sábado, 23 de marzo de 2013


El hombre se convierte en el perverso que lame una bañadera de pieles cuando  ya no hay más refugio de placer en su cuerpo. No hay trapos, hilos, o sogas en el espacio con forma de cárcel, que él ha creado, para acusar a su presa. La disciplina del conocimiento adivinará un día que nada tenía que ver el rito sexual con la reproducción de la especie.
 Con tal enunciado los escépticos afirmaban que: “no hacían más que envenenar a las personas antes de explorarse”.  Y por  espanto ellos con su cianuro en la palma se veían en citas de bares cerrados.
Numerosos cuerpos fueron hallados con ardor de veneno y los rostros eran anónimos, y la mortalidad se agravaba como el cataclismo de una angustia.

Bernabé De Vinsenci 

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