jueves, 1 de noviembre de 2012

Es cierto y lo delato,
nunca me encontré en la orbe,
siempre distante y severo
en presagios pesimistas,
arrojado en el abismo
y negro en el cuarto.

En el caso de ser mujerzuela 
hubiese sido Berta la cieguecita 
y no, ya me hastío en vigencia visionaria y cruda,

nauseabundo e impaciente.
El grito trivial me arde y el cielo arguye en mi frente,
el soberbio me confunde y la nación hace creerme
en su falacia.
¡Maldita vagina y pene encontrados!
Amo la unísona mujer que comparte y redime
las arenas de mis orificios, que recorre al cuerpo expuesto y refriega
mi melena. con ella sacio el complejo de edipo.

La vigilia, el insomnio y la primera impresión
del día
sirven para saber que aún estamos en pie
que aún estamos aptos para darle tregua a la muerte.
La existencia nos desgasta el alma,
la muerte la carne.
Vivimos a la espera de la salvación, sin saber
que lo único que nos diferencia de un gusano es creernos inmortales.

Beernabé De Vinsenci

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