Nuestra
literatura.
Es
indignante el carácter del la representatividad literaria Argentina desde sus
inicios. Y decimos esto cuando toca
hablar de “Facundo” el libro que
escribo Sarmiento décadas después de proclamarse nuestra independencia. Al decir anteriormente- indignante-, intento
abarcar la funcionalidad que la obra intenta dar en nuestro país. En primer
lugar corresponde señalar la dicotomía que entraña el contenido civilización y barbarie. Un
forcejeo de implantar lo que a América le
era ajeno -copiar las bases del colonialismo- . Metaforizado se puede afirmar
que el pueblo alguna vez había tomado obligadamente el veneno europeo, y ya
después sabiendo la nocividad de este, nuestra literatura-como arte de
liberación -intentaba a través del “facundo”
imponernos que tomásemos otro trago más- Exponiendo en palabras atropelladas, el proyecto Sarmientista negaba trabajar las
bases sociales de origen latinoamericano, proponiendo exterminio para aquellos
que no respetaran las condiciones de civilizado. Hay varias propuestas
impulsadas por Sarmiento que luego serían llevadas a cabo por el Gral. Roca
aproximadamente en los años 1870 las llamadas “campañas del desierto”. Fijémonos, como se constituye nuestra
literatura nacional a partir de una base que intenta excluir y además agreguemos que tal autor se ve actualmente
como: “el fundador de los colegios o de
la enseñanza”, es decir que tiene socialmente la imagen de un prócer.
Quizás en las escuelas a través de la pedagogía podía trabajar más a fondo su empresa de
civilización. En precisas palabras nuestra literatura da inicios en los
cimientos de la deshumanización. Y no se trata de tajar en el mal modo, sino
que se intenta dar cuenta de las raíces históricas las cuales desembocan en nuestro presente. Estos rasgos de formación de identidad, se ven
a la hora de relacionarnos e identificarnos como seres de este continente. Vale
destacar en cuanto a esto la importancia de la obra de “Rodolfo Kusch”, quien
proponía que la ciudad era una -gran ficción- y en consecuencia producía en los seres cierta confusión, creo
que en estas ideas yace el anhelo de vivir copiando lo europeo. Y de la copia
del querer vivir como los europeos encuentro el grado de ficcionalidad sobre las
ciudades. Me parece que la literatura ha desempeñado y desempeña hoy un rol político, y digo esto porque ella es
propulsora de ideas. Ideas de individuos condicionados por su región. Y nada
más y nada menos, estás ideas surgen de la necesidad de una representación. A
la vez, la repercusión de la literatura se ve en el mismo continente de donde
ha salido la idea, y estas intensifican la
imagen del continente. En verdad, no hay una repercusión de validez inmediata,
la repercusión va haciendo sinapsis a medida que transcurre el tiempo, y de
este modo hace significar su valor en la historia. Pero vemos en el “facundo”
libro que tiene más de ciento
cincuenta años y que ha sido unas de las representatividades de nuestro país, proponiendo
en su contenido cierta enajenación con la palabra clave: “civilización” oponiéndose
a “barbarie” la que refería a individuos verdaderamente de este continente en
mi perspectiva.
Al parecer
nuestra literatura se traduce en violencia. Es necesario el requerimiento de un
proceso de autonomía para repensar lo que hemos sido y lo que somos. Es decir
cómo el sujeto actual puede transformar
sus bases para no respetar ese linaje del infame libro, en cuanto a su
propuesta, “Facundo”.
Bernabé De
Vinsenci
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