PADRE
No eches la muerte a revolotear cerca de ti
en la frialdad de la noche. Áspera la luna sangrara en el vientre del alba y los hocicos venideros del infierno quemaran los sueños de los pies.
No eches a correr en la travesía de vanidosas manos. En las embocaduras de las caricias caerán tus gozos y efímeros aullidos del horizonte lejano aterraran tu alma.
¡Veras pasar uno de los sietes jinetes. Pero no te incites! Es el jinete de los cuatros espécimen huérfanos.
Habrá un alberca que se extenderá
seduciendo tus ojos derrotados negruzcamente.
¡Camina que el opio no te detenga. El dolor es la madre de tú alma!
¡Oh! El horizonte se parece a la imagen de un sueño y al delirio de la muerte.
Los alambres cercan su trono
y el oxido amenaza la vida.
¡Hay siluetas que acompañan!
Son arboles.
-¡Padre!¡Padre! Devuélveme la protección del niño- Exclamas.
En la cima de la nada los demonios han sacrificado a tú padre.
¡Tú lo has hecho!
Bernabé De Vinsenci
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