viernes, 15 de junio de 2012


Claro u oscuro la obra de la vida

¡Qué tiempos eran aquellos! Las visitas nocturnas de la sangre y el delirio de la vida. El canto silencioso detrás del telón y las burbujas de sueños pinchados  que se volvían a proliferar. Los enamorados bajo un farol y la siesta silenciosa. ¡Qué tiempos eran aquellos! Pero ¿Por qué pensar que hubo un pasado mejor? ¿A caso todos los tiempos no serán igual? Si, quizás sí.
Las maderas del escenario están y siempre lo estarán, sin ellas, es imposible la vida, la realización misma. El telón es la muerte y los aplausos el cielo. Es lógico que estemos mareados de innumerables individuos. Algunos nos pertenecerán y otros en cambio serán espectadores, especuladores y porque no críticos. Nunca habrá mejor actor que él se centre en su obra y mimetice su papel ¡Miradas fijas! ¡Gestos fingidos! O ¡Gritos forjados! Pero la tarea primordial partirá en no caerse del escenario y que los demás participes  no se den cuenta de que uno cumple un rol determinado. ¡Cuánto delirio de la vida!  Agarrar sus bases y convertirlas a modo de uno o al modo de todos. Atrás está la protección de la penumbra el remedio de ánimo. ¡Cuán satisfactorio es sentir crujir las maderas! La presencia del espectador hace que éste ruido pase por desapercibido, pero cuando no hay nadie hace que uno se apoderé del espacio.
¡Hay farsa! ¡Hay comedia! ¡Hay drama! Individuo que se esfuerza para apoderarse de cada uno de ellos.
                                                   Y si me dijesen ¿Qué se acerca de la  vida? Replicaría que es un teatro. Y yo un actor que se dirige todo los días a él.

                                      

Bernabé De Vinsenci.

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