Cuento: “El loco”
“La razón nunca existió.
Puedo decirles que se transformó en un método que desemboca en la locura”
Los hombres pese a su
noción cósmica, incluyendo los datos más triviales, que pertenecen al universo
ocupando menor jerarquía, coexisten un mundo quimérico. La memoria, como dijo Renoir, es una
rememoración secuencial que la mente realiza mediante el esfuerzo. ¿Mediante
qué? -Aulló la voz de su demencia - El esfuerzo- repitió Renoir con desgano.
Cómo podría explicártelo. Mejor continuemos que el tiempo sigue igual, nada ha
cambiado. Un hombre situado en el presente es imposibilidad de existencia,
debido a que los objetos acabarían por absorberlo, en caso contrario, necesita
del pasado y lo venidero. Es decir, una frecuencia dinámica que dé-forma.
Después de tantos intentos
fallidos de suicido comprendí lo que realmente significa suicidarse. El
suicidio es una intuición previa a lo que viene luego. Lo desagradable de este
rito es la participación que tiene el cuerpo sacrificándose. Escúcha voz sin
órganos, tú y yo compartimos jornadas enteras de encuentros, pero allá afuera
miles de personas intentan suicidarnos con su mirada, son permanentes sus
observaciones y torturadoras como si fuese un prisionero de la inquisición. Los
iris cumplen sus guardias y yo aquí del otro lado sometido en carne, dopado con
fármacos, a la espera de un epitafio metálico. La idea aislada de este cuarto
es para que nuestras palabras no se masifiquen. A ellos les resulta más fácil
matarnos con sus ojos porque de otro modo sería una acción ilegal. Entonces
proceden de la siguiente forma, vaciándonos. O no has visto la cantidad de
kilos que he perdido y cada vez más progresivo hasta constituir el cadáver que
hay detrás de sus miradas.
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| Foto: Agostina Quagliardi |
En estos momentos todo me
concierne. Yo seré sacrificado por ti. Ellos no pueden oírte necesitan mi
cuerpo para llegar a oír tu sonoridad ¿Comprendes?
Hubo un silencio
prolongado hasta el amanecer. A la mañana siguiente la morgue ocupaba el cuerpo
de Renoir. Nadie necesitó su cráneo. La voz aún seguía en el cuarto acolchonado
prometiendo encuentros con otros pacientes.
Texto: Bernabé De Vinsenci

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