miércoles, 13 de junio de 2012


La libertad y su espanto.

Accionó sus pasos  dirigiéndose hacia el objeto central.
Éste precedía con cierta luminosidad tratando de zafarse en la penumbra.
Las líneas rectas de la sobra se mezclaban indefinidas
causándole desafío de compañía.
Se detuvo y lo mismo hizo con su respiración. 

-¿Hay alguien ahí?- Balbuceó a medida que de su boca se desprendía una gota de saliva.
El estallido se desvaneció, al igual que las moléculas sobre el piso, ensuciándose.
Se situaba incomprendido y verdugo de poseer palomas enjauladas.
(Situación psicológica)
¿Qué hay en mí? Una nausea, un cierto delirio de suicidio. Pero ayer todo era diferente y hasta la existencia se sentía algo cómoda, pero ahora no, ha terminado esa sensación de dicha. Mis palabras parecen frías y ser inentendidas. Mi cuerpo parece haber cargado el peso del mundo y aún, más. ¡Basta! ¡Basta! ¡Había procurado no pensar más o sí,  pero no encerrarme en él!


Siguió forzando sus pies. Ellos no lo entendían o el no entendía la fatiga de ellos.
Sin embargo, debía caminar y situarse en el objeto.
Repentinas veces suspiro, lo que significó una oposición a los hechos, pero a la vez un esfuerzo para emprender al objetivo deseado.
Su barba buscaba la luminosidad y al encontrarse se hacía gris.

(Situación psicológica)
¿Por qué esto llamado psiquis nos coloca en la eternidad de lo cercano?

Faltaban pasos, estaban determinados a medida para el fin. Cuando de repente lleno la sala con su voz:
-¿Es  la sabiduría quién marca los límites del conocimiento?- Y seguido de un gemido respondió-No lo sé. Nadie lo sabrá-

Finalmente había llegado. Tomó el respaldo de la silla y las estructuras de las maderas
produjeron un ruido hosco, por lo que su cuerpo tembló, mientras, que sus poros se bañaron de sudor.

(Situación psicológica)
 ¿Pero que tendrá nuestro envase de pensamientos que refuta sobre nuestro cuerpo?

Una vez alcanzado lo deseado cuidadosamente se sentó.
El sumo cuidado se debía al respeto de sus articulaciones. Al mismo tiempo que su cuerpo se posicionó sobre la madera los párpados se cerraron.
Esperó. Sacó la llave de su sobretodo. Ésta era de bronce parte de una herencia paterna.
Alzó sus brazos hasta su cabeza, exploró y desordenó sus pelos. Trataba de encontrar la cerradura.
-¿Dónde estás?- Se consoló.
Al fin, pudo abrir la puerta cognoscitiva de su cabeza y su corazón había dejado de palpitar.


(Situación psicológica)
¡Finalmente soy libre!
Bernabé De vinsenci




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