sábado, 3 de marzo de 2012


DE LA GOTA NADIE HABLA
Ha amanecido con un ruido hosco y monótono, se ha propagado hasta los oídos frágiles ante la audición. Improvisto sin palpar subió las escaleras, las puertas cerradas cedieron su paso y los circulares oídos también. El viento por donde se deslizaba el sonido, acaricio las hojas y adelanto las nubes hacía el horizonte. El individuo detrás dormía, soñaba a vivir, en cada suspiro se escapaba una fabula, un extraño olvidado, la frazada que cubría su cuerpo volaba y se besaba con el viento en direcciones indefinidas aludiendo a infinitas formas abstractas. La gota de la lluvia, caída, maltratada caminaba parsimoniosamente sobre el marco oxidado. El ruido turbio en vigencia hacia vibrar la base de su recorrido, mientras, tanto el oxido manchaba el suelo rojizo, aburrido de pisadas. La mujer desnuda ofrenda del viento, sumisa danzaba ofrendando sus cabellos largos, sobreexcedidos. Ellos amaban incontrolablemente al sol que habían copiado sus matices. El niño se entretenía acariciando la tierra sobre su piel, vistiéndose con el pasto cubriendo su pudor. Azorada la faz sentía el cosquilleo,  reía y soñaba  y hacía soñar. La gota, aun, no había decidido estallar ser victima transmutada a un nimio charco, a evaporarse en el árido suelo. El día hablaba, las personas también, haciendo de su efímeras voces inentendibles melodías. Las enredaderas que ornamentaban las escaleras se secaban contantemente y volvían a su verdor a su fotosíntesis. Ella observaba absorbía las estrepitosas imágenes, deformes, desproporcionadas. Había en la existencia la recreación de dos mundos, de dos  respiraciones. El magma latía el doble y desde lo recóndito se abrazaba con el sol, con sus rallos. La luna esperaba su turno, aburrida de vez en cuando durmiendo, fatigada del largo tiempo nocturno solitario.
El planeta era de certidumbres, la gota omnipotente espía de todo seguía tratando de esquivar el vértigo. Pero las moléculas del viento la exigían. La meditación llegaba a los cuerpos y reposada auténtica aullado a la dicha, emanada por las energías en goce vital.
Ahora la gota había cambiado de recorrido aumentando su viscosidad asumida por el agua del nuevo lugar. Esa delicada capa había amortiguado la caída del posible estallido, pero  la gota marchaba omitiendo el riesgo que recientemente había vivido. El festín seguía aturdido, con ansia de no dar fin. Todos necios de una visión creían en la eternidad. La viscosidad comenzaba a degradarse, a perder  su esencia y la arena montaba alturas sin rendirse. Había pasado el tiempo, sin esperar a nadie, sin esperarse asimismo. Pero él, sabía acerca de lo que sucedería, del estallido, de los amores apagados y las voces difónicas. Es así que la sabia del tiempo se dio cuando la gota estallo. El piso fue su ataúd, estaba desparramada sucia, tratando de reflejar lo poco que absorbía.

BERNABE DE VINSENCI.

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