en la falacia,
trono ideal en el que se puede conseguir aldeanos sin oro, mí epidermis toma características
de un reptil: en el transcurso de cada amanecer, en la piedra lanzada de cada
palabra buscando pegar en el acuerdo, y los más propenso es que invade mi
rostro absolutamente. Éste gran conjunto de quehaceres y fianzas se concentra
ahí netamente, desde la pera hasta el último pelo de la cabeza.
El rostro es tomado de la manera en que un buzo
puede entrar al
brazo y no salirse más.
Para acreditar
que se
empeoran las
cosas,
todo tipo de
vidrio reproduce n
mí gran mentón
pómulo
y mí jeta quien
niega decir algo
para no
irrumpir
su propio
espíritu en el instante
crucial tope a
tope con el: espanto.
Puedo agregar
que las
relaciones
humanas han dado su vuelco brusco
a partir de
sufrir todo esto tan absurdo:
el antifaz, ya
no hay que ponérselo antes de salir…
no somos reptiles,
sí, lo parecemos….
Esa superficie
que está delante de nuestras caras
es acumulación de fingimiento comprimiéndose con
el tiempo, más y más.
No te asustes
si dejas de
fingir un poco ante los otros para ascender
o ganar
prestigio se ira, tú eliges:
¿Un rostro sano
y agradable o uno desagradable hasta
el punto de
asimilarse al de un reptil?
Bernabé De Vinsenci
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