturas o las profundidades de las tierra.
La faz de la tierra se poblaba de voces y llantos. Los Ángeles del infierno a cambios de los del cielo producían un léxico extraño. Mark apoyado sobre la puerta de su habitación contemplaba todo, sin perderse ningún detalle. Hacia los lejos visualizo a un hombre a que le hacia recordar a la luna reflejada en el mar. Mark sorprendido, forzó los nervios de sus ojos para alcanzar distinguir de quien se trataba, donde  finalmente reconoció a Jesús. Ahora empezaba a sollozar lentamente, la venida de Jesucristo estaba en la tierra. Los condenados que habían sido juzgados, algunos estaban convertidos en lava, en cambio, otros esperaban desnudos en el infierno llegar a ser atendidos por Minos. Jesús se desplazaba observando a los condenados, mientras, estos recurrían a su ayuda. De repente, Mark vio que Jesús se dirigía cada vez mas hacía el. Sus piernas empezaban a temblar y aquella fisonomía blanca se volvía todavía más blanca. Pero el muchacho seguía todavía en la puerta solidó sin hacer ningún ademán. Cerro los parpados unos instantes y al abrirlos Jesús estaba enfrente del.
Se arrodillo. Cataratas de lágrimas caían frente a Jesús que seguía sin hablar. Mark posicionado en esa pose pedía perdón. Un demonio paso frente a Jesús por lo que fue abolido de inmediato, cenizas caían sobre el muchacho, bañándolo en una paleta acromática. Pero seguía en esa posición, sumiso, de arrepentimiento, de culpa. Entonces, los pensamientos de la noche lo habían invadido, ellos hacían de el una enfermedad severa y realmente vasta. El no sentía ahora, lo recién mencionado trataba de hacerlo, pero era en vano. Los buenos pensamientos se esfumaban.
Jesús seguía parado en silencio. De repente, Mark se levanto en ira y dijo.
-¡Tu jamás serás mi salvación!- Mientras, miraba fijo a Jesús.
Pero el compasivo seguía, en su posee inicial.
-¡Vete de aquí!-Grito, Mark-¡Vete, maldito!-
Pero el señor se encontraba igual. Mark se acerco hacia y dijo, nuevamente.
-¡Vete!-Mirándolo fijo a sus ojos.
El muchacho se saco toda su ropa, frente al furor, sus ojos se tornaron rojos. Sobre su cabeza renacieron dos cuernos y su piel, era totalmente extraña. El monstruo de mayor fisonomía que Jesús, lo tomo emergiéndolo en la lava. Al caer Jesús los individuos del infierno lo tomaban, para que no escapase. Así los Ángeles del cielo cayeron al los suelos de lava consumiéndose y las puertas del cielo, se bañaron en oro ahogando a todos los que se encontraban allí. Luego de varios siglos Jesús se convirtió en el diablo, e hizo del infierno el cielo y finalmente, la maldad fue abolida en el cosmos.


AUTOR:
Bernabé De Vinsenci



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