Breves narraciones: Bernabé De Vinsenci
Prólogo
Tan míseras no son las
incertidumbres, tal vez se puede jactar de
cierto arraigo y volverse un maniaco de soluciones cumplidas. Con este modesto
conformismo aflorar en dar un inicial puntapié a la generosa emancipación y
asumirse como libertador: “El prodigo campeador”. Y en la medida en que uno se admite sobre lo resuelto, los proverbios
chorrean, evacúan sus glóbulos dogmaticos. Precavidamente “Cualquier
absolutista”
obtuvo su notable persuasión y de sus errores hizo virtudes de
credibilidad. Como duele la
subjetividad no objetivada, y el propósito aquí emerge en lo que pueda rearmar
el ojo.
Aunque se vea a los objetos como
tal, en el acto comunicativo no deja de existir la especificidad singular de lo
insólito. Y he aquí la significancia de enfrentarnos regularmente con los
signos sin bautizarnos victimarios por el hartazgo de ver continuamente lo
mismo. En la interactividad de la
precepción hacía el objeto, sin advertirlo todo se vuelve insólito.
“La comprensiva legibilidad de los textos subyace en el delirio de la
imagen”
Entre
medio de la opinión pública, no deja de ser recurrente el tema de la “brutal botella cósmica”. La
mayoría de los indeterminados interlocutores asientan énfasis mediante su lenguaje una queja por
está y la desfragmentan tajadamente por encima de un histórico análisis. “Ninguno
debe gustar de ella” afirma uno, y otro responde “Su agua nos individualizó”
Desde hace varios siglos, la esclavitud “Sometida” hizo que está persistiera, y
como lucha de escalinata exiguos fueron gladiadores-aquellos que saboreaban de ella- mientras
que otros, permanecieron abajo, luego de su desplome, inválidos por grandiosas quebraduras. Los que duraron
en el descanso no descendieron a auxiliar a sus opositores, por lo pronto al tiempo fallecieron. La palabra puede
manifestar una lucha, pero los hechos son quienes la hacen. La botella
no deja de estar en pie por la gratuidad ardua de todos y debido a ella
sobrellevamos las convulsiones diarias. Si
me permiten voy a sacar la etiqueta de ésta abstracta metáfora
y a desnudar al capitalismo
Les ocurre en
cierta ocasión a los noctámbulos reapariciones
de espectros evanescentes. En la apertura
de la madrugada innegables supersticiones ciñen el espacio conquistando cada
límite perimetral, de este modo se concibe un contexto de comodidad. Es verdad,
el vasto conjunto colonizador del
calvario reza a deshora acurrucado en el sector más frívolo de su camastro y
las almas que deberían tener vigencia diurna se restringen fundadas en el
silencio absoluto. Por cierto una manía poco convencional para los noctámbulos,
que ejerce pereza y desgano al amanecer siguiente.
En las alturas que no
hay andanzas y discursos expuestos, el noctámbulo, “ser precavido a los
despiertos”, ingenuamente está ofrendado
a su partida. Cada movimiento que genera cauteloso con la idea de anti-bullicios, corre el riesgo frente a un agente externo de alarmado desprovisto que
puede ser el promotor de un paro cardíaco.
Entorno a lo sucedido
los noctámbulos preceden con anticipo a nichos que deberían haber ocupado en
tiempos tardíos.
“El epitafio es
parejo, lo que desiguala son las fechas” Nos
afirma el Nuevo Testamento en una de sus páginas.
La enunciación de dos sujetos, que a veces suele
engañarse con lo enunciado, inciertamente forma una belicosa piedra en el
estómago. Ella no está al espectáculo de indivisos, inevitablemente quienes la
asisten son los notables participes
de su arrojamiento, que tienen como primer
síntoma vómitos de agresivas palabras. En
la medida que la contienda se esparce, involuciona y retarda surge de este modo
la desaparición dual: lo amoroso
asumido por los entes. Se lo dije a Platón: “Lo más penoso es cargar la piedra que se
hace cosa del olvido”
Inexcusablemente
subyace cierta sospecha fundada en los organismos, una especulación nada
favorable, pero por cierto curiosa.
Callados son una masa interiormente tibia y a la vez un torrente de meneos. Los glóbulos yendo y viniendo, con empleo mecánico, sin
apelación de alguna
legibilidad. Tan pasmoso es el cuerpo
verificado con especificidad que hasta se podría afirmar que se encuentra constituido por pequeños núcleos inhumanos.
La necesaria aislación es propicia para el sujeto,
si el lenguaje es una enfermedad, tenerlo
demasiado tiempo al alcance se vuelve perjudicial. La timidez no es más que el nombre de esa manifestación
Bernabé De Vinsenci
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