hacia
siglos que arrastraba sus significados
¿y qué haría con cada uno de ellos?
era
como trabajar sobre lo trabajado,
casi
como manosear una piel ajena.
En
algún lado leí: “El oficio del escritor
es patético”,
y
sin embargo, no sólo el oficio del escritor
el
lenguaje es patético
el
hecho de un aparato fonador
de
una lengua
de
los objetos nombrados
y
de quien nombra a los objetos.
En
un tiempo no muy lejano
creí
que los enunciados de una prosa
o
un soneto debían ser embalsamados,
al
igual que un cadáver
al
igual que la muerte del cadáver
y
pese a mis pocos escrepúsculos con las letras
sigo
insistiendo en que todo patético es un escritor.
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