UN DESFAVOR
SURREALISTA
Sobre un plano gris hay un
rostro cercado de bellos
a sus espaldas un plano lo
sigue y la faz que procede después de su cuello
se convierte en un enorme
ciclope.
Es algo tosco verlo pero
las adversidades no hacen más que a un profano insecto, que desde
el punto de vista de un emisor parezca despreciable y hasta podría decir-
¿Pero que esto?
Dos calandrias buscan ser
partes de sus orejas y solamente desde el lunes pasado
no habían hecho más que comerlo,
si se lo observaba desde una de sus lateralidades inmediatamente las pupilas habían desaparecido. A pocas horas del
comienzo estos animalitos engendraban un trabajo eficaz.
¿Pero en donde está este sujeto? ¿Cuál es la
base que desea sostenerlo? Porque si desde
el tronco hacía arriba no
ha hecho más que espantar, nadie
soportaría la emanación de sus pies. Supongo para mí que sus pies serán inimaginables o la
misma imaginación se detenga al imaginarlos. ¿Ella puede ser espanto de su
propio espanto?
Con respecto a quien lo sostenía no era el Mar Mediterráneo. Se supone de boca
en boca (No quiere decir que sea un pueblo, lo contrario es un cosmos de
habladurías) que
un surrealista amigo le dedico un paisaje, que tenía
como sol, un faro. Eso sí, las gaviotas
cada vez que sin querer se acercaban caían al mar.
Está obra tenía un error, según Miguel Ángel, no se
distinguía con el celeste del cielo con el celeste del mar todo era homogéneo.
En ese mar vivió
aproximadamente un siglo. No tuvo a nadie con quien reprender. Tenía su alma endemoniada de soledad. La meta un poco inverosímil era encontrar tierra, un
lugar donde dar una palabra y recibir varias a cambio. Tener un pequeño acto comunicativo que, por lo tanto, su mayor ruido psicológico era la ilusión
hasta el momento.
Pasaron
segundos
minutos
horas
días
semanas
meses
años
Y por fin pudo distinguir
unas silueta curvadas hacía lo infinito. Por supuesto era el acercamiento a su
objetivo mayor: llegar a tierra.
– ¡He llegado al fin!- Dijo-
Recorrió el lugar hasta ocho horas diarias. Las fatigas
hacían que durmiese en
cualquier lugar a la intemperie de la
humedad.
Un día encontró una figura amorfa situada arriba de
tres palos.
Otro día encontró un sapo con boca humana que
platicaba y platicaba.
Después a un huevo que decía -¡Yo soy el astro! ¡Soy
el sol!-Y rompía su yema para decir que poseía rayos.
Hubo un día en que finalmente encontró una madera que
se extendía de forma rectangular'.
La exploró y llegó al mismo lugar.
¡Reynolds! ¡Reynolds!-Gritó eufórico-¿Qué has hecho de
mí? ¿Qué es lo que sucede?-
Y una risa soberbia vino del otro lado o de la nada,
porque no había otro lado o quizás sí.
Una
dos
tres
cuatro
cinco veces se rio la voz.
Entonces respondió
tratando de tener su tono burlón:
-¡Nada amigo eres parte de
mi pequeña obra! No te asustes a diferencia de los demás tienes la facultad de
pensar- Y otra vez se hecho a reír exageradamente que hasta las demás figuras
quedaron atónitas.
Bernabé De
Vinsenci
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