ectura de alguna novela la pesadez que un personaje desdichado puede llevar al haber oído a su madre decir que ella quiso abortar de él.
El acto divino de creación es universalmente egoísta, no permite agentes de morales ni de normas, él se mueve haciendo su oficio y más de una vez impregna en cada alma una condición sin antes ser previamente elegida. Aun que al libre pensador Orbert lo han bastardeado por su afirmación, jamás dejó de anotar en su agenda de apuntes por qué lo ponía en duda la proclamación creadora de un fenómeno moralista.
Una cierta tarde de nostalgia, cuando las calles hacen arder los caminares, la orbe se encontró llena de existentes. Cada uno consigo mismo llevaba un vaso de leche, la consciencia. Está más que claro que las pequeñas hormigas irritaron la piel con sus pequeñas patitas dejando en ésta lo que se llamarían poros. Nadie supo, ni sabrá, que la creación de la creación de la creación fue creada por un mercenario, y nadie supone, ni quiere suponer tampoco, quien creó a éste. Pero lo cierto es que cada uno de nosotros es una especie de Dios, tiene esa capacidad innata de crear o inusualmente de ser estéril. “Nadie se precavió que el Dios que todos alaban no es tan omnipotente como creen, todo lo contrario, los omnipotentes somos nosotros, y más vale decir que se puede afirmar nuestra existencia y, antitéticamente, la del coronado no. Queridos hermanos del infierno me atrevo a decirles sin pulso de diferenciación que es el tiempo justo de desterrar todo el cuerpo desnudo en pudor, de bañarse en semen y desayunar clítoris. Mientras no se vaya en contra de la naturaleza, rompiendo sus ramas, empequeñeciéndolas, ellas nos dará la gran oportunidad de festines y libres albedríos, de masturbación y eyaculación unos a los otros, porque al fin y al cabo para ella todas nuestras manos son monótonas, los penes iguales, los senos y el deseo de placer.
No abramos los ojos cuando ya no se puedan abrir, el arrepentimiento puede encandilarnos”.
Bernabé De Vinsenci
El acto divino de creación es universalmente egoísta, no permite agentes de morales ni de normas, él se mueve haciendo su oficio y más de una vez impregna en cada alma una condición sin antes ser previamente elegida. Aun que al libre pensador Orbert lo han bastardeado por su afirmación, jamás dejó de anotar en su agenda de apuntes por qué lo ponía en duda la proclamación creadora de un fenómeno moralista.
Una cierta tarde de nostalgia, cuando las calles hacen arder los caminares, la orbe se encontró llena de existentes. Cada uno consigo mismo llevaba un vaso de leche, la consciencia. Está más que claro que las pequeñas hormigas irritaron la piel con sus pequeñas patitas dejando en ésta lo que se llamarían poros. Nadie supo, ni sabrá, que la creación de la creación de la creación fue creada por un mercenario, y nadie supone, ni quiere suponer tampoco, quien creó a éste. Pero lo cierto es que cada uno de nosotros es una especie de Dios, tiene esa capacidad innata de crear o inusualmente de ser estéril. “Nadie se precavió que el Dios que todos alaban no es tan omnipotente como creen, todo lo contrario, los omnipotentes somos nosotros, y más vale decir que se puede afirmar nuestra existencia y, antitéticamente, la del coronado no. Queridos hermanos del infierno me atrevo a decirles sin pulso de diferenciación que es el tiempo justo de desterrar todo el cuerpo desnudo en pudor, de bañarse en semen y desayunar clítoris. Mientras no se vaya en contra de la naturaleza, rompiendo sus ramas, empequeñeciéndolas, ellas nos dará la gran oportunidad de festines y libres albedríos, de masturbación y eyaculación unos a los otros, porque al fin y al cabo para ella todas nuestras manos son monótonas, los penes iguales, los senos y el deseo de placer.
No abramos los ojos cuando ya no se puedan abrir, el arrepentimiento puede encandilarnos”.
Bernabé De Vinsenci
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