jueves, 5 de enero de 2012


UN ECO DE OPORTUNIDAD

El día es negro, caminando por el callejón, nos encontrábamos con los ojos sin lagrimas respirando el oxigeno de las plantas. Algún niño paso por delante de nosotros desapercibidamente. Las ramas caían por el viento, que se levantaba para llevar los malos pensamientos. El dogma me quería tomar, pero recurría al viento y se iba. A varios kilómetros del callejón un ebrio se nos acerco, sus ojos eran una similitud a un cenicero lleno y su boca restringía el área con un olor detestable. Nosotros no le temíamos al estado de sobredosis, solamente temíamos, que un niño fuera testigo, de una mala moral, para añadirle un significado. Mi gorro era extraño a la época y mi ropa era de modelos o algún estereotipo que se perdería en la adultez. 
Caminamos vario minutos algo atónitos y silenciosos, las palabras provenían de aquel sujeto inerte, en querer vivir. El cielo oscuro se volvió mas aun, de lo reciente y sobre el final de la calle, provenían estrépitos  de campanas resonando en mis consciencia. Mis ojos al igual que los de mis compañeros se iluminaron. De repente el sonido de multitud, comenzaba su marcha y grandes martillos pasaban por delante nuestro, sin molestarnos. Mis ojos se humedecieron y mi voz se apago aunque había permanecido apagada durante todo el camino. Una voz de fondo que no se veía de quien era, por la multitud, decía:
-El fin es el principio-
El ebrio, cayo extendiéndose en el suelo y nadie acudió a el. Frenamos y miramos los grandes martillos pasar. El cielo se vistió de flores, algunas de colores rosas, en cambio otras oscuras y la voz de repente otra vez.
-Destruye tu muro-
El ebrio, se levanto con parsimonia y sacaba de sus ojos, las grandes lagrimas. Nosotros al igual que el, sabíamos que el anuncio, era específicamente para el.
Cuando la multitud de martillos rojos termino de pasar, el enorme monstruo con lentes azules, camino cinco pasos lo que le fue suficiente, hasta llegar al ebrio y le dijo.
-Levántate, toma mi mano-
El ebrio tomo su mano y se levanto. Hacia delante la multitud de martillo se había detenido  impidiendo paso a las puertas del infierno que se habían abierto para el ebrio. Entonces, el monstruo dijo.
- Sal de tu muro, mi poder te ayudara a romperlo-
El ebrio permanecía en silencio contemplando al monstruo, entonces, se levanto miro al cielo y grito.
- ¿Cómo podré salir de este muro?
El monstruo río y desapareció junto con los martillos, luego de segundos cayeron sobre el callejón pedazos de piedras negras y en el cielo resonó la misma vos.
-El muro se ha roto una nueva oportunidad empieza para ti-

Bernabé De Vinsenci

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