Mascaras acromáticas
Crepúsculo erguido sobre la faz seudo de la
tierra, nimios son tus habitantes
atascados entre la memoria y la
perplejidad de la incertidumbre…
Sobre la corteza terrestre se expande la
penuria sosegada del invierno que busca renacer lentamente…
En el ostracismo anaranjado, de pájaros que
emigran, escombrando palabrerías eufóricas bajo un cielo circense…
La osamenta se coagula derramando
estrías de calcio sobre los cráneo.
Opresión, figuran huellas sobre el
mármol rústico. Acuosidad, glutinosa colman ese escenario. Rojo bermellón se
dispersa bajo tu mano, que fatigada su anatomía enloquece los tendones
endureciendo la piel, sobre la penumbra.
Aquella envoltura que parecía asfixiar,
cae contra sábanas rústicas, imponiendo su tinte.
Se aproximan insectos necrófagos, desde los telares inesperados.
Se aproximan insectos necrófagos, desde los telares inesperados.
Penuria de moléculas sobre tu orificio
nasal, el astro golpea la parte inferior del
cerebelo dejando al individuo inconsciente…
Las pupilas se contraen, observan hacia
el oeste, sus brazos superpuestos resultan débiles ante los objetos cotidianos.
Sus manos extendidas, esperan recibir papeles bajo el ocaso oportuno.
Los poros se contraen, la pupila se
dilata encegueciéndose como el día por la noche y la sangre en éxtasis ansia el
bermejo oeste etéreo…
Polvo, acaricia su cuerpo. Mejillas
alborozas de esfuman entre los ruidos eufóricos y atuendos brillantes, el cielo
circense no desapareció aún.
El epitelio que sostiene la sangre coagulada absorbe el
polvo siniestro al anhelo inhóspito sobre la faz de la tierra estéril…
Aquella exhalación declara aterida su
ausencia. Surgen hilos entrelazados en su garganta, agujas apuntando sin brío y
un tono descolorido que lo despojan del escenario.
El barniz se ciñe de décadas, el actor
enfurecido vomita esas décadas de introversión desencadenando el monstruo de su
interior…
El público rígido de emociones cae junto
a él, en el vacío de la vanidad…
AUTOR:
Carmen Triacanthos
Bernabé De Vinsenci
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