lunes, 20 de enero de 2014

hacia siglos que arrastraba sus significados
 ¿y qué haría con cada uno de ellos?
era como trabajar sobre lo trabajado,
casi como manosear una piel ajena.
En algún lado leí: “El oficio del escritor es patético”,
y sin embargo, no sólo el oficio del escritor
el lenguaje es patético
el hecho de un aparato fonador
de una lengua
de los objetos nombrados
y de quien nombra a los objetos.
En un tiempo no muy lejano
creí que los enunciados de una prosa
o un soneto debían ser embalsamados,
al igual que un cadáver
al igual que la muerte del cadáver
y pese a mis pocos escrepúsculos con las letras
sigo insistiendo en que todo patético es un escritor.


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