domingo, 21 de octubre de 2012


Ya noche aparece amamantada en  la cruz
meditando en la siesta y el ventanal espía
y el pasillo duerme y las pálidas hemorragias
de una turbia vigilia se estremecen y callan, son obligadas a callar.
Pegados surgen y pegados  siguen  los parpados
del hombre, cadáver dormitado, y una viscosidad
polvorienta  entrecierra su jeta cada vez que la
cera ardiente le cubre el cuerpo bajo en temperatura normal.
El humo sale sabroso y su forma a muerte,
el hemisferio ha dejado de tildar y la pausa hunde
el espíritu al rojizo mar  con pigmentos amarillos que
delatan la omnipotencia de todo mal.  Se pregunta en sucesivas veces
al punto de estorbar : ¿Qué es más real el día o la noche?
Y lo cierto, es que más de uno desea ser el cabello de la sábana,
el conjugue de la cama y el violado del descanso. No vale nada de lo que debería
valer-Le dice una silueta de la onírica a otra- juegan con la impronta del revés-
Y pensar que mañana volveremos otra vez, y el cuerpo envejecerá
y el semen también, y la existencia y el deseo y yo, y tú, y todos.
Usados fuimos, seremos, y serán. La vestimenta del divino no fue vista ni
usual verla, unos lo dijeron, y otros se negaron, más que palabras no hubo
consuelo de absoluta fe-
Es terrible escuchar esto, hay una mano, un embriagado birlador, un propietario
que no ensueña en su sueño, que nos bendice con su maldición y ya aburrido nos hace
girar, marear en un cascote de lodo y agua, de vida y muerte. ¿Nadie ha notado la  perturbación?
Un secreto inevitable con un calambre de comprensión
el loco dibujaba en la pared un semen y decía: - Somos los
espermas, somos los que hemos llegado, él ríe y nos hace girar,
nos demanda huracanes y terremotos.
Que feo ser súbditos de un creador que nos engaña todo el tiempo
y nos ahoga con su pis, y nos entierra con su saliva-
A los dementes nadie los oye, sabemos que ellos tienen la amistad con el demonio, pero duele
escuchar las charlas que tienen con él, y a través de los chalecos buscan contarla,
a nosotros, los cuerdos del sufrimiento.

Bernabé De Vinsenci

No hay comentarios: