lunes, 18 de junio de 2012


UN DESFAVOR SURREALISTA


Sobre un plano gris hay un rostro cercado de bellos
a sus espaldas un plano lo sigue y la faz que procede después de su cuello
se convierte en un enorme ciclope.
Es algo tosco verlo pero las adversidades no hacen más que a un profano insecto, que desde
el  punto de vista de un emisor  parezca despreciable y hasta podría decir- ¿Pero que esto?
Dos calandrias buscan ser partes de sus orejas y solamente desde el lunes pasado
no habían hecho más que comerlo, si se lo observaba desde una de sus lateralidades inmediatamente las  pupilas habían desaparecido. A pocas horas del comienzo estos animalitos engendraban un trabajo eficaz.
 ¿Pero en donde está este sujeto? ¿Cuál es la base que desea sostenerlo? Porque si desde
el tronco hacía arriba no ha hecho más que espantar,  nadie soportaría la emanación de sus pies.  Supongo  para mí que sus pies serán inimaginables o la misma imaginación se detenga al imaginarlos. ¿Ella puede ser espanto de su propio espanto?

Con respecto a quien lo sostenía  no era el Mar Mediterráneo. Se supone de boca en boca (No quiere decir que sea un pueblo, lo contrario es un cosmos de habladurías) que
un surrealista amigo le dedico un paisaje, que tenía como sol, un faro. Eso sí, las gaviotas
cada vez que sin querer se acercaban  caían al mar.
Está obra   tenía un error, según Miguel Ángel, no se distinguía con el celeste del cielo con el celeste del mar todo era homogéneo.


En ese mar vivió aproximadamente un siglo. No tuvo a nadie con quien reprender.  Tenía su alma endemoniada de soledad.  La meta  un poco inverosímil era encontrar  tierra,  un
lugar donde dar una  palabra y recibir varias  a cambio. Tener un pequeño  acto comunicativo que, por lo tanto,  su mayor ruido psicológico era la ilusión hasta el momento.


Pasaron
segundos
minutos
horas
días
semanas
meses
años


Y por fin pudo distinguir unas silueta curvadas hacía lo infinito. Por supuesto era el acercamiento a su objetivo  mayor: llegar a tierra.
 – ¡He llegado al fin!- Dijo-
 Recorrió el lugar hasta ocho horas  diarias. Las fatigas
hacían que durmiese en cualquier lugar a  la intemperie de la humedad.  

Un día encontró una figura amorfa situada arriba de tres palos.
Otro día encontró un sapo con boca humana que platicaba y platicaba.
Después a un huevo que decía -¡Yo soy el astro! ¡Soy el sol!-Y rompía su yema para decir que poseía rayos.
Hubo un día en que finalmente encontró una madera que se extendía de forma rectangular'.
La exploró y llegó al mismo lugar.
¡Reynolds! ¡Reynolds!-Gritó eufórico-¿Qué has hecho de mí? ¿Qué es lo que sucede?-
Y una risa soberbia vino del otro lado o de la nada, porque no había otro lado o quizás sí.
Una
dos
tres
cuatro
cinco veces se rio la voz.
Entonces respondió tratando de tener su tono burlón:
-¡Nada amigo eres parte de mi pequeña obra! No te asustes a diferencia de los demás tienes la facultad de pensar- Y otra vez se hecho a reír exageradamente que hasta las demás figuras quedaron atónitas.

Bernabé De Vinsenci

No hay comentarios: