jueves, 28 de marzo de 2013


Nuestra literatura.

Es indignante el carácter del la representatividad literaria Argentina desde sus inicios.  Y decimos esto cuando toca hablar de “Facundo” el libro que escribo Sarmiento décadas después de proclamarse nuestra independencia.  Al decir anteriormente- indignante-, intento abarcar la funcionalidad que la obra intenta dar en nuestro país. En primer lugar corresponde señalar la dicotomía que entraña el contenido civilización y barbarie. Un forcejeo  de implantar lo que a América le era ajeno -copiar las bases del colonialismo- . Metaforizado se puede afirmar que el pueblo alguna vez había tomado obligadamente el veneno europeo, y ya después sabiendo la nocividad de este, nuestra literatura-como arte de liberación -intentaba a través del “facundo” imponernos que tomásemos otro trago más- Exponiendo en palabras atropelladas,  el proyecto Sarmientista negaba trabajar las bases sociales de origen latinoamericano, proponiendo exterminio para aquellos que no respetaran las condiciones de civilizado. Hay varias propuestas impulsadas por Sarmiento que luego serían llevadas a cabo por el Gral. Roca aproximadamente en los años 1870 las llamadas “campañas del desierto”. Fijémonos, como se constituye nuestra literatura nacional a partir de una base que intenta excluir y  además agreguemos que tal autor se ve actualmente como: “el fundador de los colegios o de la enseñanza”, es decir que tiene socialmente la imagen de un prócer. Quizás en  las escuelas a través de la pedagogía  podía trabajar más a fondo su empresa de civilización. En precisas palabras nuestra literatura da inicios en los cimientos de la deshumanización. Y no se trata de tajar en el mal modo, sino que se intenta dar cuenta de las raíces históricas las cuales desembocan  en nuestro presente.  Estos rasgos de formación de identidad, se ven a la hora de relacionarnos e identificarnos como seres de este continente. Vale destacar en cuanto a esto la importancia de la obra de “Rodolfo Kusch”, quien proponía que la ciudad era una -gran ficción- y en consecuencia  producía en los seres cierta confusión, creo que en estas ideas yace el anhelo de vivir copiando lo europeo. Y de la copia del querer vivir como los europeos  encuentro el grado de ficcionalidad sobre las ciudades. Me parece que la literatura ha desempeñado y desempeña hoy  un rol político, y digo esto porque ella es propulsora de ideas. Ideas de individuos condicionados por su región. Y nada más y nada menos, estás ideas surgen de la necesidad de una representación. A la vez, la repercusión de la literatura se ve en el mismo continente de donde ha salido la idea, y estas intensifican  la imagen del continente. En verdad, no hay una repercusión de validez inmediata, la repercusión va haciendo sinapsis a medida que transcurre el tiempo, y de este modo hace significar su valor en la historia. Pero vemos en el “facundo”  libro que tiene más de ciento cincuenta años y que ha sido unas de las representatividades de nuestro país, proponiendo en su contenido cierta enajenación con la palabra clave: “civilización” oponiéndose a “barbarie” la que refería a individuos verdaderamente de este continente en mi perspectiva.
Al parecer nuestra literatura se traduce en  violencia. Es necesario el requerimiento de un proceso de autonomía para repensar lo que hemos sido y lo que somos. Es decir cómo el sujeto actual  puede transformar sus bases para no respetar ese linaje del infame libro, en cuanto a su propuesta, “Facundo”.  

Bernabé De Vinsenci

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