miércoles, 10 de octubre de 2012

Un cuerpo apareció decapitado esta mañana en una zanja que justo daba en el frente del propietario ciclope, hombre al que ni su padre lo visita. El hallazgo fue inesperado y algo previsto para las hormigas según, Fiodora la reina, quien afirmo lo siguiente: “Lo que hicimos nosotros fue aprovechar éste cuerpo para esquivar un pozo que nos intricaba el camino. Vimos que se venía tambaleando y ¡P
um! Se cayó. Resulta ahora que el señor comisario nos culpa del acto” Tuvo gran difusión en los pueblerinos el hecho ocurrido. Ninguno podía pronunciar el nombre de este muchacho, y al cabo de unas horas se olvidaban de él y del mismo suceso. Acerca del asesino no se supo nada, y ante la amenaza del Estado “Ojo que todo lo debe señalar para luego todo juzgarlo” no tuvo más remedio que culpar a todo el pueblo.
Prósperos años de miserias y tuberculosis vinieron, lo mismo ocurrió con el pueblo, nunca más se supo de él.


Estas fueron las últimas palabras del presidente tuerto:


-¡Miserables señores y señoras! ¡Se consumirán, se consumirán! ¡Se consumirán pagando sus impuestos para adornar mis manos de anillos y mis paredes de pinturas!-


Nadie escucho la fonética, él lo medito, y las consecuencias se vieron en el tiempo más próximo.



Bernabé De Vinsenci

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