Entran en trance los ojos, y lo hacen de un modo perverso. En cada cerco de las pupilas pragmáticamente está la perversidad.Cada uno cree que haber enmudecido, dejó el discurso al lado de la vía y ante ello esperan acercar distancia ¡Y no! Jamás el silencio es la mera comunicación. Quizás si, pero entrañablemente, gotas y gotas entran sobre en el acto del silencio y una bola reaccionaria de piedra crece, y crece en los adentros. Existe una necesidad en ellos, él tocar su piel leche, y ella ser penetrada con lentitud, pero la imposibilidad irrisoriamente ejercida, quita ánimos. El hombre se levanta prende un cigarro y desvía la mirada sobre ella, que está en la cama. Tapada, con los pelos enredados y con el olor que a él lo excita. Varias veces se lo dijo: El olor que genera mi baba en tu piel, me enloquece, me dan ganas de entrar en vos, traspasarte con las caricias-
Él permaneció por más de veinte minutos en la silla fumando, ella se hacía la que dormía, y aún más sufría el abandono rebelde.
El ciclo insiste en nosotros, es una carretera inevitable. También hay una certeza de abandonar ese camino multitudinario, y quedarse satisfecho en un costado, viendo pasar y pasar a los demás en el esponjoso y ordinario juego. Mañana habrá una posibilidad de que abran otra carretera y unos poco irán. Allí iremos tú y yo, cautelosos para que ninguna legión se nos venga -Ella respondió- Claro, mi amor.
Ambos se fueron a dormir.
Bernabé De Vinsenci
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