viernes, 21 de septiembre de 2012


La parla

La tiniebla en Parla ciudad del hemisferio derecho de Dios se remite a noche, ella se reinicia tipo once de la mañana, horario en el que todos se encuentran limando sus uñas, ya que está prohibido tenerlas largas, se estanca y prontamente huye. Sin embargo, los hombres en  libre albedrío aprovechan en esta ciudad a las seis de la tarde para bajar los cuervos situados en los alambres, conductos que vienen de un cíclope con constituido a base de millones  de hormigas recolectadas por jóvenes de un sólo píe y les comen los ojos, en virtud a tener más visión.
Cuentan los viejos sabios de los alrededores de Parla que los ojos de cuervos "Rompen con la percepción histórica-normal, y los sentidos pueden detectar el más allá".
La desnudez, un día más agregado que tienen ellos de la semana, dejo de ser pudor en las muchedumbres y en las reuniones de plazas. El Canciller Groppens un viejo orejón y melenudo, comenzó a reutilizar su consciencia rompiendo ciertos cánones, encomendada por un divino creador y por ende, procreo  fetos que en el tiempo saltarían de aquí para allá, sin necesidad de dos piernas. No se le había ocurrido más que reformarlos-en la plena etapa de la pubertad- a que tuvieran  sólo un píe.
Hubo una radical transmutación de desarrollos y fines, los jóvenes no debían viajar, Parla era su único lugar y las únicas costumbres obligadamente tenían, y además de eso, estaba censurado platicar de las aventuras y  los intelectuales que no fuesen de allí.
En bulevares arcaicos-desde que se fundó Parla-los arboles poseían manos, las mismas como las que solemos ver a diario. En ese lugar las mujerzuelas perdían a sus novios de Venecia, ellos desaparecían cada vez que su muchacha miraba atónita hacía otra región y luego de decirle -¿Viste ese pájaro de ahí?-desaparecían súbitamente. Claro, esos novios no existían, sólo eran imaginación pura de las muchachas que aburridas de los machos de Parla inventaban  perfectos caballeros ¡Bondadosa y majestuosa imaginación tenían!
Hubo una vez un anciano que le contó a su vecina y esa vecina a la nieta de Carla que “Zubron” un hombre de unos veintinueve años sin diente llamado "El subversivo de Parla" Se había acostado con la esposa del “Canciller”, el mediador con lo divino para que las cosas y los proverbios funcionaran de manera correcta. Y que ésta mujer hosca y llena de arrugas y granos, se había enamorado profundamente y  vanamente del jovenzuelo.
Pero ¿Cómo iba a durar ese romance que tenía a una cabeza por un lado que insinuaba y otra qué realmente amaba a ciegas? ¿Y qué sucedería en una ciudad súbdita en dónde todos temían a la autoridad y estaban tan reprimidos, sí se enteraban del severo engaño hacia el Canciller, “Severo porque a él le resultaría así y a todos también”?
Bueno, sin que todos lo sepamos o si algún vivo lo sepa. La vecina dejo de contarle la historia a la nieta de Carla, por qué se había adormecido sobre la falda de la niña y comenzaba a largar baba de la boca
En lo cierto, sin dejar inconcluso todo, la nieta de Carla, siguió con la odisea de la siguiente forma: “Parla no es más que un mundo quimérico, todos los mundos los son y sin olvidarme el tiempo lo es. La realidad está formada a partir de una idea y desde la razón, porque si hay algo que nos distingue de las bestias, es la razón y la capacidad de ésta para poder idealizar ¡Ay qué frustración se me hace con la existencia puesta en práctica! Exclamaba la niña y le tapaba a la mujer los orificios de las narices para que dejara de dar ronquidos. Por eso quizás seamos más torpes, siguió la niña, porque entorpecemos la espontaneidad del ser. Los cuervos han sido lo más sobresaliente de todo lo narrado, por esta dormilona y molesta anciana.  Me decía que “los hombres de Parla, sacaban los ojos de los cuervos para comérselos y algo así como para que pudiesen  ver más allá” Pero creo que los cuervos eran tan genuinos que la misma voracidad de malicia de los  hombre sometidos querían romper con la perfecta naturaleza, y además de eso, parece que ellos envidiaban o envidian el error de la nuestra” Porque, pensándolo bien me parezco a unas de esas mujerzuelas”
Habrían pasado dos horas, la anciana se despertó mientras la niña jugaba con su gato.
-¿Querés que te siga contado?-
-No, gracias. Deja mis ojos tranquilos-Replicó y siguió balanceando sus manos hacía el pequeño gato.

Texto:
Bernabé De Vinsenci


Pintura:Nicolás Miramont






1 comentario:

Dante Bertini dijo...

elegiste un arte solitario, de difícil, ardua comunicación.
La unica respuesta está en este camino que te lleva a ningún lugar preciso, la única gratificación es transitarlo: tropezando, subiendo, deslizándote, en caída libre y en vuelo sin destino ni fronteras.
Que lo disfrutes mientras tanto, haciendo.