jueves, 5 de enero de 2012


SI FUERA UNA METAFORA REALIZABLE


Comunidad sin osadía,  la frente enceguecida por el miedo camina. Cerebros en series, otra vez. Las calles contaminadas por destellos de rutinas. Todos es tan tétrico, para las consciencias opositoras que algunas de ellas se suicidan, negándose a ser subalternos de la rutina. Existió un individuo que murió antes de nacer, su madre opositora había decidido abortarlo. Pero después de la intolerable situación decidió suicidarse en la plaza del conventillo.
Los donceles desde pequeños adaptaban esta rutina.
Hasta que llegaría el líder. Una noche  mientras los caras de miedo dormían, es descendió en la faz de la tierra. Esa noche decidió quedarse a reposar las fatigas en una montaña. A la mañana siguiente, el sol daba sus estrépitos de rayos. Camino, por supuesto a el, nadie lo vio y lo veía, mientras se deslizaba en las calles.
El sabia que toda la ciudad, esperaba un discurso en el atardecer, donde asistirían la mayorías.
Entonces, durante la tarde camino en las calles, donde lentamente los individuos se desplazaban realizando su vida, sus consciencias eran inertes, como querer mover a Jesús de su cruz. Sentía que se contaminaba al relacionarse con la población, barnizada con caras de miedo.
Al llegar la noche, los preparativos estaban en marcha desde temprano, solo faltaba la voz y la asistencia de los individuos. Pero el, permanecía con plena seguridad de que todo saldría bien, anticipándose sobre su intuición.
La noche llego finalmente y los individuos asistían, las ancianas llevaban a sus nietos obligados y ubicaban en la primera filas, con intención de dar sus primeros aplausos al hombre que oprimía sus libertades inconscientemente.
La hora había llegado y todos estaban reunidos esperando la voz. El estaba sobre un costado de  la multitud, esperando con ansia el momento.
Cuando el opresor salio la voz resonó sobre los oídos.
-¡buenas noche!-
Y los aplausos comenzaron a expandiese desaforadamente.
El se encontraba todavía en la pose inicial esperando salir. Luego de varios minutos salio. Su luz encandilaba las caras de aquellos oprimidos. Y al término de su pasada la población reunida recuperaba la consciencia. Todos decían señalándolo..
-¡es la consciencia! ¡Somos libres!-mientras, el dictador de discurso, caía de rodillas, diciendo.
-¡sabia que la consciencia llegaría a ellos!-

Bernabe De Vinsenci

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