jueves, 22 de marzo de 2012

ESPERA
 El sol apacigua cautelosamente los rayos más luminosos. Entra sobre varios apartamentos deslizándose, mientras, absorbe la frialdad para emanar su numeroso calor. A veces una solitaria nube provoca lo mismo pero en viceversa. Las plantas flácidas aburridas se penetran en una estabilidad risueña por el cosquilleo del viento. Innumerables niños parecen desconocer el sopor de las equivocadas palabras. Las melodías de los clarinetes y flautas salen oculta por compositores que parecen resguardarse sobre hojas verdes y alguna amarillenta por la entrante estación. Más arriba de los edificios se juegan coléricas y enlazadas luchas de pensamientos intencionalmente. Es decir, que el pensamiento ascendía hacia arriba de la corteza terrestre sin indicio alguno de quien salía. Era 26 de septiembre el viento después de poder ganar la discusión salía a hacer lo que más le agrada. Ella espero impaciente miro perpetuamente su reloj y dio un leve suspiro que no se notaba por la intensidad del viento. -¡Dios!- Exclamo apoyando sus manos sobre su vientre- Se que no vas a venir- Un perro paso olfateando concentradamente el suelo, quizás, por menester de hambre. Inexplicablemente suelen formarse comunidades anónimas de ellos. La tardanza de él era demasiada, ella podía respirar la ausencia de la cita. Absolutamente no guarda ningún remordimiento su virtud de compasiva aun la poseía. Los micros rojos pasan desesperanzadamente termina el recorrido uno y reaparece otro, todo sucesivamente hasta cansar su contemplación. Su piel empieza a irritarse por el calor y comienza a sentir su lengua áspera. Baja los parpados denotando cierta tristeza y sus ojos sesgados se oprimen en una actitud lenta. Bandadas de palomas se sitúan a su alrededor en varias oportunidades y ante lo tétrico se marchan rápidamente. Se sentó, quizás, en cuestión de poco tiempo él vendría. Saco el pequeño libro de poesías de Emily Dickison y lo exploro con insignificancia formando en su cabeza una serie de frases abstractas. Paso las hojas aceleradamente debido a su impaciencia. Cuando el sol se desplazo por naturalidad sintió ansias de marcharse comprendió que su espera era totalmente vana. Acaricio su mentón y seguidamente refregó sus ojos cansados de espiar su llegada. Se paro y no tuvo más opciones que marcharse la espera la había acobardado. Dejo su libro de poesías y con las manos en sus bolsillos camino por la avenida Mendoza. Él llego corriendo, suspirando molesto por la incomodidad que le causaba la transpiración. Pero ella no estaba en el lugar acordado. Solo encontró el libro de poesías. Tomo asiento en uno de los bancos que rodeaban el lugar y espero. Ella no llego. Se acobardo y se fue, el libro de poesías aun seguío en el lugar intacto acariciado por la brisa del viento. 

 BERNABE DE VINSENCI

No hay comentarios: