Jesús tomo el poder sobre el infierno
La pieza se encontraba escasa de luz. El muchacho
reposaba en su cama esperando el día que no llegaba como la venida de
Jesucristo. Los parpados permanecían cerrados engañando el descanso. Todo se
definía en el sosiego sobre el perímetro de su habitación. La puerta estaba
cerrada, pero insegura si alguien quisiese enterar, nunca daba esa dos vuelta de llave para concluir en
la seguridad. Su cama era el núcleo de la habitación y la membrana el desorden.
Una vieja biblioteca reposaba intacta con autores franceses, mientras, el
barniz de las tapas se encontraba con una pequeña capa de polvillo. Varios
cigarros había sobre el cenicero y una emanación de nicotina hacia intolerable
la estadía en el lugar. Mark hizo un ademán oblicuo y quedo fijo mirando la
ventana decorada con cortinas azules. Suspiro, mientras, los pelos se le
encogían de mala apariencia en su cabeza. Tocio largando un detestable olor.
Trataba de incorporarse al sueño, pero era repudiado por los pensamientos. La
incomodidad, empezaba a molestarlo lentamente y en el apogeo de
seudorazonamientos, terminaría en un éxtasis sin frenos. Se destapo, gran parte
de la tela toco el suelo y varios microbios reposaban en ella. Su cuerpo se
encontraba algo pegajoso por el calor húmedo y eso aun, lo ponía mas incomodo.
Se levanto deslizándose lentamente, mientras, su piel se despegaba de las
sabanas. Las acumulaciones de estas acciones, lo había desosegado y cualquiera
que viniese seria mal atendido por la impregnación de su mal humor. En
calzoncillos camino hacia al escritorio
«sus piernas eran blancas y algo peludas como los nardos». Al llegar al
escritorio enseguida noto el libro que estaba terminando de leer, lo recogió,
pero vanamente lo dejo, sus ánimos no estaban para la lectura. Con una
fisonomía análoga a la de un demente se encontraba, sentado en el sillón, exhalando humo de un viejo habano. Jugaba a
dibujar varias formas en el aire, pero se esfumaban en el intento, ahora la
pieza había adquirido un olor mas extraño aun, que lo que le estaba sucediendo.
se quedo dormido, amaneció y el habano estaba
consumido. Su cabeza se encontraba reposada sobre el escritorio y sus manos
extendidas. La hora de levantarse se había excedido, en consecuencia del
insomnio. Perplejo se levanto, dejando de lado la pose que le había atraído
varios dolores de músculos. La primera decisión había sido bañarse, pero no
había agua, las moléculas no podrían limpiar su cuerpo. Se cambio, en su saco
coloco los cigarrillos y tomo los lentes que le había recetado el oculista,
hacia una semana. Camino lentamente esquivando el desorden y tratando de no
tropezar, daba pequeños insultos. Al abrir la puerta, el mundo no era mundo. La
civilización y el orden de las cosas, ya no existían. El cielo bermejo con sus
extremidades oscuras se poblaba de Ángeles, algunos, con alas oscuras y otros
con alas blancas, similar a las de un ave. Mark, ahora comprendía el extenso y
paradójico paisaje. La palabra mas concreta en definirlo fue Apocalipsis. Sobre
su ojos empañaba el liquido del llorar, mientras, gran parte de el entraba en
su boca, dándole un pequeño gusto salado. En algunas zonas había lava a lo que
recurrió para encender un cigarro. Un demonio había pasado cerca de el,
forjándolo a casi caer en el liquido rojo. Y el auge de su exaltación empezaba
a incomodarlo, sobre sus poros el sudor
creaba una superficie. Los Ángeles del infierno y el cielo, tomaban
prejuzgando a los individuos, quienes serian llevaos Minos para ubicar su
recinto. Ninguno había visto todavía a Mark, aparentemente todos estaban
ocupados.
Los demonios tenían pupilas amarillas con pequeñas
venas rojas, dándole un aspecto de misticismo. Las cargas para los envíos de los individuos era
extraña, ellos lo tomaban por detrás súbitamente y luego ascendían a las
alturas o las profundidades de las tierra.
La faz de la tierra se poblaba de voces y llantos. Los
Ángeles del infierno a cambios de los del cielo producían un léxico extraño.
Mark apoyado sobre la puerta de su habitación contemplaba todo, sin perderse
ningún detalle. Hacia los lejos visualizo a un hombre a que le hacia recordar a
la luna reflejada en el mar. Mark sorprendido, forzó los nervios de sus ojos
para alcanzar distinguir de quien se trataba, donde finalmente reconoció a Jesús. Ahora empezaba
a sollozar lentamente, la venida de Jesucristo estaba en la tierra. Los
condenados que habían sido juzgados, algunos estaban convertidos en lava, en
cambio, otros esperaban desnudos en el infierno llegar a ser atendidos por
Minos. Jesús se desplazaba observando a los condenados, mientras, estos
recurrían a su ayuda. De repente, Mark vio que Jesús se dirigía cada vez mas
hacía el. Sus piernas empezaban a temblar y aquella fisonomía blanca se volvía
todavía más blanca. Pero el muchacho seguía todavía en la puerta solidó sin
hacer ningún ademán. Cerro los parpados unos instantes y al abrirlos Jesús
estaba enfrente del.
Se arrodillo. Cataratas de lágrimas caían frente a
Jesús que seguía sin hablar. Mark posicionado en esa pose pedía perdón. Un demonio
paso frente a Jesús por lo que fue abolido de inmediato, cenizas caían sobre el
muchacho, bañándolo en una paleta acromática. Pero seguía en esa posición,
sumiso, de arrepentimiento, de culpa. Entonces, los pensamientos de la noche lo
habían invadido, ellos hacían de el una enfermedad severa y realmente vasta. El
no sentía ahora, lo recién mencionado trataba de hacerlo, pero era en vano. Los
buenos pensamientos se esfumaban.
Jesús seguía parado en silencio. De repente, Mark se
levanto en ira y dijo.
-¡Tu jamás serás mi salvación!- Mientras, miraba fijo
a Jesús.
Pero el compasivo seguía, en su posee inicial.
-¡Vete de aquí!-Grito, Mark-¡Vete, maldito!-
Pero el señor se encontraba igual. Mark se acerco
hacia y dijo, nuevamente.
-¡Vete!-Mirándolo fijo a sus ojos.
El muchacho se saco toda su ropa, frente al furor, sus
ojos se tornaron rojos. Sobre su cabeza renacieron dos cuernos y su piel, era
totalmente extraña. El monstruo de mayor fisonomía que Jesús, lo tomo
emergiéndolo en la lava. Al caer Jesús los individuos del infierno lo tomaban,
para que no escapase. Así los Ángeles del cielo cayeron al los suelos de lava
consumiéndose y las puertas del cielo, se bañaron en oro ahogando a todos los
que se encontraban allí. Luego de varios siglos Jesús se convirtió en el
diablo, e hizo del infierno el cielo y finalmente, la maldad fue abolida en el
cosmos.
AUTOR:
Bernabé De Vinsenci
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