domingo, 15 de enero de 2012


Potosí del céfiro

El prójimo cercano al vientre,
escondido del cielo eclipsado,
en una vegetación  que deslizaba sus tallos cerrados.

Pájaros deslucidos bajo el cielo opaco
serpentinas y confetis indicaban ademanes bellacos
huellas de escarabajo anunciaban vísperas de un anochecer ajado.

Insolencias persuadidas
al vientre materno
  sobre la madriguera
solitaria, ansiosa y de sótanos
en desenfreno, sufridas por hojas
solitarias al ovario del enigma.

Con sus dedos define pequeños surcos sobre su faz
fricciones entre lo inamovible y la perplejidad
suspendidos en el intervalo, transfigurando su dermis
en tallas usurpadoras de cemento.

El Potosí temblando su espíritu fluye,
mientras, las voces despóticas se rinden
ante infinitas almas esclavas en beatitud.

¡Nos ves callado verdugo, no has de comprender que la sabiduría es hermana del silencio!  

-Almas que ocupan cada apículo de éste paisaje
¿Quieres bóveda anaranjada revelarte en orvallos?
arenisca quedará del cemento, quedarán…
ecos del otro lado del trópico, del oleaje.

Arco iris campestre pintoresco,
la aurora llegara a enrojecer las pieles morenas.
Animando en fuego plasmado en el epitelio,
danzas de mascaras sobre frentes sudadas anunciara el castigo y perdón.
  
De éste lado, el cielo circense, teñirá éstos párpados
cohesivos serán por la madrugada.
entrelazadas estarán mis piernas bajo el tapado
sin brío, disimilado por el hilvanado esperarán tu llegada.

Entrando en la vehemencia arcángeles
de caravanas estrepitosas ante la alegría y todo aquel
sudor de servidumbre se convertirá en el engendro
de justicia.

Euforia en el intervalo, gotas ácidas en el trayecto boreal
nuevamente etéreo, abstracto, resulta la lejanía
pestañas, húmedas que intentan adherirse,
como el bordó de un lápiz labial.

Un rincón taciturno absorbiendo
la delicada agonía que busca amarte.
Ella desliza en la piel y nota la madurez,
huyendo libremente del Potosí.

Clareando adustamente, en su entrecejo
la brisa incógnita, perspicacia y oportuna,
bajo sábanas infinitas y fluidos concebidos
mientras las estatuas y sus miradas de vidrio
quedaron hechas trizas, fragmentos de la seguridad del hombre, el tiempo.

Bernabé De Vinsenci  -   Carmen Triacanthos

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