lunes, 30 de abril de 2012


El carruaje imprevisto.


El fuego está encendido rodeado de infinitas sobras inquietas
¡Las voces pendencieras reclaman demonios! No han alcanzado la multitud exacta, aunque los arboles quieren ser siluetas.
Desde la plazoleta una bestia moviliza el festín y todos beben de su baba viscosa
entreteniéndose al sentir vibrar los cueros.
¡Los astros observan ante los ojos que parecen estar acabados!
La dama estremece el hilo del alma, y se esconde en sus cabellos,
 orgánicos como las nubes ¡Niega bajar sus parpados ama imitar!
¡Ama no amar a quien ama, teme a amar!

Péndulos de voces arman a un ser, se desliza, se esconde y nace sobre el fuego para que este no descanse.
Caminos rodean este limbo,
 el humo rodea espaldas, frías como la estación madre.

Hay una de las calles pavimentadas en la cual un carruaje se siente sin verse,
sucesivas noches ocurre lo mismo, pero hoy no se oyó.

¡Imperiosos del bullicio, mendigos del silencio!

Injuriosos sujetos morfaban la impura viscosidad
y luego mutaban a carnes indefinidas tratando de hacer lo que antes hacían.
¡Todos querían ser deformes una vez, experimentase en el dolor!

La medianoche hermana se había alejado y
el carruaje no había pasado.
¡Estaban ebrios de danzas y del dolor!
De pronto, un estruendo amaneció desde la penumbra del horizonte
Y  un aforado carruaje surgió a vista de todos. Cuando este había pasado
la luz reapareció y toda la multitud volvió a ser lo que era estremeciéndose y ahogados en el llanto refinado.

                                                      A todas las bestias que se esconden de maestro…


Bernabé De Vinsenci.







No hay comentarios: