sábado, 14 de enero de 2012


LA SOBRA A DESTIEMPO.

Había sido pesado el paso del tiempo, quizás, turbio los años. Un gran dictador de la carpintería que hacia si dicha. Una labor que en la sangre se había hecho glóbulo. Siempre había sido un proletariado demente, en grandes horas excesivas, sabia que el arma principal de las cosas era trabajo y si ello no lo hacían el país quedaba inerme.  La barba brotaba en su rostro hasta ganarle en el cansancio, entonces, se formaba el individuo ojos de todos. No era ni esporádico y normal que fuese a la ciudad. Su cortesía era la carpintería solamente  y, por supuesto, que su desdicha la ciudad.
A veces su cabeza colapsaba, acataba las mismas series de días anteriores. Mas que su única compañía era su sombra que, además, copiaba todos su ademanes. El puente que conectaba con la ciudad no existía por mando propio del viento. Era hombre de espíritu escéptico, un extrovertido frente a la naturaleza y su sombra. Siempre se otorgaba a propósito a la soledad. Un día se vio conciso, insignificante y repetitivo. Deba concluir en su nausea. No hablo con su sombra, ella no le permitiría marcharse, entonces debió encerrarse en la alcoba. Pensativo en su camastro analizaba.  Era una extensa decisión, pero finalmente llego  a su hipótesis. A la noche siguiente se iría.
La noche devoro el día, mientras, se llevaba los recuerdos. Tomo sus cosas y se exigió ir a la ciudad. Cuando salió, la casa quedo sola y su sombra buscándolo. Trataba de encontrar aquel hombre excesivo a la tristeza y respiros de hondas agonías, donde por poco se convierte en sombra.

Bernabé De Vinsenci.

No hay comentarios: