UN ECO DE
OPORTUNIDAD
El día es negro, caminando por el callejón, nos encontrábamos
con los ojos sin lagrimas respirando el oxigeno de las plantas. Algún niño paso
por delante de nosotros desapercibidamente. Las ramas caían por el viento, que
se levantaba para llevar los malos pensamientos. El dogma me quería tomar, pero
recurría al viento y se iba. A varios kilómetros del callejón un ebrio se nos
acerco, sus ojos eran una similitud a un cenicero lleno y su boca restringía el
área con un olor detestable. Nosotros no le temíamos al estado de sobredosis,
solamente temíamos, que un niño fuera testigo, de una mala moral, para añadirle
un significado. Mi gorro era extraño a la época y mi ropa era de modelos o
algún estereotipo que se perdería en la adultez.
Caminamos vario minutos algo atónitos y silenciosos, las
palabras provenían de aquel sujeto inerte, en querer vivir. El cielo oscuro se
volvió mas aun, de lo reciente y sobre el final de la calle, provenían
estrépitos de campanas resonando en mis consciencia. Mis ojos al igual
que los de mis compañeros se iluminaron. De repente el sonido de multitud,
comenzaba su marcha y grandes martillos pasaban por delante nuestro, sin
molestarnos. Mis ojos se humedecieron y mi voz se apago aunque había
permanecido apagada durante todo el camino. Una voz de fondo que no se veía de
quien era, por la multitud, decía:
-El fin es el principio-
El ebrio, cayo extendiéndose en el suelo y nadie acudió a el.
Frenamos y miramos los grandes martillos pasar. El cielo se vistió de flores,
algunas de colores rosas, en cambio otras oscuras y la voz de repente otra vez.
-Destruye tu muro-
El ebrio, se levanto con parsimonia y sacaba de sus ojos, las
grandes lagrimas. Nosotros al igual que el, sabíamos que el anuncio, era
específicamente para el.
Cuando la multitud de martillos rojos termino de pasar, el
enorme monstruo con lentes azules, camino cinco pasos lo que le fue suficiente,
hasta llegar al ebrio y le dijo.
-Levántate, toma mi mano-
El ebrio tomo su mano y se levanto. Hacia delante la multitud de
martillo se había detenido impidiendo paso a las puertas del infierno que
se habían abierto para el ebrio. Entonces, el monstruo dijo.
- Sal de tu muro, mi poder te ayudara a romperlo-
El ebrio permanecía en silencio contemplando al monstruo,
entonces, se levanto miro al cielo y grito.
- ¿Cómo podré salir de este muro?
El monstruo río y desapareció junto con los martillos, luego de
segundos cayeron sobre el callejón pedazos de piedras negras y en el cielo
resonó la misma vos.
-El muro se ha roto una nueva oportunidad empieza para ti-
Bernabé De Vinsenci
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