El tiempo de estar sola.
Siempre le había costado estarse quieta ahí, esos lugares de caras
perdidas y filas diseñadas para morir. Las circunstancias de socialización
entraban desvirtuadas en ella. La mano se le enfriaba, la boca se le desviaba y
los ojos se retiraban hacía arriba de la cabeza como queriendo alcanzar sus
cejas o besar los parpados. Permanecía en su sillón las veinticuatro
horas del día leyendo y en ocasiones acariciando a Tommy su gato en su falda el que
le había regalado su madre cuando era niña. Un día el apareció ante la nada. Lo
espió por el ojo de pez, ese que está en la puerta y decidió no atenderlo las ultimas palabra de la carta que él le
había dejado, llego a privarse de abrirle la puerta “Vos sos una puta eso sos. No me llames más”. . Y aunque él era funesto y transparente se divertían
mucho, sólo la complicidad que había entre ellos hacía soportable esos momentos
de letargo y espera. Pero nada de eso ya ocurría esos buenos y ahora
pensado como fracasos momentos se desilusionaban
en su memoria, si así se quiere llamarlo.
–Basta, basta no puedo, es suficiente- Tomo a su gato que permanecí bajo el calefactor y lo
beso. El gato dio un salto y se marcho afuera.
En ese instante deseó ser un gato bajo algún
calefactor, y que alguien la levante para que un beso la haga saltar hacia
cualquier lado que no sea adentro de ella.
Beso en sus manos para no sentirse tan sola y calentarlas, siempre la
melancolía hacía que ellas se enfriasen. “Sos una mentirosa le decís su madre
no podes sufrir por ese muchacho” y ella sin embargo, lo hacía.
-¿Qué haces ahí? Es tarde-
-Nada mamá-Respondió ella-
-Buen, no te quedes mucho más-
-No-
-Hasta mañana-
Ella no respondió el último saludo de su madre, se quedo contemplando la
foto en la cual estaban todos, hasta su padre, quien, había fallecido hace un año. Vivía
con mucho asco esos consejos, sobre todo cuando eran ciertos... trató
rápidamente de concentrarse en otra cosa, y dirigió la mirada a la única
ventana que había en la sala. -Tengo que salir de acá, se dijo. “No sé,
debería llamarlo “se dijo así misma y se tocaba los pechos seguidamente de su
vagina. Eran más de dos meses sin tener una compañía, dos meses de soledad y
llantos por la noche.
-Te quiero, te quiero-Le dijo él
-Yo también- Y ella la beso-
Un recuerdo de dos años atrás, aún, las voces parecían ser verdaderas y
transcurrir en el momento. Nuevamente miro
la ventana y recorrió con su dedo el marco. Luego el vidrio y nuevamente a
tocarse ella misma.
Nunca supo de qué lado del tajo situarse, ni si
tenía que elegir uno, en esas noches lo único que la hacía sentir mejor era la
idea de caer por el centro mismo del tajo, y de perderse para siempre en esa
desesperada anestesia del infinito que ya no la dejaría volver.
Inesperadamente salió afuera a fumar un cigarro
sola, con frio y ansiedad. Alguien tomo su mano, la llevo a la oscuridad y la
beso. Era él. Ella forcejeo y entro adentro.
-¿Qué pasó?-Le pregunto su madre. Se había
levantado en camisón.
-Nada mamá, me siento mejor. Vámonos a dormir-
Autores:
Bernabé De Vinsenci
Agostina Quagliardi
Aveces el mundo podría ser el goce de un hombre explorando los senos
de una mujer y el placer de que le toquen los senos a una mujer ...

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