Claro u oscuro la obra de la vida
¡Qué tiempos eran aquellos! Las visitas nocturnas de la
sangre y el delirio de la vida. El canto silencioso detrás del telón y las
burbujas de sueños pinchados que se
volvían a proliferar. Los enamorados bajo un farol y la siesta silenciosa. ¡Qué
tiempos eran aquellos! Pero ¿Por qué pensar que hubo un pasado mejor? ¿A caso
todos los tiempos no serán igual? Si, quizás sí.
Las maderas del escenario están y siempre lo estarán, sin ellas,
es imposible la vida, la realización misma. El telón es la muerte y los
aplausos el cielo. Es lógico que estemos mareados de innumerables individuos.
Algunos nos pertenecerán y otros en cambio serán espectadores, especuladores y
porque no críticos. Nunca habrá mejor actor que él se centre en su obra y
mimetice su papel ¡Miradas fijas! ¡Gestos fingidos! O ¡Gritos forjados! Pero la
tarea primordial partirá en no caerse del escenario y que los demás participes no se den cuenta de que uno cumple un rol
determinado. ¡Cuánto delirio de la vida! Agarrar sus bases y convertirlas a modo de uno
o al modo de todos. Atrás está la protección de la penumbra el remedio de
ánimo. ¡Cuán satisfactorio es sentir crujir las maderas! La presencia del
espectador hace que éste ruido pase por desapercibido, pero cuando no hay nadie
hace que uno se apoderé del espacio.
¡Hay farsa! ¡Hay comedia! ¡Hay drama! Individuo que se
esfuerza para apoderarse de cada uno de ellos.
Y si me dijesen ¿Qué se acerca de
la vida? Replicaría que es un teatro. Y
yo un actor que se dirige todo los días a él.
Bernabé De Vinsenci.
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