jueves, 26 de abril de 2012



El DESCUIDO


El frío tocaba su piel como un objeto de tortura mientras la melodía moría entre las paredes. Hacia tres días que posaba allí sin encontrar otra solución para situarse de otra manera.Miró hacia afuera viendo las ágiles plantas moviéndose. Un escalofrío lo exalto.  Se levantó dirigiéndose a la pieza para analizar la cama vacía llenas de sabanas con aromas ahora extraños, que atraían efímeros recuerdos. Eran como cíclicos suspiros, frecuentes, nacían se expandían en el aíre y morían. Se volvió a dirigir en donde estaba situado. Nuevamente observó hacia el mismo lado, su piel comenzó a sufrir un éxtasis de dolor que se interiorizaba a sus tendones pocos utilizados. Era menester estar en una superficie ajena pero propicia para la especie, esa responsabilidad de replica lo volvía tosco. 
El anciano quién cuidaba el edificio desde lo quince años paso y súbitamente lo distinguió, este llevaba una vestimenta verde que lo confundía con un militar. Su mirada fría junto a una pregunta aturdió al joven desplomado sobre el suelo.
-¿Qué es lo que sucede?-
El joven no le había dirigido su mirada a la pregunta de este, sólo siguió en su acto de extrañedad. Rápidamente el anciano se marchó en busca de auxilio.
-¡Espere!-Dijo, con una vos comprimida
El anciano respondió detrás de sus lentes con una cara azorada sin decir nada.
-¿Sabe cuando se marcho?- Y ojos parecían derramar un líquido transparente. 
-No, joven. No sabría decirle-Y presionaba sus manos sobre el palo de la escoba. 
-¡Dime!-Gritó el joven- Usted la ha visto-Ahora se levantaba dirigiéndose hacia portero.
El hombre retrocedía lentamente hasta topar con una de la paredes la cual le impedía salir corriendo o responder al primer impulso ante la situación tan aterradora.
-¡Dime de un vez!-Insistió el jovenzuelo colérico. 
-Esta bien, esta bien-Exclamó soltando la escoba-La vi, salio el sábado por la madrugada tenia enormes bellos, pero al verla huí.
-¿Cómo que la dejó marcharse?
-Sí-Respondió-Llevaba entre sus piernas algo blanco de lo cual no pude visualizar bien-
El joven quedo meditativo en su cabeza tenía la imagen de la araña, después de haberle inyectado esa sustancia deducía que se había llevado su alma, la madrugada  le fue perfecta para marcharse si que nadie la viese. 
-¡Eso es culpa de usted!- Dijo el joven- El viernes le avise que pusiera el veneno. Ellas todos los sábados salen. Pero ahora moriré lentamente.
El anciano no sabía que responder, se encontraba silencioso con un feo olor emanado de su piel descolorida. 
-Márchese- Suplicó el joven- Márchese de inmediato- 
El anciano salió. El cuerpo doncel expandido sobre el suelo quedaba dilatándose poco a poco. Varios enfermeros volvieron junto al anciano y sólo vieron la capa de una piel fina. El sujeto parecía haber desaparecido por completo.
-Está muerto- Dijo uno de los enfermeros.
Y todos detrás de sus espaldas vieron una enorme araña pasar, se trepaba con gran agilidad sobre las paredes omitiendo un ruido monótono y enloquecedor. 

Bernabé De Vinsenci

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