um! Se cayó. Resulta ahora que el señor comisario nos culpa del acto” Tuvo gran difusión en los pueblerinos el hecho ocurrido. Ninguno podía pronunciar el nombre de este muchacho, y al cabo de unas horas se olvidaban de él y del mismo suceso. Acerca del asesino no se supo nada, y ante la amenaza del Estado “Ojo que todo lo debe señalar para luego todo juzgarlo” no tuvo más remedio que culpar a todo el pueblo.
Prósperos años de miserias y tuberculosis vinieron, lo mismo ocurrió con el pueblo, nunca más se supo de él.
Prósperos años de miserias y tuberculosis vinieron, lo mismo ocurrió con el pueblo, nunca más se supo de él.
Estas fueron las últimas palabras del presidente tuerto:
-¡Miserables señores y señoras! ¡Se consumirán, se consumirán! ¡Se consumirán pagando sus impuestos para adornar mis manos de anillos y mis paredes de pinturas!-
Nadie escucho la fonética, él lo medito, y las consecuencias se vieron en el tiempo más próximo.
Bernabé De Vinsenci
No hay comentarios:
Publicar un comentario