-dando su espalda a mi frente-por la tarde de ayer -8 de ningun mes exacto-
-En ella."la tarde, casi atardecer"-
me desarmaba de a pedazos,
de a poco, sin apresuro y ansiedad-
Su modesta presencia ante la solemnidad en mí,
nos sorprendió-al consciente y el inconsciente-
y dio una aviso al agujero negro.
El tope con un animal
en la tarde de ayer
cuando las deshojas hablaban
de un agujero
de plátanos y de la entrante noche rancia
que se caía y se apoyaba moribunda
en la cama de nubes-me hizo mear los ojos-
Ayer pisando agujeros negros,
posteriormente de ese ayer, gris.
-parece que el ciclo me respeta o yo a él, no lo he descubierto, aún-
y hoy nuevamente negros, una vez más,
con la expectativa de sentirme culpable o de que todo se aclare en algún instante.
Hace un mes que vengo
pisando agujeros de un solo color o el mismo, para medir precisiones, sólo
algunos desteñidos
y además,
sigo viendo a Don Carlos con su modesta figura
intacta en el mismo lugar-en el cordón de la vereda-
Al perro no lo vi más- en la esquina-
ahora se de una cosa
no dejare de pasar por esa calle, por esas baldosas levantadas
y tampoco dejare los agujeros negros y grises,
algún día, lo sé, cruzare nuevamente a la muchacha que dijo "Adiós"
y los agujeros que eran negros serán blancos, y los grises serán rojos
Lo sé, que será algún día. Por ahora seguiré pasando por esa calle,
aguantando a Don Carlos y sufriendo la ausencia del fiel perro
que vi una vez.
Bernabé De Vinsenci
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