Frag-fer-mentación
Contra el seno se aplastó el esmalte de los dientes- las
muelas quedaron excluidas: (y la papilas de la lengua, y la lingüística se atrajeron
fenomenológicamente imantadas) El cuarto era una cubierta, no de goma. Allí resucitaban
muertos cada diez segundos y el acrílico
automáticamente retrataba lo que sucedía afuera: en el mundo
interdisciplinario.
Admitamos la figuración de nuestra conciencia, es decir, “el
pigmento de los movimientos” y “nuestros desplazamientos”: -Queríamos mantener intacta la virginidad de
nuestros sexos-
Con el codo apagábamos
las colillas, asqueadas, inválidas en la superficie de mosaicos cremas, y de vez en tanto incitábamos creaciones perversas
al oír pasar el tren con su aullido nostálgico.
Las paredes, en la subdesarrollada vivencia,
fueron cuerpos, y el lenguaje la pieza principal de la fortaleza anónima. Basta
tartamudear que fundamos el concepto ermitaño: la puerta flaca de algarrobo cerrada,
la medía luz entrante por la ventana (con sus sombras embalsamadas), la suciedad habitando en las articulaciones, innumerables
escupitajos de saliva en el tarro de costuras y el cenicero lleno de moscas,
aquellas que emboscábamos contra el vidrio para redimir los infames ratos de
aburrimiento… Hay una prolongada razón de la errabunda manera de vivir y sin
dictarlo en las planillas de protocolos, ambiguamente lo dejamos asentado con
nuestros quehaceres: ” Bajo ningún pretexto
deseábamos encontrarnos frente a la existencia. Nos parecía tan absurdo eso de
salir afuera y convivir con el existir de otros”
Bernabé De
Vinsenci
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