sábado, 20 de octubre de 2012


-Sobre nuestro, gran.-

En estos tiempos y en los anteriores la dignidad humana hacia su labor de engrosar la precariedad. Utilizaba cabelleras cosificadas y plegarias a Moloch convirtiéndolo en un grano que ensanchaba su raíz en consciencias débiles. A fines de todas las concepciones universales un Dios hoy reivindica-emanación multitudinaria a ciertas creencias acopladas a leyes, en cierto grado moralistas-que guían fines y tradiciones en cada recoveco del mundo. Entonces la idea de Dios y nuestra semejanza con él hunden una acuñación a las entrañas poco común y vanidosa. De los pensamientos  opacos han de venir nuestros cabellos y de su lenguaje, el nuestro sólo por querer ocupar el suyo en constante ausencia. Una fuerza superior no es más que el componente creado a partir de una cosa más pequeña o de menor importancia.
Para producir su fuerza éste demonio, no hizo peor condicionamiento que el semen. De algún lado su poder debería proliferarse para no decaer frente a las preguntas y el Bardo: la muerte. El semen puede ser una sustancia inservible u  asquerosa. Su poder se encuentra en el deseo, particularidad del hombre  innata, en donde lo imaginario, irreal, no palpable, puede revertirse a un aquí y ahora. Dejare el periodo anterior, lo recientemente mencionado a disposición del mismo entendimiento de cada uno.
El cargamento de los sucesos, tanto culturales de años pasados como los que se frecuentan por haber transcurrido hace poco tiempo, no quedan más que netamente impregnados en la malhechora memoria. Malhechora por el mal y torcido uso que realizan los mismos individuos. La memoria es la prima embustera, el fenómeno de persuadir la sensibilidad que se encuentra en el sótano para así defraudar  al ojo y la prisa risueña.
¡De ella hay que emanciparse, aprender a olvidarla en momentos y horas de dicha! ¿Hubo acaso un culpable de toda esta deformidad? 
Podría afirmar que sí, y sin embargo me niego a hacerlo. En estos tiempos si no confiamos unos de los otros ¿Por qué hacerlo en el viejo testamento? ¿En los proverbios de los cuales ya se debería descreer?
Resulta que las ciencias tienen la gran virtud de argumentar, fundamentar, y ser empíricas ¿Y qué sucede en donde no se encuentra nada de esto? ¿En lo que vendrá después de ser desdichados en carnes vivas?
Todo lo contrario del uso y manejo de las ciencias. Si no tenemos aparo ¿Cómo podríamos habitar un mundo en el que se nace, reproduce y muere?
Es aquí la necesidad de ser eternos, egoístas. El simple hecho de nacer coloca al hombre en un recinto por el cual se niega a morir. De tal grado es su negación que aparece un supremo, unas manos acogedoras para no enfriarnos de la consciencia, quien sabe que va a morir en algún tiempo determinado por los años.
Si todas las sensaciones,  los sufrimientos, los quehaceres y lugares fueran uno sólo, por lo tanto nuestro “Señor” sería el mismo. No tiene validez lo anterior, todos somos diferentes compartiendo el uso de la razón, ciertas cualidades y características, unas más similares que las otras. A veces podemos tener en común el tamaño del sexo, las palabras vanas o el color de ojos. ¡O es mismo creador!

Bernabé De Vinsenci   

2 comentarios:

Gustavo dijo...

Bueno yo pienso que cada cual primero tiene derecho a conocer sobre todos los platos que hay en la mesa. Y luego de probarlos saber cual es el que mas le gusta. Porque tampoco podemos aferrarnos a esos libros de no se que tiempo ni quien los escribio. Porque nosotros nacimos y la biblia, la tora, o el coran ya estaban escritos desde hace años. Y jamas nos dijeron a quien se le ocurrio, basandose en que circunstancia, si no agrego o oculto algunas cosas, si no lo hizo por conveniencia, etc.
Jamas lo sabremos

Bernabé De Vinsenci dijo...

Mi idea nos es buscar veracidad de nada.Solamente me parece que el hombre esta condicionado a creer,después cada individuo encontrara su mano acogedora. Pero elegir en quien creer es una elección más de la libertad.