EL HOMBRE Y SUS OBRAS
Como una astucia de la delicada naturaleza y en refinada abnegación los parpados fatigados se cierran. El mundo queda divagando en el tiempo que no se oxida, empero, los refugiados en el si, ensuciándose y alimentándose de tal menester que dejan de existir. El aire ilusorio se estabiliza impregnado del lodo áspero, circundante y como buitres todos recurren a él, desnudos esperando saciarse de esta esencia mezclada de una vasta impureza. Plegarias alimentaran a este mundo, vislumbrando la desdicha y haciendo, aún, más recóndita la dicha.
Tomados de las manos audaces e incapaces de la razón, nos encontrara esta misma y se burlara de aquellos perdidos que se encuentran a diario en el mismo punto del cual partieron.
BERNABE DE VINSECI
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