Cementerio del vino
Tú no sabes de la
jumera con el vino sangre bajo el brazo izquierdo. Tú conoces el recinto
de mascaras y aromas saturados. No has ido por el sendero, mientras, las
plantas hacen alusión de alguien y no soportas el frescor del alba. Crees que el camino es interminable y temes
que desde a maleza víboras atentan contra ti. -¡Yo he ido en el camino del
norte!- Respondes ante la elite. No sabes que eres un incrédulo y sofista. Esas
bolillas que dicen ser tus ojos lloraran algún día de vergüenza. En el camino
de la arena andarás, escupirás y tu saliva se secara como tu alma. -¿Por qué a
mí?-Dices- ¿Y no a otro?- Simplemente porque eres un admirador de la mentira.
La olla hirviente de sangre te busca como presa, el fuego
quiere que dejes de ser el insecto
pensador que has sido. Quiere que seas parte de la nada, ahí donde no hay
calamidad y aullidos en el amanecer. Decenas de Qom bailan a tu alrededor sus pies son la percusión más abstracta y
pegajosa de la región de este continente que por ahora se conoce como
purgatorio. El viento entra en las
colinas y sale por el rio. La olla hierve y el fuego crece. Las almas ya han
sido enviadas hacia ti. No son muchas el número reducido se debe a tu
fragilidad espiritual. Acostado espera en un ensueño de pesadillas y
gritos silenciosos te mueves demasiado y
no te detienes, eres inconsciente. Si alguien te viera sobre tu cama detallaría
las enormes manos que te acogen.
-¡No!-Gritas ya despierto y las alamas te elevan, aún, más
alto que los techos de tu vecindad. Pero porque has de arrepentirte si clamabas
tus firmezas ante los otros, serás un hablante que se sienta y en las palabras
realiza. ¡Hay pequeño incrédulo! Crees que jugar con las virtudes y apoderarte de ellas, no hagas lo primero.
Limítate a lo que puedes. Que harás algo más autentico y no dejaras que nadie
venga por ti, cobrar lo que has dicho, pero que no pertenecía. ¡Bebe el vino
moderado! Y no abuses de él ¡El puede abusar de tu cuerpo! Ahora ya estás
entregado volando como un ángel extinguido. Dios sabe de ti que ¡Hueles a
muerte!
Bernabé De Vinsenci.
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