viernes, 1 de marzo de 2013


Breves narraciones: Bernabé De Vinsenci


Prólogo

Tan míseras no son las incertidumbres, tal vez se puede  jactar de cierto arraigo y volverse un maniaco de soluciones cumplidas. Con este modesto conformismo aflorar en dar un inicial puntapié a la generosa emancipación y asumirse como libertador: “El prodigo campeador”. Y en la medida en que uno se admite sobre lo resuelto, los proverbios chorrean, evacúan sus glóbulos dogmaticos. Precavidamente “Cualquier absolutista”  obtuvo su notable persuasión y de sus errores hizo virtudes de credibilidad. Como duele la subjetividad no objetivada, y el propósito aquí emerge en lo que pueda rearmar el ojo. Aunque se vea a los objetos como tal, en el acto comunicativo no deja de existir la especificidad singular de lo insólito. Y he aquí la significancia de enfrentarnos regularmente con los signos sin bautizarnos victimarios por el hartazgo de ver continuamente lo mismo. En la interactividad de la precepción hacía el objeto, sin advertirlo todo se vuelve insólito. 

                                                                          

“La comprensiva legibilidad de los textos subyace en el delirio de la imagen”

  

                              Entre medio de la opinión pública, no deja de ser recurrente el tema de la “brutal botella cósmica”. La mayoría de los indeterminados interlocutores asientan  énfasis mediante su lenguaje una queja por está y la desfragmentan tajadamente por encima de un histórico análisis. “Ninguno debe gustar de ella” afirma uno, y otro responde “Su agua nos individualizó” Desde hace varios siglos, la esclavitud “Sometida” hizo que está persistiera, y como lucha de escalinata exiguos fueron gladiadores-aquellos que saboreaban de ella- mientras que otros, permanecieron abajo, luego de su desplome,  inválidos por grandiosas quebraduras. Los que duraron en el descanso no descendieron a auxiliar a sus opositores, por lo pronto al tiempo fallecieron. La palabra puede manifestar una lucha, pero los hechos son quienes la hacen. La botella no deja de estar en pie por la gratuidad ardua de todos y debido a ella sobrellevamos las convulsiones diarias.  Si me permiten voy a sacar la etiqueta de ésta abstracta metáfora y a desnudar al capitalismo
   Les ocurre en cierta ocasión a los noctámbulos reapariciones de espectros evanescentes. En la apertura de la madrugada innegables supersticiones ciñen el espacio conquistando cada límite perimetral, de este modo se concibe un contexto de comodidad. Es verdad, el vasto conjunto  colonizador del calvario reza a deshora acurrucado en el sector más frívolo de su camastro y las almas que deberían tener vigencia diurna se restringen fundadas en el silencio absoluto. Por cierto una manía poco convencional para los noctámbulos, que ejerce pereza y desgano al amanecer siguiente.
En las alturas que no hay andanzas y discursos expuestos, el noctámbulo, “ser precavido a los despiertos”, ingenuamente está ofrendado  a su partida. Cada movimiento que genera cauteloso con la idea de anti-bullicios, corre el riesgo frente a un agente externo de alarmado desprovisto que puede ser el promotor de un paro cardíaco.
Entorno a lo sucedido los noctámbulos preceden con anticipo a nichos que deberían haber ocupado en tiempos  tardíos.
El epitafio es parejo, lo que desiguala son las fechasNos afirma el Nuevo Testamento en una de sus páginas.   
         La consciencia es un fenómeno de carácter ambiguo, y en su fase de abulia o fastidio forja sospechas de náuseas en ciertas jornadas.  El organismo, fatalismo para ella, impide en su naturaleza exhalaciones liberatorias. Entonces la consciencia es: una nada atrapado en una porción del todo.


                    La enunciación de dos sujetos, que a veces suele engañarse con lo enunciado, inciertamente forma una belicosa piedra en el estómago. Ella no está al espectáculo de indivisos, inevitablemente quienes la asisten son los notables participes de su arrojamiento, que tienen como primer síntoma  vómitos de agresivas palabras. En la medida que la contienda se esparce, involuciona y retarda surge de este modo la desaparición dual: lo amoroso asumido por los entes.  Se lo dije a Platón: “Lo más penoso es cargar la piedra que se hace cosa del olvido”  

                                              Inexcusablemente subyace cierta sospecha fundada en los organismos, una especulación nada favorable, pero por cierto curiosa. Callados son una masa interiormente tibia y a la vez un torrente de meneos. Los glóbulos yendo y viniendo, con empleo mecánico,  sin  apelación de  alguna legibilidad.  Tan pasmoso es el cuerpo verificado con especificidad que hasta se podría afirmar que se encuentra constituido por pequeños núcleos  inhumanos.

   La necesaria aislación es propicia para el sujeto, si el lenguaje es una enfermedad, tenerlo demasiado tiempo al alcance se vuelve perjudicial. La timidez no es más que el nombre de esa manifestación



Bernabé De Vinsenci

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