viernes, 15 de junio de 2012


Cementerio del vino
Tú no sabes de la  jumera con el vino sangre bajo el brazo izquierdo. Tú conoces el recinto de mascaras y aromas saturados. No has ido por el sendero, mientras, las plantas hacen alusión de alguien y no soportas el frescor del alba.  Crees que el camino es interminable y temes que desde a maleza víboras atentan contra ti. -¡Yo he ido en el camino del norte!- Respondes ante la elite. No sabes que eres un incrédulo y sofista. Esas bolillas que dicen ser tus ojos lloraran algún día de vergüenza. En el camino de la arena andarás, escupirás y tu saliva se secara como tu alma. -¿Por qué a mí?-Dices- ¿Y no a otro?- Simplemente porque eres un admirador de la mentira.
La olla hirviente de sangre te busca como presa, el fuego quiere que dejes  de ser el insecto pensador que has sido. Quiere que seas parte de la nada, ahí donde no hay calamidad y aullidos en el amanecer. Decenas de Qom bailan a tu alrededor  sus pies son la percusión más abstracta y pegajosa de la región de este continente que por ahora se conoce como purgatorio.  El viento entra en las colinas y sale por el rio. La olla hierve y el fuego crece. Las almas ya han sido enviadas hacia ti. No son muchas el número reducido se debe a tu fragilidad espiritual. Acostado espera en un ensueño de pesadillas y gritos  silenciosos te mueves demasiado y no te detienes, eres inconsciente. Si alguien te viera sobre tu cama detallaría las enormes manos que te acogen.
-¡No!-Gritas ya despierto y las alamas te elevan, aún, más alto que los techos de tu vecindad. Pero porque has de arrepentirte si clamabas tus firmezas ante los otros, serás un hablante que se sienta y en las palabras realiza. ¡Hay pequeño incrédulo! Crees que jugar con las virtudes  y apoderarte de ellas, no hagas lo primero. Limítate a lo que puedes. Que harás algo más autentico y no dejaras que nadie venga por ti, cobrar lo que has dicho, pero que no pertenecía. ¡Bebe el vino moderado! Y no abuses de él ¡El puede abusar de tu cuerpo! Ahora ya estás entregado volando como un ángel extinguido. Dios sabe de ti que ¡Hueles a muerte!
Bernabé De Vinsenci. 

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