UN MUNDO, SOLO UNO
Las calles cobraban vida al igual que las hojas nostálgicas en simbiosis con el pavimento. Las sombras aplastadas sobre los faroles circundaban aterradas huyendo de la monótona luz, anaranjada, amiga del sesgo nocturno.
El sonido hosco reaparecía como destello saltando sobre las nubes amorfas, aun, no perceptible. Las únicas pequeñas sombras enceguecían y aprendían a perderse sobre la oscuridad, fría , turbia de formas. Grietas de paredes con superficies heladas, sumergían en la corteza del ensueño, allí era el espacio pleno para las almas vacías, las masoquistas.
Praderas secas, movilizadas por las mas verdosas, enjaulaban el danzó motivado por el espacio melódico natural, autómata de la sangre coagulada por la misma pachamama..
Una multitud de sombras hizo oscuridad
y la mismas se consumieron.
Cuando las calles dejaron de cobrar vida, la aurora minuciosamente entro afanando campo, amenazando los tugurios de grietas y acabando con el festín.
Pero un día el amanecer tuvo un descuido, durmiéndose en su desaparición y vorazmente la tierra entristeció bajo el alma de penumbra.
Bernabé De Vinsenci.
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