Al otro día
¡Y ahora
las malditas hormigas!- Exclamo, aplastando al indefenso insecto que caminada
por su cuerpo.
Inútil fue
intentar descansar, mas allá, de las pocas horas dormidas durante los días
anteriores. La ducha reaparecía como una herramienta, pero realmente vana. Mojado,
gozoso de frescor y aun, todavía insomne. Entre la muerte y la morbosidad del
insomnio, es preferible la primera. El alma descansa o por los menos el cuerpo
simula hacerlo. Sentía que su cama lo había desterrado y entonces, se vio
obligado a tomar un pequeño catre. Bastante incomodo. Intento nuevamente
dormir, cerraba sus parpados y en el interior sus ojos se desvanecían, pero de
pronto el principio del sueño se consumía. El día y la noche, vivir y dormir
entre la gran muchedumbre solos algunos se encontraran en situación viceversa.
Bernard Ackermann era unos de esos.
A esa
altura de la noche, nadie predispone una compañía a la victima insomne,
solamente el sueño quien estaba ausente. Bernard intuía que vendría en la apertura
de la aurora. Entraría cumpliendo su verdadero labor, por supuesto, que en un
horario tardío.
Decidió
abrir la ventana de la calle, para que los leves sonidos del exterior entrasen.
Su piel
blanca y la mirada de una vasta desesperación en la penumbra, lo sumergían en
un mundo extraño. Un mundo de pocos. Permaneció allí, sólido y perceptible a
las vibraciones menos notorias del día.
¡Ah…ah!-
respondió ante el malestar de su ojo izquierdo.
Una pequeña
basura podría haber entrado sin darse cuenta. Se levanto colérico y exaltado,
desparramando las sabanas por el piso.
Frente al
espejo distinguió el avanzado rojizo sobre la blancura de su ojo. Se sentía
cada vez mas molesto. Abrió la canilla y mientras, el liquido caía, trataba de
recogerlo pasándolo suavemente por su ojo.
Todo empeoraba y no encontraba la manera de calmar su nerviosismo. Tomo un
trapo y lo paso detenidamente. Volvió a observarse en el espejo y su nivel de percepción
había disminuido. Retomo el pasillo y al encontrarse con el catre, veía una
enorme nube. Desesperadamente y chocándose los objetos intento salir por la
puerta principal de su casa. Se detuvo y lentamente desnudo camino a su cama. Cerró
los ojos y se durmió, sin saberlo.
Mañana su hermana Ebba lo llevaría al medico
para saber cual había sido la causa de su ceguedad y quienes se ocuparían de
él.
Bernabé De Vinsenci
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