domingo, 14 de octubre de 2012





 Al permitirme olvidar las entrañas
en la falacia, trono ideal en el que se puede conseguir aldeanos sin oro, mí epidermis toma características de un reptil: en el transcurso de cada amanecer, en la piedra lanzada de cada palabra buscando pegar en el acuerdo, y los más propenso es que invade mi rostro absolutamente. Éste gran conjunto de quehaceres y fianzas se concentra ahí netamente, desde la pera hasta el último pelo de la cabeza.
El  rostro es tomado de la manera en que un buzo
puede entrar al brazo y no salirse más.
                               
Para acreditar que se
empeoran las cosas,
todo tipo de vidrio reproduce n
mí gran mentón
pómulo
y mí jeta quien niega decir algo
para no irrumpir
su propio espíritu en el instante
crucial tope a tope con el: espanto.

Puedo agregar que las
relaciones humanas han dado su vuelco brusco
a partir de sufrir todo esto tan absurdo:
el antifaz, ya no hay que ponérselo antes de salir…
no somos reptiles, sí, lo parecemos….
Esa superficie que está delante de nuestras caras
es  acumulación de fingimiento comprimiéndose con el tiempo, más y más.
No te asustes
si dejas de fingir un poco ante los otros para ascender
o ganar prestigio se ira, tú eliges:
¿Un rostro sano y agradable o uno desagradable hasta
el punto de asimilarse al de un reptil?

Bernabé De Vinsenci

No hay comentarios: