martes, 23 de octubre de 2012


Fumo a deshora  haciéndolo todo el tiempo y lo más miserable  es que el cigarrillo se ha convertido en un órgano condicional para mi mano. Ayer Angelita me contaba de la tela que le está poniendo a su nueva bota parisina y yo fumaba y fumaba no dejaba de hacerlo, jugaba con las formas  sucesivamente hasta hostigarme la boca. Atrás en mis espaldas un pequeño demonio me mordía los pulmones al mínimo movimiento. -¡Deja de fumar!- se enfurecía Ángela y abría la ventana y tocia al sacar un nuevo cigarro de mi atado. La habitación vecina siempre  bochinchera, portazos y la luz prendida hasta las seis de la mañana, durante el día no se ven entrar ni salir. En algún cruce de domingo, tampoco han dado un saludo, ellos estaban antes que nosotros alquilando, y al parecer nuestra venida lo afecto.
El encargado de las rentas hasta ha  venido todos los meses, como lo afirmo antes del contrato,. Desde su entrada por la puerta principal ya se sabe que es él. Interroga a cada uno,, toma un café y se va cauteloso, y colérico. A mí no me ha hablado mucho, seco, soberbio y altivo me mantuve cada vez, que vino para no generar tantas idas y vueltas de palabras. No soy demasiado sociable, pese a mis fastidios e intolerancias. Más de una vez, me han confundido serio por renegado.
Paso media hora, Ángela se fue a dormir, mañana supongo que madruga y yo en el living fumando. Exactamente son las tres de la madrugada, todo el lugar y los demás departamentos en silencio, excepto el de al lado que aún siguen con la luz encendida y alguno gemidos del sexo. No hacen más que eso.
“Fumar causa cáncer” leo sobre uno de los costados del paquete de cigarrillos. ¿Acaso  la sociedad no es un cáncer? y  todavía tiene más lentitud que éste, lo hace terminalmente en décadas, a sangre fría. Luego de incansables formas, de estorbar a las moscas con el humo, se me vino el cansancio del día. Cuando el reloj de pared dio las cuatro y media, tome el último cigarro, lo enfrente a mis ojos y le dije: ¡Te comportas bien ¿Me entendiste? Él no hablo, pálido se mantuvo y arrugo la piel al verme mover las manos. Todos los tabacos son sinónimo de inexistencia, no lo saben, por supuesto que no, jamás han poseído la capacidad de razonar, pero sin embargo sienten la mortalidad ante el fuego como los espejos que hacen esconder la belleza, si no existirían todos seriamos bellos. Claro sin contar lo que pueden decir los otros al vernos. Agreguémosle que sin espejos y todos mudos seríamos lindos.
La desvirgada pitada del último cigarrillo fue normal, un poco de ardor en la garganta y la subida hasta la lengua de los componentes químicos. Las primeras formas realizadas con el humo se expandieron y desaparecieron, parecían nubes bajas y veloces. Un rato me mantuve c6n constancia  en querer formar una forma, y al cabo de intentos me desanime.
Prepare un café con leche, éste  hirvió   y el pocillo se lleno con su ruido universal. No había notado que el cigarro estaba en el cenicero de madera, un recuerdo de Tandil. Pensar en ello me produjo ansias de darle  unas pitadas más,, de consolarlo para que no muriera solo, unos mimos con mi boca, le darían una muerte sana. Deje el pocillo sobre la mesa de la cocina, tome rumbo al living y una sombra se deslizo debajo de mi cinto. El cenicero se encontraba vacío, sólo algunas cenizas frías lo cubrían y el objeto me llamaba, me llamaba. No tuve más opción que acercarme y decirle ¿Qué te pasa?  como si fuera un enfermo. Me miro  severo y enmudeció viendo la sombra pasar por mis espaldas. De inmediato lo arroje al retrato de papá situado en la pared, el vidrio se cayó, se rompió y la fotografía quedo desnuda.- ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? -Apareció atónita Angelita con su camisón floreado- Nada, nada anda a dormir. Solamente se rompió el cuadro de papá.

Me acosté cerca de las cinco y cuarto, no pude dormir. Quizás me quede dormido en el sillón y todo fue un sueño, lo cierto era que el pocillo estaba tibio en la mesa y en los sueños no hay elementos a los cuales se le pueda medir su temperatura.
A la mañana siguiente fui a comprar más cigarros, el vendedor se escondió, puso el cartel “Cerrado” y bajo las cortinas. Ángela en el almuerzo expreso que nunca se había sentido tan extraña como hoy. La calme diciéndole que pueden ser las desvaluaciones del clima. No tuve más remedio que ir por la tarde a la casa de un curandero, debía encontrar repuestas a lo acontecido en la madrugada
.-No, señor, usted no tiene ninguna hechicería-Pero... Señora ¿No estará usted equivocándose? Le dije-No, se lo puedo afirmar que usted no tiene nada de eso-Entre por la calle calmo, en una de las esquinas un fuerte dolor de espaldas me condujo  al hospital. ¡No aguanto más! ¡Es insoportable! Gritaba internado  mientras una de las enfermeras acudía a mis gritos y mi hermana entraba detrás de ella.
-Ángela ¿Por qué lloras?-La replique al verla entrar en la habitación

-No por nada Mateito-Y  acariciaba mi pierna
¿Pero decime? Me siento mucho mejor, mañana nos vamos ¿Qué tanta preocupación?-
Ángela seguía sollozando y secaba los mocos con un pañuelo cocido por ella.
Bueno, si no me decís por qué lloras, me saco todo esto y me voy a la mierda.
No hubo repuestas por parte de su hermana.
¿Qué pasa?- Insistí con bronca y tire un vaso
Está bien, está bien, creo que deberías saberlo-Dijo Ángela entre lagrimas- Mañana el que se va sos vos- Y los ruidos de su tristeza despertaron a los enfermos de las demás salas-
¿En serio me lo decís?-
Si-
Me muero, eso es. ¿Y cómo lo sabés?-
Hace un rato vino una mujer, no sé cómo me conoció, y sabía que yo exactamente era tu hermana. Dijo que fuiste a su casa, y que de tantos papeles que tenía se equivoco con lo que tenía que decirte....
¿Y?-
Nada, mi hermanito, mañana te vas a morir. La últimas palabras de la mujer fueron que evocaste  una forma de igual tamaño a la muerte, mientras fumabas y según ella, una vez que la evocaste te toma y no te suelta hasta llevarte con ella-
Me eche a reír tanto que debieron darme un calmante. 

Bernabé De Vinsenci

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