DUENDES
Habían existidos senderos en los cuales brotaban juntos a ellos jugosas raíces y en la aurora más próxima pupilas sangrantes se resecaban al sol. ¡ Algunos duendes absorbían el opio ofrecido por el prado!
Después existieron senderos en los cuales brotaban junto a ellos mollas despedidas por la existencia ¡ Pero insistidoras en existir!
Un solo sujeto aspiró el humo de los dichosos duendes ¡Y exhaló muerte!
¿ Hubo un cauteloso ?
Huyeron los humos añorando las nubes y formaban monótonos panoramas.
¿Lo hubo?
Sí, un sujeto de una nimia cabeza. Se encontraba detrás de una de las raíces previendo el efímero acto, mientras, masticaba sus uñas tan lujosas como sus desgastados dientes.
Habían pasado los años como una mujer sentada en el marco de un mármol desconcertada por las idas y las vueltas de siluetas anónimas. Sin ninguna pregunta hacía ella ¿Qué hace usted aquí? o alterar en su interior con suma levedad ¿Qué hará ahí? Todos los días en el mismo lugar.
¡Los duendes se habían marchado! ¡ El opio había quedado abandonado!
Las malezas habían crecido y los ojos de Dios habían entorpecido, sólo oía murmullos replicándose ¿Qué sucede sobre mis queridas obras de arte?
¡ Sólo pudo sentir la sangre sobre sus piernas!
Y los duendes en sus espaldas reían.
Bernabé De Vinsenci.
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